LA BIBLIA - INTRODUCCIÓN

La Biblia no ha caído del cielo. Aquí están libros que no se proclamaron desde las nubes, con algún parlante celestial, sino que se reunieron pacientemente a lo largo de siglos en el seno del Pueblo de Dios, gracias a la fe de sus minorías más conscientes.

Durante unos 18 siglos, desde Abraham hasta Jesús, el pueblo de Israel descubrió, cada vez con mayor lucidez, que el Dios Único se había ligado a él. Las experiencias de la comunidad nacional, los llamados de esos hombres, llamados profetas, que hablaban de parte de Dios, las inquietudes que se desarrollaban entre los creyentes: todo esto pasó de una que otra manera a esos libros. Y fueron los responsables religiosos de Israel los que recibieron, escogieron y acreditaron estos libros, integrándolos al Libro Sagrado.

Así se formó el Antiguo Testamento de la Biblia.Testamento se refiere a que estos libros era como la herencia más preciosa entregada por Dios a su pueblo escogido.

Después de tantas experiencias, llegó para el pueblo de Israel un tiempo de crisis en que Dios quiso llevarlos de una vez a la madurez de la fe. Para eso vino Jesús. Con él se llevó a cabo la experiencia más trascendental de toda la historia. Jesús, sus esfuerzos para salvar al pueblo judío de una destrucción inminente, su rechazo, su muerte y, luego, su Resurrección: ésta fue la última palabra de Dios.

La trayectoria de Jesús originó la predicación de la Iglesia y los libros que en ella se escribieron. Aquellos libros que fueron aprobados por los responsables de la Iglesia pasaron a integrar el Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento comprende:

LOS CUATRO EVANGELIOS. La palabra Evangelio significa la Buena Nueva. Esos son los libros en que los apóstoles de Jesús escribieron lo que habían visto y aprendido de él.

Luego viene el libro de los HECHOS DE LOS APÓSTOLES, escrito por Lucas, el mismo que escribió el Tercer Evangelio.

Luego vienen más de veinte CARTAS que los apóstoles dirigieron a las primeras comunidades cristianas.

El Antiguo Testamento comprende:

Los LIBROS HISTÓRICOS. Aquí vemos la actuación de Dios para liberar a un pueblo que quier hacer que sea su pueblo. Lo vemos educar a ese pueblo y dar un sentido a su historia nacional. En estos libros se destacan:

El Génesis. El Exodo. El Deuteronomio. Los libros de Samuel.

LOS LIBROS PROFETICOS. Dios interviene en la historia por medio de sus profetas, encargados de transmitir su palabra.

LOS LIBROS DE SABIDURÍA destacan la importancia de la educación y del esfuerzo del individuo para llegar a ser un hombre responsable y un creyente.

Ediciones Paulinas - Verbo Divino

jueves, 31 de marzo de 2011

EL LIBRO DE EZEQUIEL


Muy posiblemente el joven sacerdote Ezequiel fue llevado a Caldea entre los diez mil desterrados del primer sitio de Jerusalén, en el año 598 (ver 2 Reyes 24,14). Allí fue llamado por Dios como nos lo cuenta (cap. 1 y 2)
La primera parte de su libro (cap. 1-24) reúne sus discursos, que anunciaron la destrucción total de su patria.
Después de las profecías contra las naciones extranjeras (cap. 25-32), viene la tercera parte del libro, las promesas a los desterrados. Porque Dios no quiere que muera su pubelo. Se sabe de razas que desaparecen y de emigrantes que olvidan su patria porque encontraron trabajo en otro país. Así debió morir el pueblo judío después de la crisis en que Jerusalén fue desolada. Cuando estuvieron en Babilonia, desterrados en una nación más próspera, los ancianos vivieron echando de menos a su tierra, mientras los jóvenes, pensaron aprovechar su nueva situación. Ezequiel, entonces, con sus enseñanzas exigentes formó la conciencia de los que algún día volverían a Judea para construir el nuevo reino de Dios (cap. 33-39)


1

1 1 El año treinta, el día quinto del cuarto mes, encontrándome entre los desterrados, a orillas del río Kebar, se abrieron los cielos y contemplé visiones divinas.

2 El día quinto, el año quinto de la deportación del rey Joaquin, en el país de los caldeos, 3 la palabra de Yavé fue dirigida al sacerdote Ezequiel , hijo de Buzi. Entonces Yavé puso sobre mí su mano.


