LA BIBLIA - INTRODUCCIÓN

La Biblia no ha caído del cielo. Aquí están libros que no se proclamaron desde las nubes, con algún parlante celestial, sino que se reunieron pacientemente a lo largo de siglos en el seno del Pueblo de Dios, gracias a la fe de sus minorías más conscientes.

Durante unos 18 siglos, desde Abraham hasta Jesús, el pueblo de Israel descubrió, cada vez con mayor lucidez, que el Dios Único se había ligado a él. Las experiencias de la comunidad nacional, los llamados de esos hombres, llamados profetas, que hablaban de parte de Dios, las inquietudes que se desarrollaban entre los creyentes: todo esto pasó de una que otra manera a esos libros. Y fueron los responsables religiosos de Israel los que recibieron, escogieron y acreditaron estos libros, integrándolos al Libro Sagrado.

Así se formó el Antiguo Testamento de la Biblia.Testamento se refiere a que estos libros era como la herencia más preciosa entregada por Dios a su pueblo escogido.

Después de tantas experiencias, llegó para el pueblo de Israel un tiempo de crisis en que Dios quiso llevarlos de una vez a la madurez de la fe. Para eso vino Jesús. Con él se llevó a cabo la experiencia más trascendental de toda la historia. Jesús, sus esfuerzos para salvar al pueblo judío de una destrucción inminente, su rechazo, su muerte y, luego, su Resurrección: ésta fue la última palabra de Dios.

La trayectoria de Jesús originó la predicación de la Iglesia y los libros que en ella se escribieron. Aquellos libros que fueron aprobados por los responsables de la Iglesia pasaron a integrar el Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento comprende:

LOS CUATRO EVANGELIOS. La palabra Evangelio significa la Buena Nueva. Esos son los libros en que los apóstoles de Jesús escribieron lo que habían visto y aprendido de él.

Luego viene el libro de los HECHOS DE LOS APÓSTOLES, escrito por Lucas, el mismo que escribió el Tercer Evangelio.

Luego vienen más de veinte CARTAS que los apóstoles dirigieron a las primeras comunidades cristianas.

El Antiguo Testamento comprende:

Los LIBROS HISTÓRICOS. Aquí vemos la actuación de Dios para liberar a un pueblo que quier hacer que sea su pueblo. Lo vemos educar a ese pueblo y dar un sentido a su historia nacional. En estos libros se destacan:

El Génesis. El Exodo. El Deuteronomio. Los libros de Samuel.

LOS LIBROS PROFETICOS. Dios interviene en la historia por medio de sus profetas, encargados de transmitir su palabra.

LOS LIBROS DE SABIDURÍA destacan la importancia de la educación y del esfuerzo del individuo para llegar a ser un hombre responsable y un creyente.

Ediciones Paulinas - Verbo Divino

sábado, 14 de enero de 2012

8



Segunda campaña de Gedeón


8 1 La gente de Efraím dijo a Gedeón: ¿Por qué has hecho esto de no convocarnos cuando fuiste a combate contra Madián?" 2 Discutieron con él violentamente. El les respondió: "¿Qué he hecho yo en comparación con lo que han hecho ustedes? ¿No vale más un racimo de Efraím que la vendimia de Abiezer? 3 Yavé ha entregado a los jefes de Madián en sus manos, a Oreb y a Zeeb, ¿qué he podido hacer yo en comparación de lo que han hecho ustedes?" Con estas palabras que les dijo se calmaron sus ánimos.
4 Gedeoón llegó al Jordan  y lo pasó. Tanto él como los trescientos hombres que iban con él estaban agotados por el cansancio y hambrientos. 5 Dijo, pues, a la gente de Sucot: "Den, por favor, tortas de pan a la tropa que me sigue, porque está rendida de fatiga, y voy persiguiendo a Zebaj y a Salmuná, reyes de Madián.
6 Pero los jefes de Sucot respondieron: "¿Acaso has sujetado las manos de Zebaj y Salmuná? ¿Cómo, pues, daríamos pan a tu ejército?" 7 Gedeón les respondió: "Bien, cuando Yavé haya entregado en mis manos a Zebaj y a Salmuná, a ustedes les desgarraré sus carnes con espinas y cardos del desierto."
8 De allí subió a Penuel y les habló de igual manera. Pero la gente de Penuel le respondió como los de Sucot. 9 El respondió: "Cuando vuelva victorioso derribaré esta torre."
10 Zebaj y Salmuná estaban en Carcor con su ejército, unos quince mil hombres, todos los que habían quedado de los hijos de Oriente. ¡Los que habían muerto eran ciento veinte mil guerreros! 11 Gedeón subió por el camino de los nómadas, al este de Nobaj y de Yogbohá, y se dejó caer sobre el campamento cuando se creían ya seguros. Zebaj y Salmuná huyeron. 12 El los persiguió, los tomó prisioneros a los dos y dispersó a todo su ejército.
13 Después de la batalla, Gedeón, hijo de Joas, volvió por la pendiente de Jarás. 14 Habiendo detenido a un joven de la gente de Sucot, lo interrogó. El le dio por escrito los nombres de los jefes y ancianos de Sucot: setenta y siete hombres. 15 Gedeón se dirigió a la gente de Sucot y les dijo: "Aquí tienen a Zebaj y Salmuná, por quienes me hicieron burla diciendo: ¿Acaso has sujetado las manos de Zebaj y Salmuná para que demos pan a sus tropas hambrientas?"
16 Tomó entonces a los jefes de la ciudad y con espinas y cardos del desierto castigó a esa gente de Sucot. 17 Derribó la torre de Peruel y mató a los habitantes de la ciudad. 18 Luego dijo a Zebaj y Salmuná: "¿Cómo eran los hombres que ustedes mataron en el Tabor?" Ellos respondieron: "Se parecían a ti, tenían aspecto de hijos de reyes." 19 Respondió Gedeón: "Eran mis hermanos,  hijos de mi madre. Vive Yavé que si los hubieran dejado vivos no los mataría a ustedes."
20 Dijo a Jeter, su  hijo mayor: "¡Animo, mátalos!" Pero el muchacho no desenvainó la espada; no se atrevió porque era muy joven todavía; 21 Zebjay Salmuná dieron entonces: "Levántate tú y mátanos, porque según es el hombre en es su valentía." Gedeón se levantó y los mató a los dos, y tomó para él los adornos que sus camellos llevaban en el cuello