Ezequiel ve la gloria de Yavé

4 Yo miré; del norte soplaba un viento huracanado, y trajo una grannube. En esta nube un fuego ardiente iluminaba su alrededor, y, en medio del fuego, algo resplandecía. 5 En el centro aparecía la figura de cuatro seres con forma humana, 6 pero cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. 7 Las piernas eran rectas y los pies, semejantes a los del buey, y relucientes como bronce pulido. 8 Por los cuatro lados, de debajo de las alas, salían manos humanas. 9 Las alas de uno ses juntaban a las del otro. Al andar no se volvían sino que caminaban de frente. 10 Vistos de frente, los cuatro seres tenían aspecto humano, pero la cara derecha de su cuerpo era cara de león, y su cara izquierda, cara de toro. Los cuatro tenían también cara de águila. 11 Cada uno tenía dos alas que se tocaban entre sí, y otras dos que le cubrían el cuerpo. 12 Cada cual marchaba de frente; donde el Espíritu los hacía ir, allí iban sin volver la espalda.
13 En medio de estos cuatro seres, se veían como brasas ardientes, como antorchas que se agitaban de acá para allá. El fuego resplandecía y echaba fulgores. 14 Los cuatro seres iban y venían lo mismo que el relámpago.
15 Al mirarlos me fijé que, en el suelo, había una rueda al lado de cada uno. 16 Las cuatro tenían el brillo del crisólito y eran de la misma forma: en realidad, no eran ruedas sino que cada una de ellas me parecía ser dos ruedas entrecruzadas. 17 Con esto, podían desplazarse hacia los cuatro puntos cardinales sin cambiar su orientación. 18 tenían una circunferencia muy alta, y su aspecto era atemorizante, pues tenían ojos por todo su contorno.
19 Cuando los seres se movían, o cuando se elevaban de la tierra, las ruedas hacían lomismo. 20 Los seres iban a cualquier parte donde el Espíritu tenía que ir, y las ruedas los acompañaban, pues el mismo Espíritu estaba en los seres y en las ruedas. 21 Por eso, las ruedas andaban, se paraban o se levantaban de la tierra, igual que los seres.
22 Encima de la cabeza de los cuatro seres, había una bóveda, con la transparencia de un cristal resplandeciente, la cual descansaba sobre ellos. 23 Los seres sostenía la bóveda con dos de sus alas paradas, una junta a la otra, mientras que se cubrían el cuerpo con las otras dos. 24 Cuando se movían, sus alas producían un ruido semejante al d eunrío caudaloso, o a la voz del Todopoderoso, o también al estruendo de un ejército. Al detenerse, replegaban sus alas.
25 Un ruido se oía desde la bóveda que estaba por encima de ellos. 26 Y sobre ésta, se veía como una piedra de zafiro, en forma de trono, y erguida sobre él, una figura semejante a un hombre. 27 Un fulgor como de bronce brillante que parecía fuego lo rodeaba todo en derredor. De lo que podía ser su cintura salía hacia arriba y hacia abajo como un fuego refulgente; 28 semejante al arco iris que aparece en las nubes en día de lluvia, tal era el fulgor que despedía.
Esta visión era la imagen de la Gloria de Yavé. Al verla caí en rostro en tierra, y oí una voz que me hablaba.

2

Ezequiel recibe su misión

2 1 La voz me dijo: “Hijo de hombre, levántate, que voy a hablarte.” 2 Al decirme esto, un espíritu entró en mí, me hizo tenerme en pie, y pude escuchar al que me hablaba.
3 Me dijo: “Hijo de hombre, te envío a los hijos de Israel, a un pueblo de rebeldes, rebelados contra mí. Ellos y sus padres han pecado contra mí hasta este mismo día. 4 Hombres de cabeza y corazón endurecido son aquellos a los que te envío. Les dirás: Así habla el Señor Yavé.
5 Puede ser que no te escuchen pues son una raza de rebeldes, pero, en todo caso, sabrán que en medio de ellos se encuentra un profeta. 6 Tú, hijo de hombre, no los temas, ni tengas miedo de sus palabras. No temas aunque te encuentres entre cardos y zarzas y vivas en medio de escorpiones. 7 Les comunicarás mis palabras, escuchen o no, porque son una raza de rebeldes. 8 Pero tú, escucha lo que te digo y no seas rebelde como esta raza de rebeldes. Abre la boca y come lo que te doy.”

9 Miré y vi una mano tendida hacia mí con un libro enrollado. Lo desenrolló a mi vista. 10 Estaba escrito por dentro y por fuera, contenía lamentaciones, gemidos y ayes.

3

3 1 Y me dijo: “Hijo de hombre, come lo que te presentaron, come este libro y anda a hablar a la gente de Israel.”
2 Abrí la boca y me hizo tragar el libro. 3 Y me dijo: “Aliméntate y llena tus entrañas con este libro que te doy.” Lo comí, pues, y en la boca lo sentí dulce como la miel.
4 Me dijo después: “Hijo de hombre, dirígete a la gente de Israel y háblales con mis propias palabras. 5 Porque te envío a la gente de Israel y no a un pueblo de idioma desconocido y bárbaro, cuyas palabras no entenderías. 6 Pero si te enviara a ellos, te escucharían.
7 En cambio, la gente de Israel no querrá escucharte, porque no quiere escucharme a mí; pues son de cabeza dura y de corazón testarudo. 8 Por eso te voy a dar un rostro duro como el suyo y una frente dura como la suya. 9 Mira, yo hago que tu rostro sea como el diamante, más duro que cualquier roca; así que no temerás, ni les tendrás miedo, por muy rebeldes que sean.”
10 Me dijo además: “Hijo de hombre, todas las palabras que te diga, escúchalas con tus oídos y grábalas en tu mente. 11 Ve donde los desterrados, la gente de tu pueblo, y empezarás así: Esta es la palabra del Señor Yavé. Y hablarás, quieran escucharte o no.”
12 Entonces el Espíritu me arrebató, yoí detrás de mí el ruido de un gran clamor: “¡Bendita sea la Gloria de Yavé encualquier lugar donde esté!” 13 Al mismo tiempo oí el rumor producido por las alas de aquellos seres al batir una con otra, yel ruido d elas ruedas era como un estruendo.
14 El Espíritu me arrebató y me llevó de allí; yo me fui amargado y lleno de furor, porque la mano de Yavé pesaba fuertemente sobre mí. 15 Llegué a Telaviv, junto a los desterrados que vivían a lo largo del río Quebar, y me quedé como atontado siete días en medio de ellos.

Te he puesto como centinela

16 Al cabo de ese tiempo, Yavé me dirigió la palabra:
17 “Hijo de hombre, te he puesto como centinela de la casa de Israel, así que estarás atento a las sentencias que salgan de mi boca, y los aconsejarás de mi parte. 18 Cuando yo diga al impío: “Morirás”, si tú no lo reprendes ni le adviertes que deje su conducta perversa para que pueda vivir, él morirá por su maldad, y a ti te pediré cuenta de su vida. 19 Pero si tú amonestas al malvado y él no se convierte de su mala vida, él morirá por su maldad; pero tú te habrás salvado a ti mismo. 20 Del mismo modo, si el justo se desvía de su justicia y comete la maldad, y al ponerle yo una prueba, caer porque tú no lo aconsejaste, él morirá en su pecado y no le serán consideradas las buenas obras que había hecho, pero a ti te pediré cuenta de su vida. 21 Pero si tú aconsejas al justo que no peque, y él no peca, vivirá él porque fue aconsejado, y tú te salvarás.”

Ezequiel se queda mudo

22 Allí la mano de Yavé fue sobre mí y me dijo: “Levántatre, sal al valle, y allí hablaré contigo.” 23 Me levanté, y fui al valle. La Gloria de Yavé ya estaba allí, tal como la había contemplado, cerca del río Quebar, y caí rostro en tierra.
24 Entonces un espíritu entró en mí, me hizo mantenerme de pie y me dijo: “Ve a encerrarte a tu casa. 25 Hijo de hombre, mira que te echan cuerdas con las que te quedas atado y ya no puedes salir en medio de ellos. 26 Hago que la lengua se te pegue al paladar y te quedes mudo; por un tiempo no serás el que habla y los reprende porque sonuna raza de rebeldes. 27 Pero me bastará hablarte para que recuperes el uso de la palabra. Y entonces les dirás: Este es el mensaje de Yavé; quien quiera escuchar, que escuche; quien no quiera, no escuche; pues, como sea, son una raza de rebeldes.

4

Ezequiel juega a la guerra

4 1 Hijo de hombre, toma un ladrillo, ponlo delante de ti y dibuja en `´el la ciudad de Jerusalén. 2 Haz luego como si la estuvieras sitiando, levanta torres movibles, amontona terraplenes, pon campamentos y máquinas para derribar los muros por todo su enderredor. 3 Enseguida toma una sartén de hierro, y colócala como un muro entre ti y la ciudad, y te quedarás observándola. Será una ciudad sitiada que tú estarás cercando, y esto será una señal para la gente de Israel. 4 Acuéstate del lado izqauierdo y pon sobre ti la maldad de la gente de Israel. Mientras estés acostado por ese lado cargarás con sus pedcados. 5 Yo te fijo, conforme a los años en que cometieron el mal, un plazo de ciento noventa días, durante los cuales tú cargarás con su maldad. 6 Concluido este plazo, te acostarás del lado derecho, y llevarás la maldad de la gente de Judá durante cuarenta días; te fijo por cada año en que hicieron elmal.
7 Después volverás a tus ojos y tu brazo desnudo hacia el asedio de Jerusalén, y profetizarás contra ella.
8 Mira, yo te he atado concuerdas y no te podrás volver de un lado a otro hasta que no hayas cumplido los días de tu reclusión. 9 Toma trigo, cebada, habas, lentejas, ponlos en un tiesto y con ellos haz el alimento que comerás durante los ciento noventa días que estés acostado del lado izquierdo.
10 Comerás doscientos gramos diarios. Igualmente se te medirá el agua. 11 Beberás la sexta parte de un hin. 12 Comerás tu alimento en forma de galleta de cebada, cocido a la vista de ellos, con excrementos humanos en vez de leña.”
13 Y continuó Yavé: “Así comerán un pan impuro los hijos de Israel, en medio de de los pueblos donde yo los echaré.”
14 Yo exclamé_”Señor, mi persona no se ha manchado jamás, hasta ahora no he comido animal muerto ni despedazado, ni jamás entró enmi boca carne impura.”
15 Y me respondió: “Bien, en lugar de excrementos humanos, te permito materias de ganado vacuno para que cuezas tu pan.” 16 Y añadió: “Voy a retirar a Jerusalén los víveres. Comerán el pan pesado, con ansiedad, y beberán el agua medida y con angustia, 17 porque faltará el pan y el agua. Desfallecerán todos y se pudrirán por sus pecados.

5

Matanza y mortandad en Jerusalén

5 1 Tú, hijo de hombre, toma una espada afilada como navaja y pasátela por la cabeza y por la barba. Toma luego una balanza y haz partes con los pelos. 2 Cuando se cumplan los días del asedio, quemarás una tercera parte en el centro de la ciudad, otra tercera parte la cortarás a espada en sus alrededores, y la otra la esparcirás al viento. Mientras tanto yo desenvainaré la espada detrás de ellos.
3 Tomarás un pequeño número de entre éstos y los recogerás en el manto, 4 y de esos mismos tomarás unos pocos y los echarás al fuego; porque el fuego ha de arder entre los mismos desterrados.
5 Así habla el Señor Yavé: Esta es la ciudad de Jerusalén que yo había colocado en medio de las naciones. 6 Pero ella se ha rebelado contra mis leyes con más perversidad que estas naciones, y contra mis decretos, más que los países que la circundan. Porque han rechazado mis leyes, y no han obrado según mis mandamientos. 7 Por eso, así habla el Señor Yavé; Ustedes son más rebeldes que las naciones que están en torno; no han practicado mis mandamientos, no han cumplido mis órdenes, sino que han obrado conforme a las costumbres de las naciones vecinas.
8 Por eso, así habla el Señor Yavé: También yo me vuelvo contra ti y haré justicia a vista de los pueblos. 9 Haré contigo lo que jamás he hecho ni volveré a hacer jamás, a causa de tus pecados. 10 Los padres devorarán a sus hijos y los hijos a sus padres. Te condenaré, y desparramaré a todos los vientos lo que aún quede de ti.
11 Dice el señor Yavé: Te lo juro. Tú has profanado mi Santuario con todas tus horribles maldades y pecados; por eso yo también caeré sobre ti sin misericordia ni piedad.
12 Una tercera parte de tus habitantes morirá de hambre o de peste, otro tercio caerá a cuchillo en tus alrededores y el otro tercio, yo lo esparciré a todos los vientos persiguiéndolo con la espada. 13 Desahogaré mi ira y saciaré en ellos mi furor, para vengarme. Cuando lo haga, sabrán que Yo, Yavé, había hablado llevado por mis celos.
14 Haré de ti una ruina, unobjeto de vergüenza entre todas las naciones que te rodean, a los ojos de los transeúntes. 15 Serás una vergüenza, un objeto de insulto, ejemplo y horror para las naciones vecinas, cuando yo te juzgue con indignación y furor, y saque de ti una terrible venganza. Palabra de Yavé.
16 Cuando te dispare las terribles saetas del hambre, harán estragos, porque las lanzaré justamente para destruirlos a ustedes. Les mandaré una tremenda hambruna y les quitaré las reservas de víveres. 17 Mandaré en tu contra el hambre y las fieras, que te dejarán sin hijos. Sufrirás peste y matanzas y descargaré la espada contra ti. Palabra de Yavé.”