Esta fue la trampa en que cayó Gedeón

* 22 Los israelitas dijeron a Gedeón: "Ya que nos salvaste de los madianitas sé tú nuestro rey; y después de ti tu hijo y los descendientes de tu hijo."
23 Pero Gedeón respondión: "No seré yo ni mi hijo quien reine en Israel, sino que Yavé es nuestro rey." 24 Gedeón agregó: "Sólo quiero pedirles que me dé cada uno de ustedes un anillo de los del botín." Esto lo dijo Gedeón, porque los vencidos eran ismaelitas, cuyos anillos eran de oro.
25 Le contestaron: "Te lo damos con mucho gusto." Entonces Gedeón extendió su manto y cada israelita echó un anillo de su botín. 26 El peso de los anillos alcanzó a mil setecientas monedas de oro; sin contar los prendedores, los aros y los lujosos vestidos que usaban los reyes de Madián. Además, los collares de los camellos. 27 Con este dinero, Gedeón se  hizo un ídolo que puso en su ciudad de Ofrá, y de todas partes de Israel la gente empezó a ir a ese lugar, apartándose de Yavé. Esa fue la trampa en que cayó Gedeón y los suyos.
28 Por lo demás fueron humillados los madianitas de tal manera que hubo paz en Israel durante cuarenta años, mientras vivió Gedeón. 29 Este volvió a a Ofrá y se quedó en su casa. 30 Tuvo setenta hijos, pues tenía muchas esposas. 31 De una mujer de la ciudad de Siquem tuvo un hijo llamado Abimelec.
32 Murió Gedeón, hijo de Joas, después de una dichosa vejez, y fue enterrado en la tumba de su padre Joas, en Ofrá de Abiezer.
33 Después de la muerte de Gedeón, los israelitas volvieron a prostituirse tras de los Baales y tomaron por Dios a Baal-Berit. 34 Los israelitas no se acordaron más de Yavé, su Dios, que los había librado de la mano de todos los enemigos que los rodeaban. 35 tampoco fueron agradecidos con la familia de Jerubaal-Gedeón, por todo el bien que había hecho a Israel.

* Los israelitas necesitan formar una nación, lo que sería un gran progreso después de la anarquía de las tribus destruidas y desorganizadas. Sin embargo, los que redactaron el presente libro, en el último siglo de los reyes de Jerusalén, habían quedado tan defraudados por sus gobernantes, que soñaban con el tiempo pasado en que no había ni reyes ni administración. Pensaban que Israel, por ser el pueblo de Dios, no debía tener jefes permanentes como los demás pueblos.
Por eso el libro de los Jueces anota la negativa de Gedeón a ser rey: Yavé tiene que ser rey de ustedes. Desgraciadamente, Gedeón pide oro, en vez del poder, y con esto el héroe destruye todo lo que hizo por su pueblo.
Todo estos salvadores, Gedeón, Barac, Jefté, Sansón, son muy decepcionantes y, en esto, no difieren mucho de la mayoría de los que actualmente pretenden liberar a los oprimidos. ¿Qué lección, pues, sacaremos de estas experiencias amargas consignadas en el Libro Sagrado? ¿Que la actuación política no sirve y mejor nos refugiamos a lo "espiritual", dedicados a la oración y la catequesis, dejando que otros hablen de justicia, como Dios mismo?
Mejor veamos que estos líderes, tanto los  Jueces como los de nuestro tiempo, en la inmensa mayoría de los casos, no conocieron un hogar auténtico, ni recibieron una educación seria de parte de sus padres. Era en sus primeros años cuando debían ser formados y corregidos por un padre capaz de dar el ejemplo y una madre capaz de no consentirles ningún capricho. Porque nadie llega a ser persona madura, con una conciencia firme y una fidelidad habitual al deber, si no ha sido liberado desde niño por una Ley existente.
Esta es la razón por la cual, después de esos tiempos heroicos, vinieron otros en que Dios quiso educar las familias y las personas mediante las enseñanzas de los sabios y la práctica de la Ley.