6

6 1 Me llegó una palabra de Yavé: 2 “Hijo de hombre, vuelve tus ojos a los cerros de Israel y habla de mi parte contra ellos. Diles:
3 Montes de Israel, escuchen la palabra del Señor Yavé. Con estas palabras habla él a los montes y a las lomas, a las quebradas y a los valles. Haré venir contra ustedes la espada y destruiré los santuarios de lomas, 4 derribaré los altares y haré pedazos sus quemaderos. Ustedes caerán delante de sus ídolos. 5 los cadáveres de la gente de Israel quedarán tendidos delante de sus ídolos, y sus huesos estarán esparcidos delante de sus altares.
6 Por todo el territorio las ciudades serán arruinadas y arruinados los santuarios de lomas, con los altares y los ídolos, hechos añicos los quemaderos y aniquiladas las obras de ustedes. 7 Los muertos yacerán en medio de ustedes y sabrán que yo soy Yavé. 8 Sin embargo, dejaré un restro de ustedes, los que hayan escapado a la espada, y los dispersaré entre las naciones.
9 Los sobrevivientes se acordarán entonces de mí, en medio de las naciones donde los destierren . Yo ablandaré su corazón traidor, que se apartó de mí, y sus ojos envilecidos por la idolatría. Sentirán horror de sí mismos al ver la inquidad que cometieron al pecar. 10 Y sabrán que yo soy Yavé, y que no los había amenazado en vano conmandarles estos males.
11 Así habla el Señor Yavé: Retuércete las manos, golpea con los pies, y di: ¡Bien hecho!, por todas las horribles maldades de la gente de Israel que va a caer por la espada, el hambre y la peste.
12 El que esté lejos morirá de peste, el que esté cerca morirá a espada, el que se salve perecerá de hambre. Desencadenaré mi ira contra ellos. 13 Ustedes sabrán que yo soy Yavé, cuando sus cadáveres estén allí en medio de los ídolos, alrededor de sus altares, en cada loma elevada, en la cumbre de todos los cerros, bajo todo árbol verde, bajo toda encina frondosa, donde quiera que hayan quemado incienso a sus ídolos. 14 Alargaré sobre ellos mi mano y dejaré su tierra desierta y desolada, desde el desierto hasta Ribla, cualquier parte que habiten, y sabrán que yo soy Yavé.

7

7 1 Entonces me llegó una palabra de Yavé: 2 “Hijo de hombre, anuncia a la tierra de Israel que así habla Yavé:
3 ¡Se acabó! Se acerca el fin para los cuatro extremos del país. Ya es inminente tu fin, porque yo voy a desencadenar mi ira contra ti. Te juzgaré por tus obras y te pediré cuenta de todas tus prácticas abominables.
4 No sentiré piedad por ti, ni te tendré compasión, sino que te haré responsable de tu conducta, porque tus grandes pecados son manifiestos. Así sabrás que yo soy Yavé. 5 Así habla Yavé: ¡Desgracia grande! Ya viene el fin. Se acerca tu fin. 6 Ya es inminente. Habitante del país, ha llegado tu hora. 7 Llega el tiempo, está cercano el día de dolor, no de alegría, en los montes. 8 Dentro de poco derramaré sobre ti mi furor y desencadenaré mi enojo. Te juzgaré según tus obras y te pediré cuenta de todas tus maldades. 9 Yo no tendré piedad ni compasión de ti, sino que te haré responsable de tu proceder, porque tus pecados estarán a la vista y sabrán que el que hiere so yo, Yavé.
10 Ya llega el día. Tu suerte está echada. Florece la injusticia, el orgullo de sus frutos 11 y la violencia reina para imponer el mal; no escapará ninguno de ellos. 12 Pasó el tiempo, llegó el día No se alegre el comprador, ni se ponga triste el vendedor, porque el castigo caerá sobre todo el pueblo. 13 El vendedor no recuperará lo vendido, aunque siga viviendo, porque la sentencia contra todos no será revocada. La vida de todos es crimen, por eso no volverán a fortalecerse.
14 Tocarán la trompeta, y prepararán todo. Pero a todos les faltará el ánimo, porque contra ellos está mi enojo. 15 Fuera de la ciudad está la espada, y dentro la peste y el hambre, el que se encuentre en el campo caerá a espada, el que esté en la ciudad morirá de hambre y de peste. 16 Los que escapen, huirán a los montes y, a causa de sus maldades, andarán allí gimiendo como las palomas de los valles.
17 Todos los brazos caerán fatigados y las rodillas se doblarán debilitadas. 18 Se cubrirán de sacos, pero el terror los envolverá, todos estarán confusos. Toda cabeza será rapada.
19 Tirarán por las calles su plata, y su oro no valdrá más que basura. Ni uno ni otra conseguirán salvarlos en el día de la ira de Yavé. No les servirán para calmar su hambre ni para llenarse el estómago, ya que oro y plata fueron para ellos causa de tropiezo y de pecado.
20 Se enorgullecían con su espléndida Joya (el Templo), y en ella fabricaron las malditas imágenes de sus ídolos, por eso yo se la convertiré en algo horroroso. 21 La entregaré como presa a los extranjeros y como botín ala gente pésima del país, para que la profanen.
22 Les quitaré su protección
y mi tesoro será profanado.
23 Los invasores penetrarán en él y lo mancharán
haciendo en él matanzas,
porque el país está lleno de crímenes
y la ciudad repleta de violencia.
24 Yo haré venir a los pueblos más feroces,
que se apoderarán de sus casas;
humillaré la soberbia de los poderosos
y sus santuarios serán profanados.
25 Llegará la angustia,
buscarán la paz, pero no la lograrán.
26 Vendrá desgracia sobre desgracia
y una mala noticia tras otra.
En vano pedirán visiones al profeta;
el sacerdote no podrá dar respuestas,
ni los ancianos un consejo.
27 El rey estará de duelo,
el príncipe en la mayor desolación,
y las manos de la gente del pueblo temblarán.
y los trataré según sus procederes
y los juzgaré según sus obras.
Así sabrán que yo soy Yavé.”

8

La gloria de Yavé abandona el Templo

8 1 El año sexto, el día cinco del sexto mes, cuando estaba yo en mi casa y los Ancianos del pueblo de Judá sentados frente a mí, la mano del Señor Yavé cayó sobre mí.
2 Miré y vi una forma como de fuego. De lo que podía ser la cintura para abajo, era fuego, y de la cintura para arriba, como una claridad resplandeciente. 3 Me pareció que alargaba la mano y me tomaba por los cabellos, y el Espíritu me elevó entre tierra y cielo. Me llevó en visiones divinas a Jerusalén, a la entrada de la puerta que da al norte: allí está el ídolo que povoca sus celos.
4 La Gloria de Yavé estaba allí, tal como la había visto en el valle. 5 Y Yavé me dijo: “Hijo de hombre, levanta tus ojos hacia el norte.” Lo hice y vi el ídolo en la entrada de la puerta. 6 Yavé añadió: “¿Ves lo que hacen? ¿Ves las grandes maldades que la gente de Israel comete en este lugar para alejarme de mi santuario? Pero verás pecados mayores.”

7 Después me llevó a la entrada del patio de la Casa. Miré y vi un agujero en la pared. 8 Me ordenó: “Atraviesa la pared.” Lo hice y me encontré ante una puerta. 9 “Entra , me dijo, y contempla las abominaciones que cometen aquí.” 10 Entré y observé, y vi toda clase de reptiles y de animales repugnantes, todos los ídolos de la gente de Israel, pintados en la pared. 11 Y setenta Ancianos de la gente de Israel, entre los que se encontraba Jeconías, hijo de Safán, estaban de pie ante los ídolo, cada uno con un incensario, del que salía el perfume del incienso.
12 Me dijo Yavé: “Ves lo que hacen los Ancianos de Israel a escondidas, cada uno en la pieza reservada a los ídolos. Dicen: Yavé no nos ve, ha abandonado el país.” 13 Y añadió: “Todavía verás pecados mayores.”
14 Me condujo a la entrada de la Puerta de la Casa que da al norte. Allí había mujeres que sentadas lloraban al dios Tamuz. 15 Y me dijo Yavé: “¿Has visto? Pues todavía hay cosas peores.”
16 Me llevó al patio interior de la Casa. Entre el vestíbulo y el altar, veinticinco hombres, dando la espalda al santuario y vueltos al oriente, adoraban al sol. 17 Y me dijo: “¿Has visto? ¿No le basta al pueblo de Judá, para que, además de llenar de pecxados la tierra, se dediquen a irritarme? Y me aplican un ramo a la nariz. Yo también obraré con enojo. 18 No les tendré piedad, ni compasión. Clamarán a mí, pero no los escucharé.”