9



Abimelec, hijo de Gedeón

9 1 Abimelec, hijo de Jerubaal, marchó a Siquem, donde los hermanos de su madre, y les dijo a ellos y a toda la familia paterna de su madre. 2 “Digan esto, por favor, a todos los señores de Siqauem: ¿Qué es mejor para ustedes, que los gobiernen setenta hombres, todos los hijos de Jerubaal, o que los mande un solo  hombre? Recuerden, además, que yo soy de la misma sangre que ustedes.”
3 Los hermanos de su madre transmitieron este mensaje a todos los señores de Siquem, quienes se inclinaron al lado de Abimelec, porque se decían: 4 “Es nuestro hermano”. Le dieron, pues, setenta monedas de plata del templo de Baal-Berit, con las que Abimelec contrató a hombres malvados y aventureros que marcharon con él. 5 Fue con ellos a casa de su padre, en Ofrá, mató de una vez a todos sus hermanos, hijos de Jerubaal, que eran setenta hombres. Sólo escapó Jotam, el hijo menor de Nerubaal, que pudo esconderse. 8 Luego se reunieron todos los señores de Siquem y todo el consejo. Fueron y proclamaron rey a Abimelec, junto a la encina de la estela que hay en Siquem.
+ Se lo anunciaron a Jotam, quien se colocó en la cumbre del monte Garizim. Allí alzó la voz y clamó: “Escúchenme, señores de Siquem, y que Dios los escuche.
8 Los árboles se pusieron en camino para buscar un rey a quienungir. Dijeron al olivo: “Sé tú nuestro rey.” 9 Les respondió el olivo: “¿Voy a renunciar al aceite con el que gracias a mí son honrados los dioses y los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?”
10 Los árboles dijeron a la higuera: “Ven tú a reinar sobre nosotros.” 11 Les respondió la higuera: “¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?”
12 Los árboles dijeron a la vid: “Ven tú a reinar sobre nosotros.” 13 Les respondió la vid: “¿Voy a renunciar a mi mosto, que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?”
14 Entonces los árboles dijeron a la zarza: “Ven tú a reinar sobre nosotros.” 15 La zarza respondió a los árboles: “Si con sinceridad vienen a ungirme a mí para reinar sobre ustedes, acérquense y cobíjense en mi sombra, y si así no fuera, brote de la zarza fuego que devore los cedros del Líbano:”
16 Y ahora, díganme, ¿han obrado con sinceridad y lealtad al elegir rey a Abimelec?, ¿se han portado bien con Jerubaal y su familia y lo han tratado según sus méritos?
17 Pues mi padre combatió por ustedes; arriesgando su vida, los libró de la mano de Madián, 18 y ustedes se han lanzado hoy contra la familia de mi padre. Ustedes han matado de una vez a todos sus hijos, setenta hombres, y  han puesto por rey sobre los señores de Siquem a Abimelec, el hijo de su esclava, por ser el hermano de ustedes. 19 Si, pues,  han obrado con sinceridad y lealtad con Jerubaal y con su familia en el día de hoy, que del mismo modo Abimelec sea alegría para ustedes y ustedes para él. 20 De lo contrario, que salga fuego de Abimelec y devore a los señores de Siquem y a su consejo; y que salga fuego de los señores de Siquem y de su consejo y devore a Abimelec.”
21 Jotam huyó, se puso a salvo y fue a Beer, donde se estableció lejos de su hermano Abimelec.
22 Abimelec gobernó tres años en Israel. 23 Pero Yavé envió un espíritu de discordia entre Abimelec y los señores de Siquem; y los señores de Siquem traicionaron a Abimelec. 24 Así debía ser castigado el crimen cometido contra los setenta hijos de Nerubaal, para que su sangre cayera sobre su hermano Abimelec, que los había asesinado, y también sobre los señores de Siquem, que lo habían ayudado a asesinar a sus hermanos.
25 Por hacerle daño, los señores de Siquem prepararon emboscadas en las cimas de los montes y saqueaban a todo el que pasaba cerca del camino, Abimelec fue avisado. 26 Entonces llegó Gaal, hijo de Obed, acompañado de sus hermanos, el cual se ganó la confianza de los señores de Siquem. 27 Un día salieron éstos al campo a vendimiar sus viñas, pisaronlas uvas, hicieron fiestas y entraron en el templo de su dios, donde comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec. 28 Entonces Gaal, hijo de Obed, exclamó: “¿Quién es Abimelec y qué es Siqem para que los sirvamos? Tanto el hijo de Jerubaal como su lugarteniente Zebul servían a Hamor, padre de Siquem: ¿Por qué les serviríamos nosotros?
29 "Quién pusiera este pueblo en mis manos” Yo echaría a Abimelec y le diría: Refuerza tu ejército y sal a la lucha.”
30 Zebul, gobernador de la ciudad, se enteró de la propuesta de Gaal,  hijo de Obed, y se enojó. 31 Envió mensajeros donde Abimelec en secreto para decirle: “Mira que Gaal, hijo de Obed, ha llegado con sus hermanos a Siquem y está sublevando a la ciudad contra ti. 32 Por tanto, levántate tú la gente que tienes contigo y tiende una emboscada en el campo, 33 por la mañana temprano, cuando salga el sol, te levantas y te lanzas contra la ciudad. Y cuando salga Gaal a tu encuentro con su gente,  harás con él lo que quieras.”
34 Abimelec se levantó de noche con todas las tropas de que disponía y se emboscaron frente a Siquem, respartidos en cuatro grupos. 35 Cuando Gaal, hijo de Obed, salió y se detuvo a la entrada de la ciudad, Abimelec y la tropa que le acompañaba salieronde su emboscada.
36 Gaal vio la tropa y dijo a Zebul: “Mira la ente que baja de las cumbres de los montes.” Pero Zebul re respondió: “Es la sombra de los montes lo que ves y te parecen hombres.” 37 Gaal volvió a decir: “Miren la  gente que baja del lado del Ombligo de la Tierra y otra partida llega de la Encina de los Adivinos.” 38 Zebul dijo entonces: “¿Cómo decías: ¿Quién es Abimelec para que le sirvamos? Estos hombres que tú ves, ¿no son los que despreciaste? Vamos a ver si ssabes pelear.”
39 Gaal salió al frente de la gente de Siquem y presentó batalla a Abimelec. 40 Este persiguió a Gaal, que tuvo que huir, y muchos cayeron muertos antes de llegar a la puerta. 41 Abimelec volvió a Aruma; pero Zerbul expulsó a Gaal y a sus hermanos y no los dejó habitar en Siquem.

Destrucción de Siquem

42 Al día siguiente el pueblo salió al campo. 42 Le avisaron a Abimelec, que tomó su tropa, la repartió en tres grupos y tendió una emboscada en el campo. Cuando vio que la gente salía de la ciudad, cayó sobre ellos y los derrotó. 44 Abimelec yel grupo que estaba con él atacó y tompo posición a la entrada de la puerta de la ciudad mientras los otros entraban en el campo. 45 todo aquel día estuvo Abimelec atacando la ciudad. Al tomarla, mató a todos sus habitantes, arrasó la ciudad y esparció sal sobre ella.
46 Al saberlo los habitantes de la torre de Siquem, se metieron en el subterráneo del templo de El-Berit. 47 Se comunicó a Abimelec que todos los habitantes de la torre de Siquem estaban juntos; 48 entonces Abimelec subió al monte Salmón con toda su tropa y tomando un hacha en sus manos cortó una rama de árbol, la alzó echándosela al hombro y dijo a la tropa que lo acompañaba: 49 “Lo que han visto que yo he hecho, háganlo ustedes también.” Y todos sus hombres cortaron cada uno su rama; luego siguieron a Abhimelec, pusieron las ramas sobre el subterráneo  y lo quemaron encima de ellos. Así murieron todos los habitantes de la torre de Siquem, unos mil hombres y mujeres.

Muerte de Abimelec

50 Marchó Abimelec contra Tenes, la asedió y la tomó. 51 Había en medio de la ciudad una torre fuerte, y en ella se refugiaban todos los hombres  y mujeres, todos los habitantes de la ciudad. Cerraron por dentro y subieron a la terraza de la torre. 52 Abimelec llegó a la puerta de la torre con la intención de prenderle fuego. 53 Pero una mujer le arrojó una piedra de molino a la cabeza y le partió el cráneo. 54 El llamó en seguida al muchacho que llevaba sus armas yle dijo:”Desenvaina tu espada ymátame, para que no digan de mí. Lo ha matado una mujer.” Su escudero lo atravesó y murió. 55 Cuando la gente de Israel vio que Abimelec había muerto, se volvió cada uno a  su lugar.
56 Así, devolvió Dios a Abimelec el mal que  había hecho a su padre, matando a sus setenta hermanos. 57 También hizo recaer sobre la cabeza de la gente de Siquem toda su maldad. De esta manera se cumplió en ellos la maldición de Jotam,  hijo de Jerubaal.

+ En 9,8-15 se insertó y se puso en boca de Jotam una fábula antigua en que se criticaba violentamente el poder de los reyes. La moraleja es potente: los más inútiles son los que aceptan reinar. Y la historia de Abimelec confirma este punto de vista.