9

9 1 Yavé gritó a mi lado con voz fuerte, diciendo: “Acérquense los que van a castigar la ciudad, cada uno con su instrumento de muerte en la mano.”
2 De la puerta que da al norte, llegaron seis hombres, cada uno con su instrumento de muerte en la mano. En medio de ellos, venía un personaje vestido de lino, que llevaba colgado de la cintura, lo necesario para escribir. Entraron y se detuvieron cerca del altar de bronce. 3 La Gloria del Dios de Israel, que descansaba sobre los querubines, se elevó y se dirigió al umbral del Templo. Y llamó al hombre vestido de lino que llevaba con qué escribir. 4 Yavé le dijo: “Pasa por la ciudad, recorre Jerusalén ymarca con una cruz en la frente a los hombres que gimen y lloran por los pecados que se cometen en la ciudad.”
5 Y pude oír que Yavé decía a los esos hombres: “Recorran detrás de élla ciudad, ymaten sin compasión ni piedad. 6 Mátenlos a todos: viejos, jóvenes, muchachas , y también a los niños con sus madres, hasta que no quede ninguno. Pero no toquen a los que tengan la frente marcada con una cruz.”
Y como se les ordenó empezar por el santuario, se pusieron a matar a esos Ancianos que había visto en la parte anterior de la Casa. 7 Y Yavé les dijo: “Qué los patios se llenen de muertos y que la Casa se haga impura con su sangre". Estos salieron y dieron muerte a la gente por toda la ciudad. 8 Cuando hubieron salido, y mientras hacían estragos, yo me quedé solo. Entonces me postré hasta tocar el suelo con la cara, y supliqué al Señor: “¡Ah, Yavé!, ¿vas a acabar lo que ha quedado de Israel, derramando tu enojo sobre Jerusalén?”
9 Me respondió: “El pecado de la gente de Israel y de Judá es demasiado grande, es inmenso; el país está cubierto de sangre, y Jerusalén, llena de violencia. Dijeron: Yavé no ve nada. 10 Por eso, yo tampoco los miraré con compasión, ni les tendré lástima. Les estoy pidiendo cuenta de sus actos.” 11 En ese momento, el hombre vestido de lino y que llevaba con qué escribir dio cuenta de su misión: “Hice lo que me mandaste.”

10

10 1 Vi entonces lo siguiente: Por encima de los querubines se extendía una bóveda, y sobre la bóveda había como una piedra de zafiro que parecía un trono. 2 Y Yavé dijo al hombre vestido de lino: “Métete por entre las ruedas que estaba bajo los querubines, saca las manos llenas de brasas y desparrámalas por la ciudad.” Y lo vi entrar. 3 En ese momento los queribines estaban al lado derecho de la Casa y la nube llenaba el patio interior de la Casa.

4 Después la Gloria de Yavé se levantó de encima del querubín hacia el umbral de la Casa de Yavé. La Casa se llenó de una nube mientras el patio resplandecía del brillo de la Gloria de Yavé. 5 El ruido de las alas de los querubines llegaba hasta el pato exterior, semejante a la voz del Todopoderoso. 6 Después el hombre vestido de lino recibió esta orden: “Toma fuego de entre las ruedas, entre los querubines.” 7 Y como se paraba junto a la rueda, el querubín alargó la mano hacia el fuego, tomó brasas con las que llenó las manos del hombre. Este salió: 8 Entonces yo noté, debajo de las alas de los querubines, esta mano humana.
9 Miré y vi que había cuatro ruedas brillantes como el crisólito, al lado de los querubines. 10 Las cuatro ruedas tenían el mismo aspecto; parecía que cada una estaba hecha de dos entrelazadas. 11 Así que podían desplazarse hacia los cuatro puntos cardinales sin cambiar su orientación. 12 El cuerpo de los querubines, sus espaldas, manos y alas, así como las ruedas, estaban llenas de ojos y cada uno tenía su propia rueda. 13 Y oí que a las ruedas le daban el nombre de torbellino. Cada querubín tenía cuatro caras. 14 La primera de toro, la segunda de hombre, la tercera de león y la cuarta de águila.
15 Los querubines se levantaron eran los mismos que yo había visto junto al río Quebar. 16 cuando los querubines se movían, también las ruedas se movían, 17 y cuando aquéllos se elevaban, éstas también, porque tenían vida.

18 La Gloria de Yavé partió del umbral d ela Casa y fue a ponerse sobre los querubines. 19 estos levantaron sus alas y los vi elevarse de la tierra junto con las ruedas. Fueron a posarse junto a la puerta oriental de la casa, y la Gloria del Dios de Israel descansaba sobre ellos.

20 Era el ser que había visto debajo del Dios de Israel junto al río Kebar, y reconocí que eran Querubines. 21 Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas, y se veían como manos debajo de sus alas. 22 En cuanto a sus caras, eran tales como las había visto junto al río Kebar. Y se desplazaban según la dirección de sus caras.

11

Castigo de los jefes del pueblo

11 1 En seguida, el Espíritu me llevó a la puerta oriental de la Casa de Yavé. Allí estaban veinticinco hombres (entre los cuales vi a Jezanías, hijo de Asur, y a Peltía, hijo de Banaías, ancianos del pueblo).
2 Yavé me dijo: “Hijo de hombre, éstos son los jefes que meditan maldades y dan perversos consejos en la Ciudad, los que dicen: Todavía durarán las casas de la ciudad; 3 nosotros somos la carne y la ciudad es la olla que conserva la carne. 4 Por eso, hijo de hombre, habla de parte mía contra ellos.”
5 El Espíritu de Yavé vino sobre mí y él me comunicó estas palabras: “Gente de Israel, yo sé lo que dicen. Yo conozco sus pensamientos. 6 Ustedes llenaron de víctimas la Ciudad y las calles de cadáveres. 7 Por eso, esos muertos son la carne y la ciudad es la olla que conserva la carne, pero a ustedes yo los voy a echar fuera.
8 Declara el Señor Yavé: Como ustedes temen la espada, yo la haré caer sobre ustedes. 9 Los arrastraré fuera de la ciudad y los entregaré en manos de extranjeros, y los castigaré según mi justicia. 10 Ustedes caerán al filo de la espada; yo juzgaré en el territorio de Israel y sabrán que yo soy Yavé. 11 La ciudad no será olla para ustedes, y ustedes no serán carne en medio de ella. 12 Y sabrán que yo soy Yavé, pues hasta ahora no obedecieron mis mandamientos, sino que han vivido según las costumbres de las naciones que los rodean.”
13 Apenas había yo terminado de hablar, cuando Peltías cayó muerto. Entonces yo me arrojé rostro en tierra y grité fuerte: “¡Ay, Señor Yavé!, ¿vas a terminar con lo que queda en Israel?”
14 Yavé me respondió: “Estos habitantes de Jerusalén dijeron, respecto de tus hermanos, tus parientes y todos los desterrados: 15 Queden lejos de Yavé; a nosotros se nos dio el país en posesión. Anuncia pues a los desterrados:
16 Sí, yo, Yavé, los mandé lejos entre las naciones, los he dispersado por tierras extranjeras, pero yo mismo he sido un Santuario para ellos, durante el tiempo de su destierro. 17 Ahora, los recogeré de entre las naciones en que han sido dispersados, y les daré la tierra de Israel.
18 Ellos vendrán y retirarán todos sus ídolos y sus idolatrías. 19 Les daré un corazón nuevo y un nuevo espíritu, quitándoles el corazón de piedra y poniéndoles un corazón de carne, 20 para que caminen conforme a mis leyes, guarden mis mandamientos y los pongan en práctica. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. 21 Pero a los que siguen a los ídolos y sus prácticas abominables, los castigaré según merecen, dice el Señor Yavé.”

22 Entonces los querubines alzaron sus alas, y las ruedas al mismo tiempo se pusieron en movimiento. 23 La Gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos y se elevó, salió de la ciudad y fue a detener sobre el cerro que está al oriente. 24 En eso el Espíritu me llevó y me devolvió a Caldea, en medio de los desterrados, pues todo esto había sucedido en visiones, mediante el Espíritu de Dios.
25 Y yo conté a los desterrados todo lo que Yavé me había enseñado.

12

El gesto del inmigrante

Ezequiel 12 1 Una palabra de Yavé me llegó: 2 “Hijo de hombre, tú vives entre rebeldes. Tienen ojos para ver y no ven; oídos para oír y no oyen; son un pueblo de rebeldes. 3 Por eso, ¡escucha! Hazte un bulto como de desterrado, y sa de tu lugar como desterrado, en pleno día y ante ellos, a otra localidad. Tal vez comprenderán que son un pueblo de rebeldes.
4 De día y a su vista, te llevarás tus cosas como un equipaje de desterrado. 5 Ante sus ojos, abre un hoy en la pared y sal, por ahí. 6 Echate tus cosas al hombro y sal en medio de la oscuridad. Y además cúbrete la cara para que no puedas ver la tierra. Todo esto, que te mando hacer, será un signo y un ejemplo para la gente de Israel.”
7 Hice todo como se me ordenó. Saqué de día mi equipaje, por la tarde hice con mis manos el hoy en la pared y salí ante ellos en la oscuridad, con mis cosas al hombro.
8 A la mañana me llegó una palabra de Yavé: 9 “Hijo de hombre, ¿no te preguntó la gente de Israel, esa gente rebelde, que estás haciendo? 10 Diles: Así dice Yavé: esta profecía se refiere al jefe que está en Jerusalén, y a todos los que viven en ella.
11 Di: Yo soy una señal para ustedes; tal como yo hice, así se hará con ustedes e irán al destierro. 12 Y el jefe cargará con su equipo a la espalda y saldrá en la oscuridad. Perforarán la muralla para que pueda salir, y se tapará la cara para no ver su tierra.
13 Pero yo tenderé mis redes y en ellas quedará preso. Lo llevaré a Babilonia a la tierra de los caldeos, pero él no la verá y morirá en ella.
14 Esparciré a todos los vientos a su séquito, a su guardia y a sus servidores, y los perseguiré entre los pueblos y esparcido entre las naciones. 16 Sin embargo, libraré de la espada, del hambre y de la peste a a lgunos pocos para que cuenten a las naciones, adonde irán, todas las maldades que habían hecho, y reconozcan que yo soy el Señor Yavé.”

17 Yavé agregó: 18 “Come tu pan con temor y bebe agua con estremecimiento y angustia. 19 Di al pueblo: Así habla Yavé a los habitantes de Jerusalén que están todavía en la tierra de Israel. Comerán su pan con temor, y beberán su agua con angustia, porque esta tierra será devastada y despojada de todo lo que produce, 20 a causa de la impiedad de todos sus habitantes. Las ciudades populosas quedarán desiertas, y la tierra será desolada, y sabrán que yo soy Yavé.”