miércoles, 11 de enero de 2012

10


Tolá, Jair y Jefté

* 10 1 Después de Abimelec, Tolá, hijo de Puá, hijo de Dodó, se presentó para salvar a Israel. Era de la tribu de Isacar y habitaba en Samir, en los cerro sde efraím, 2 Hizo  de jefe en Israel durante veintitrés años y al morir fue sepultado en Samir.
3 Tras él surgió Jair, de Galaad, que hizo de jefe en Israel por veintidós años. 4 Tenía treinta hijos que montaban treinta burros, y treina cuidades, que se llaman todavía hoy l as aldeas de Jair, en el país de Galaad. 5 Al morir fue sepultado en Camón.
6 Los israelitas volvieron a portarse mal con Yavé: sirvieron a los Baales y a las Astartés, a los dioses de Aram y de Sidón, a los dioses de Moab, a los de los amonitas y de los filisteos. Abandonaron Yavé y ya no lo servían. 7 Entonces estalló el enojo de Yavé contra Israel y los entregó en manos de los filisteos y de los amonitas.
8 Estos molestaron y oprimieron a los israelitas desde aquel año durante dieciocho años, a todos los israelitas que vivían al otro lado del Jordán, en el país amorreo de Galaad. 9 Incluso los amonitas pasaron el Jordán para atacar también a Judá, a Benjamín y a la gente de Efraím: Israel pasó por un grave aprieto.
10 En esos años los israelitas llamaron a Yavé, diciendo: "Hemos pecado contra ti porque hemos abandonado a Yavé, nuestro Dios, para servir a los  Baales." 11 Yavé dijo a los israelitas: "Cuando los egipcios, los amorreos, los amonitas, los filisteos, 12 los sidonios, Amalec y Madián los oprimían y ustedes clamaron a mí, ¿no los salvé de sus manos? 13 A pesar de esto me  han abandonado y han servido a otros dioses. Por eso no los salvaré otra vez. 14 Vayan y griten a los dioses que ustedes  han elegido: a ver si los salvarán en el tiempo que les va mal."
15 Los israelitas respondieron a Yavé: "Hemos pecado, haz con  nosotros lo que quieras, pero sálvanos hoy." 16 Retiraron a los dioses extranjeros y sirvieron a Yavé, el que ya no pudo soportar el sufrimiento de Israel.
17 Los amonitas se concentraron y vinieron a acampar en Galaad. También los israelitas se reunieron y acamparon en Mizpá. 18 Allí el pueblo y los dirigentes de Galaad se preguntaron: "¿Quién se pondrá al frente de todos nosotros para pelear contra los amonitas? A ése lo haremos jefe de todos los habitantes de Galaad."

* Cada tribu tenía sus propios problemas. En varios lugares se levantaron salvadores que, después de una victoria, fueron honrados como "Jueces" por el resto de su vida: Gedeón, era de Manasés, Tolá, de Isacar; Jair, del país de Galaad.
De 10,6 a 12,7 se relata la historia de Jefé. La introducción, 10,6-1, destaca el significado de estos acontecimientos.
Se notará el amor incansable de Yavé que siempre perdona. Los pecados se van acumulando, por eso no los volveré a salvar y, sin embargo, una vez más, Dios no pudo soportar ya el sufrimiento de Israel. Si nos quejamos del silencio de Dios frente a la actual injusticia y opresión, es porque no sabemos ver el pecado y la irresponsabilidad de los oprimidos.

11


* 11 1 Jefté el galaadita era un valiente guerrero. era hijo de una prostituya y Galaad era su padre. 2 Pero, después, la mujer de Galaad le dio  hijos y, al crecer éstos, echaron a Jefté diciéndole: "Tú no tendrás parte ni  herencia en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer." 3 Jefté tuvo que huir de sus hermanos y se fue a la región de Tob; allí se le juntó una banda de aventureros que hacían sus correrías con él. 4 Y llegó el momento en que los amonitas declararon la guerra a Israel. 5 Los dirigentes de Galaad, pues, fueron a buscar a Jefté al país de Tob 6 y le dijeron: "Ven y encabeza a nuestros hombres para pelear con los amonitas."
7 Jefté respondió a los dirigentes de Galaad: "¿No son ustedes los que por odio me echaron de la casa de mi padre? ¿Por que acuden a mí ahora que están en aprieto?" 8 Los dirigentes le contestaron: "Por esta razón precisamente venimos a buscarte y queremos hacerte nuestro jefe y el de todo Galaad, con tal de que pelees con los amonitas." 9 Jefté respondió a los dirigentes de Galaad: "Son ustedes quienes me piden volver para combatir a los amonitas. Pues bien, si Yavé me da la victoria, yo seré el jefe de todos ustedes." 10 Y ellos le dijeron: "¡Yavé nos escuche! ¡Pobres de nosotros si no hacemos lo que acabas de decir!"
11 Volvió, pues, Jefté con los dirigentes de Galaad y el pueblo lo hizo su jefe y su general; Jefté repitió todas sus condiciones en Mizpá, delante de Yavé.

12 Jefté mandó mensajeros al rey de  los amonitas para que le dijeran: "¿Qué tenemos que ver tú  y yo para que vengas a atacarme en mi propio país?" 13 El rey les respondió a los mensajeros: "Es porque Israel, cuando subía de Egipto, se apoderó de mi país desde el Amón hasta el Yaboc y el Jordán. Así que ahora devuélvemelo por las buenas."
14 Jefté mandó de nuevo mensajeros al rey de los amonitas y le dijo: 15 "Así habla Jefté: Israel no se ha apoderado ni del país de Moab ni del de los amonitas. 16 Cuando subió de Egipto, Israel caminó por el desierto hasta el mar de las cañas y llegó a Cadés. 17 Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom para decirle: Déjame, por favor, pasar por tu país; pero el rey de Edom no los atendió. Lo envió también al rey de Moab, quien tampoco los dejó pasar, e Israel se quedó en Cadés; 18 luego, avanzando por el desierto, rodeó el país de Edom y el de Moab y llegó al oriente del país de Moab. Acampó al otro lado del Amón, pues el Amón era el límite de Moab. 19 Israel mandó  entonces mensajeros a Sijón, rey de los a morreos, que reinaba en Jebón, y le dijo: Déjame, por favor, pasar por tu país hasta llegar a mi destino. 20 Pero Sijón, desconfiando de Israel, no lo dejó pasar, reunió a toda su gente, acampó en Yahsá, y atacó a Israel. 21 Yavé, Dios de Israel, puso a Sijón y a todo su pueblo en manos de Israel, que los derrotó y conquistó todo el país de los amorreos que habitaban allí 22 Así conquistaron todo el territorio de los amorreos, desde el Amón hasta el Yaboc y desde el desierto  hasta el Jordán.
23 De modo que es Yavé, Dios de Israel, quien ha desalojado a los amorreos en favor de su pueblo Israel, ¿y tú nos vas a desalojar? 24 ¿No tienes ya todo lo que tu Dios Camos te ha dado? Igualmente nosotros tenemos todo lo que Yavé, nuestro Dios, nos ha dado en posesión. 25 ¿Vas a ser tú más que Balac,  hijo de Sippor, rey de Moab? ¿Tuvo la fuerza suficiente para atacar a Israel? 25 Ya que Israel está establecido en Jesbón y en las ciudades que dependen de ella, en Yazer y en las suyas, y en todas las ciudades que están a ambos lados del Jordán desde trescientos años, ¿ por qué no las has recuperado desde entonces? 27 Yo no te he ofendido, eres tú quien se porta mal conmigo, al atacarme. Yavé, el juez, juzgue hoy entre los  hijos de Israel y los hijos de Amón."
28 Pero el rey de los amonitas no hizo caso del mensaje de Jefté.


Jefté y su hija


+ El espíritu de Yavé fue sobre Jefté. Recorrió Galaad y Mansés, pasó por Mizpá de Galaad y luego entró al territorio de los amonitas.
30 Jefté hizo el siguiente voto a Yav: 31 "Si me das la victoria, te sacrificaré el primero de los míos que salga de mi casa a mi encuentro cuando vuelva del combate. Este será para Yavé y te lo sacrificaré por el fuego."
32 Jefté pasó al territorio de los amonitas para pelear contra ellos y Yavé le dio la victoria. 33 Los persiguió desde la ciudad de Aroer hasta la entrada de Menit y Abel Queramim, tomando veinte pueblos: con esto les asestó un gran golpe.
34 Cuando Jefté volvió a su casa en Mizpá, su hija le salió al encuentro; tan contenta estaba de ver a su padre, que bailaba, acompañándose de su pandereta. Era la única; fuera de ella no había hijas o hijos.
35 Al verla, Jefté rasgó sus ropas y gritó: "Hija mía, me has destrozado; tú has salido para desgracia mía. Pues hice a Yavé un voto insensato y ahora no puedo volverme atrás." 36 Ella le respondió: "Padre, aunque hayas hecho un voto insensato, tú debes hacer conmigo según te has comprometido, pues Yavé te dio la victoria." 37 Luego dijo a su padre: "Te ruego me des un plazo de dos meses para vivir con mis compañeras en los cerros. Allí lamentaré mi adolescencia perdida." 38 Jefté le dijo: "Vete, pues." Y la despidió por dos meses. Ella se fue a los cerros con sus compañeras para llorar su adolescencia perdida.
39 Al cabo de dos meses volvió donde su padre y él cumplió el voto que había hecho. La joven no había conocido varón. 40 De aquí viene la costumbre que hay en Israel de que todos los años las hijas de Israel vayan a lamentarse cuatro días por la hija de Jefté el galaadita.


* La Biblia narra sin ningún comentario el voto de Jefté. Ve en ello el error lamentable de un héroe.


+ Jefté es uno de los salvadores más discutibles de la Biblia. Está motivado por el rencor contra sus hermanos que lo despreciaron. Su guerra contra la tribu de Efraím, no es gloriosa para el pueblo de Israel. por fin, su voto de sacrificar a alguien de su familia corresponde ala costumbre de los cananeos paganos, que tan fácilmente sacrificaban a sus hijos.


Sin embargo, el Espíritu de Yavé, fue sobre Jefté. El Espíritu significaba en ese tiempo la fuerza sobrehumana de Yavé que empuja al hombre para cumplir hazañas. El Espíritu de Yavé no actúa solamente dentro de las ceremonias religiosas ni por los hombres religiosos, profetas o sacerdotes. Actúa  "renovando la faz de la tierra" (Salmo 104) por medio de hombres que a menudo no son ni creyentes ni intachables, pero sí tienen bastante lucidez y valentía para emprender las liberaciones que necesita su tiempo. A veces se compara  indebidamente a los libertadores de nuestros tiempos con los santos, a pesar de que no siempre viven en la fe, ni reconocen a Cristo. Sería más atinado compararlos con los "jueces", que a pesar de sus limitaciones sirvieron a los planes de Dios "movidos por el espíritu de Yavé".


12



12 1 Los hombres de Efraím se juntaron, pasaron el Jordán en dirección al norte y dijeron a Jefté: "¿Por qué has ido a atacar a los amonitas y no nos has invitado a marchar contigo? Vamos a quemarte dentro de tu casa". 2 Jefté les respondió: "Teníamos un gran conflicto mi pueblo y yo con los amonitas, les pedí ayuda a ustedes y no me salvaron de sus manos. 3 Cuando vi que nadie venía a ayudarme, arriesgué la vida, marché contra los amonitas, y Yavé los entregó en mis manos, ¿por qué, pues, han subido hoy contra mí para hacerme la guerra?"
4 Entonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y atacó a Efraín; los de Galaad derrotaron a los de Efraím, que decían: "Ustedes los galaaditas son fugitivos de Efraím que pasaron de Efraím a Manasés." 5 Galaad se apoderó de los vados del Jordán cortándoles el camino y cuando un fugitivo de Efraím decía: "Déjenme pasar", los hombres de Galaad le preguntaban: "¿Eres eframita?", y si respondía: "No", le añadían: "Pues di Chibbolet."
6 Pero él decía "Sibbolet", porque no podía pronunciarlo bien. Entonces le echaban mano y lo degollaban junto a los vados del Jordán. Perecieron en aquella ocasión cuarenta y dos mil hombres de Efraím.
7 Seis años Jefté mandó en Israel; luego Jefté el Galaadita murió y fue sepultado en su ciudad, Mizpá de Galaad.
8 Después de él mandó en Israel Ibsán de Belén, que tenía treinta hijos y treinta hijas. 9 A éstas las casó fuera y de fuera trajo treinta mujeres para sus hijos. Mandó en Israel siete años. 10 Y murió Ibsán y fue sepultado en Belén.
11 Después de él fue juez en Israel Elón de Zabulón; mandó en Israel diez años. Y murió Elón de Zabulón y fue sepultado en Elón, en tierra de Zabulón.
13 Después de él mandó en Israel Abdón, hijo de Hil-lel, de Piraton. 14 tenía cuarenta hijos y treinta nietos, que montaban setenta burros. 15 Mandó en Israel ocho años y murió Abdón, hijo de Hil-lel, de Piraton, y fue sepultado en Piraton, en los cerros de Efraím, en la montaña del amalecita.

martes, 10 de enero de 2012

13


El nacimiento de Sansón

+ 13 1 los israelitas volvieron a portarse mal con Yavé y él los entregó en manos de los filisteos durante cuarenta años.
2 En la tribu de Dan había un hombre llamado Manoaj, que vivía en Sorá y cuya esposa no había podido tener hijos. 3 El Angel de Yavé se presentó a esta mujer y le dijo: "Tú no has podido tener hijos y no has dado a luz, pero mira que vas a quedar embarazada y darás a luz un hijo. 4 Por eso, dese ahora, ten cuidado de no tomar vino ni bebidas alcohólicas, ni consumir alimentos impuros. 5 Pues el hijo que darás a luz será un nazireo de Yavé desde el seno de su madre y nunca se le cortará el pelo, por ser consagrado a Yavé. El salvará a los israelitas de los filisteos que los oprimen."
6 Fue la mujer y dijo a su marido: "Me habló un enviado de Dios que tenía la majestad de un Angel. No le pregunté de dónde era ni él me dijo su nombre."

7 Pero me ha dicho: "Vas aquedar embarazada y darás a luz un hijo. En adelante no bebas ni vino ni bebida fermentada, y no comas nada impuro, porque tu hijo  será nazireo de Dios desde el seno de su madre hasta el día de su muerte."
8 Manoaj invocó a Yavé y dijo: "Te ruego, Señor, que el hombre de Dios que has enviado venga otra donde nosotros y nos enseñe lo que hemos de hacer con el niño que va a nacer." 9 Yavé escuchó a Manoaj y el Angel de Yavé vino donde la mujer cuando estaba sentada en el campo, también esta vez Manoaj, su marido, no estaba con ella.
10 La mujer corrió en seguida a informar a su marido y le dijo: "Mira, se me ha aparecido el hombre que vino donde mí el otro día." 11 Manoaj se levantó y, siguiendo a su esposa, llegó donde el hombre y le dijo: "¿Eres tú el que has hablado con esta mujer?" 12 El respondió: "Yo soy". Le dijo Manoaj: "Cuando tu palabra se cumpla, ¿qué norma y qué conducta ha de seguir el niño?"
13 El Angel de Yavé respondió a Manoaj: "Deberá abstenerse de todo lo que indique a esta mujer. 14 No probará nada de lo que procede de la uva, no beberá vino ni bebida fermentada, no comerá nada impuro y observará todo lo que yo le he mandado."
15 Manoaj dijo entonces al Angel de Yavé: 16 "Permítenos retenerte y prepararte un cabrito." Porque Manoaj no sabía que era el Angel de Yavé.- Pero él dijo a Manoaj: "Aunque me obligues a quedarme, no probaré tu comida. Pero, si quieres sacrificar alguna víctima por el fuego, ofrécesela a Yavé." 17 "¿Cuál es tu nombre, para que, cuando se cumpla tu palabra, te podamos honrar?" 18 El Angel de Yavé le respondió: "¿Por qué me preguntas el nombre? Es Admirable." 19 Entonces Manoaj tomó el cabrito y la oblación y lo ofreció en holocausto, sobre la roca, a Yavé, el que obra cosas misteriosas.
20 Y sucedió esto a la vista de Manoaj y su esposa: cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el Angel de Yavé subió en la llama. Al verlo, M Manoaj y su mujer cayeron rostro en tierra. 21 AL desaparecer el Angel de Yavé a la vista de Manoaj y de su esposa, éste se dio cuenta de que era el Angel de Yavé. 22 Y dijo a su esposa: "Seguro que vamos a morir porque hemos visto a Dios." Ella le respondió: 23 "Si Yaé hubiera querido matarnos, no habría aceptado de nuestra mano el holocausto ni la ofrenda; nonos habría mostrado todas estas cosas ni dicho lo que acabamos de oír."
24 La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. 256 El niño creció y Yavé lo bendijo. Luego el espíritu de Yvé comenzó a excitarlo en Mahane Dan, entre Sorá y Estaol.

+ Vienen a continuación cuatro episodios de las "historias" de Sansón. A lo mejor era un campesino de fuerza poco ordinaria que peleaba por su cuenta contra los filisteos. La leyenda le atribuyó numerosas hazañas.
Se el atribuye a Sansón un nacimiento milagroso. Nace de una pareja estéril, según una costumbre de Dios que ya encontramos con el hijo de Abraham (Gén 18) y que se presentará también para Samuel (1 Sam 1) y, más tarde, para Juan Bautista (Lucas 1,5).
El niño tiene que ser nazireo, esto es, consagrado a Dios, según un rito muy antiguo en la Biblia (Núm 6,1). Esta consagración a Dios será la fuente de su fuerza.

14


Historias de Sansón

14 1 Sansón bajó a Timná y se fijó en una mujer filistea. 2 Subió a decírselo a su padre y a su madre: "He visto en Timná una mujer filistea; tómenla para mí para que sea mi esposa." 3 Su padre y su madre le dijeron: "¿No hay ninguna mujer entre las hijas de tus hermanos y en todo el pueblo, para que vayas a tomar mujer entre esos filisteos incircuncisos?"
Sansón le respondió a su padre: "Toma ésta para mí, porque es la que me gusta." 4 ellos no sabían que esto venía de Yavé, que buscaba un pretexto contra los filisteos, pues por aquel tiempo los filisteos dominaban a Israel.
5 Sansón, pues, bajó a Timná y, al llegar a alas viñas de Timná, vio un cachorro de león que se le acercaba rugiendo. 6 El espíritu de Yavé tomó a Sansón y, sin tener nada en la mano, despedazó al león como lo hubiera hecho con un cabrito. Pero nada de esto le  contó ni a su padre ni a su madre. 7 Bajó y habló con la mujer, la cual por fin le gustó.  8 Algún tiempo después, volvió para tomarla y dio un rodeo para ver el cadáver del león; se encontrón con que en el cadáver del león había un enjambre de abejas con miel. 9 Sansón recogió miel en sus manos y se la comió mientras caminaba.
Al llegar donde sus padres, les dio miel y comieron de ella, pero no les dijo que la había sacado del cadáver del león. 10 Después, el padre de Sansón bajó donde la mujer y Sansón ofreció un banquete, pues así suelen hacerlo los jóvenes. 11 Cuando se presentó, los filisteos designaron a treinta de ellos para que fuesen sus compañeros de boda.
12 Sansón les dijo: "Les voy a proponer una adivinanza. Si me dan la solución dentro de los siete días de la fiesta y aciertan, yo  daré treinta túnicas y treinta mudas. 13 Si no pueden darme la solución, ustedes me darán treinta túnicas y treinta mudas." Ellos respondieron: "Di no más tu adivinanza, te escuchamos."
14 Les dijo: "Del que come salió la comida, y del fuerte salió la dulzura." Después de tres día no habían acertado la adivinanza. 15 El día cuarto dijeron a la esposa de Sansón: "Convence a tu marido para que nos explique la adivinanza. Si no te quemaremos a ti y ala familia de tu padre, ¿o es que nos han invitado para robarnos?"
16 La mujer de Sansón se puso a llorar echándose encima de él y le dijo: "No me quieres, ni me amas, has propuesto una adivinanza a los jóvenes de mi pueblo, y a mí no me las has explicado." El le respondió: "No se la he explicado a mis padres ¿y te la explicaré a ti? 17 Ella estuvo llorando detrás de él los siete días que duró la fiesta. Por fin, el séptimo día se la explicó porque lo tenía cansado. Ella lo contó a sus paisanos.
18 El séptimo día, antes de que entrara al departamento de los esposos, la gente de la ciudad dijo a Sansón: "¿Qué hay más dulce que la miel y qué mas fuerte que el león?" El les respondió: "Si no hubieran orado con mi novilla, no habrían acertado mi adivinanza."
19 Luego el espíritu de Yavé lo tomó: bajó a Ascalón y mató allí a treinta hombres. Tomó sus despojos y entregó las mudas a los que habían acertado la adivinanza; luego, muy enojado, subió a la casa de su padre. 20 En eso dieron la mujer de Sansón a uno de sus compañeros de boda.