13

Los falsos profetas

13 1 Me llegó una palabra de Yavé: 2 “Hijo de hombre, habla de parte mía contra los profetas de Israel que hablan por su propia cuenta:
3 Así dice el Señor Yavé: ¡Ay de estos profetas torpes que siguen sus propias luces y no han tenido visiones! 4 Israel, tus profetas son como chacales entre ruinas. 5 No han hecho frente ni han construido un muro en defensa de Israel, para que se mantenga firme en el día de Yavé.
6 Tienen visiones falsas y profetizan mentiras; dicen: Palabra de Yavé, sin que Yavé los haya mandado, y esperan que Yavé cumpla lo que dijeron. 7 ¿No es cierto que son visiones falsas y profecías mentirosas, cuando dicen: Dijo Yavé, siendo que yo no he hablado?
8 Por eso dice Yavé: Por sus falsas palabras y sus profecías engañosas, yo me declaro en contra de ellos, dice Yavé. 9 Mi castigo caerá sobre ellos, no serán admitidos en la asamblea de Israel, ni tendrán su nombre escrito en el libro de la gente de Israel; ni entrarán en la tierra de los hijos de Jacob , y sabrán que yo soy Yavé.
10 Porque engañaron a mi pueblo, dándoles seguridad de paz, cuando no había paz; mi pueblo construye un muro, ellos lo cubren de barro fofo. Diles: 11 El muro caerá, porque vendrá un aguacero torrencial, con abundante granizo y viento huracanado. 12 Cuando el muro se derrumbe, les preguntarán: ¿dónde está el barro con que lo recubrieron?
13 Mi cólera desencadenará ese viento, mi furor mandará la lluvia torrencial, y mi ardor, granizos sin cuenta. 14 Derribaré el muro y lo echaré por tierra hasta que aparezcan los cimientos. El muro caerá y ustedes perecerán entre los escombros y sabrán que yo soy Yavé. 15 Desahogaré mi cólera contra el muro y contra lo que lo recubrieron de barro. Entonces les dirán: “¿Dónde están los profetas de Israel que profetizaban sobre Jerusalén y anunciaban paz no habiéndola? 17 Hijo de hombre, reprende a las hijas de Israel que profetizan por su propia cuenta, 18 diles: Pobres de de las que ponen almohadillas debajo de los codos y velos para cubrir las cabezas, con el fin de que la gente no pueda liberarse. Ustedes las hacen cautivas, ¿y pretenden salvarse a sí mismas?
20 Por eso, estoy en contra de los lazos con que cazan a las almas como pájaros. Los arrancaré de los brazos de ustedes y soltaré las almas que ustedes cazan. 21 Rasgaré los velos y libraré a mi pueblo, que ya no será más presa de ustedes. 22 Porque entristecieron con mentiras el corazón del hombre bueno cuando yo no lo quería poner triste, y le han dado seguridad al malo para que no se convierta y se salve.
23 Por eso no consentiré más sus visiones mentirosas, ni volverán a profetizar. Yo libraré a mi pueblo de manos de ustedes, y sabrán que yo soy Yavé.”

14

No me dejaré consultar

14 1 Algunos Ancianos vinieron a verme y se sentaron junto a mí.
2 En ese momento, me llegó una palabra de Yavé:
3 “Hijo de hombre, estos hombres llevan sus ídolos en el corazón y solamente piensan en las cosas que los llevan a pecar. ¿Acaso me dejaré consultar por ellos? 4 Por eso, háblales y diles de mi parte: Cualquier Israelita que guarde sus ídolos en su corazón, y sus pensamientos puestos en las coas que los hacen pecar, si viene a interrogarme por medio del profeta, yo les contestaré como corresponde a sus innumerables maldades, 5 porque quiero llegar al corazón de la gente de Israel y recuperar a aquellos que se han alejado de Mí, a causa de los ídolos.
6 Por eso, di a la gente de Israel: Así dice Yavé: Conviértanse, apártense de sus ídolos y de sus prácticas horribles. 7 A todo israelita, o forastero que viva en Israel, que se aleje d emí para adorar a los ídolos y vaya al profeta para consultarme, yo, Yavé, le daré la respuesta. 8 Lo castigaré para ejemplo de los demás y será un ejemplo que no se olvidará. Lo exterminaré de mi pueblo, y sabrán que yo soy Yavé.
9 Si el profeta se deja influencia por el que lo ha consultado, hasta darle una respuesta, será que yo mismo habré influenciado a ese profeta, para descargar luego mi mano sobre él; a éste lo borraré de mi pueblo.
10 El castigo del que consulta será semejante al del profeta, 11 para que Israel no se extravíe lejos de mí y no se manchen con sus pecados. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.

12 Yavé me dijo además: 13 “Si un país peca conra mí y me es infiel, yo descargaré mi poder sobre él y le quitará el pan y le mandaré el hambre que acabe con hombres y animales. 14 Pero si en ese país e encontraran estos tres hombres: Noé, Daniel y Job, ellos por su santidad librarían sus vidas, dice el Señor Yavé.
15 Si yo envío además a esa tierra bestias feroces para exterminar a sus hijos, la transformaré en un desierto por donde nadie pasa, por miedo a las fieras. 16 Pero si se encontraran allí esos tres hombres, juro, dice el Señor, que no salvarían ni a sus hijos, sino sólo a sí mismos, y el país quedaría convertido en un desierto.
17 Lo mismo sucedería si yo enviara la espada contra ese país para que perezcan hombres y animales. 18 Estos tres no salvarían a hijos o hijas, sino sólo a sí mismos. 19 Y si mandara la peste o desahogara en la sangre mi enojo contra ellos, exterminando hombres y animales, 20 estando Noé, Daniel y Job en ese país, sólo se salvarían esos tres hombres, debido a su santidad.
21 Así habla Yavé: a pesar de que yo mande contra Jerusalén estos cuatro azotes: espada, hambre, fieras y peste, para exterminar de ella hombres y animales, 22 quedan, sin embargo, supervivientes. Estos están saliendo y serán traídos hasta aquí, hombres y mujeres, y ustedes al enterarse de su conducta y de sus obras se consolarán de los castigos que yo he descargado sobre Jerusalén, y de todo el peso con que la he oprimido. 23 La conducta de ellos les servirá de consuelo a ustedes,y verán que no sin razón, hice en ella todo lo que hice, dice el Señor Dios.

15

Israel: la vid inútil

15 1 Me llegó esta palabra de Yavé: 2 “Hijo de hombre, ¿qué tiene más valioso el tronco de la parra que el tronco de cualquier otro árbol? 3 ¿Sirve acaso para hacer algún objeto, o un gancho para colgar?
4 Pero lo tiraron al fuego, que devoro las dos puntas y quemó el medio; ¿para qué, pues, sirve? 5 Y si, cuando estaba entero no se podía hacer nada con él, ¿servirá para hacer algo, ahora que el fuego lo quemó? 6 Por eso, así habla Yavé: Lo mismo que la madera de la parra fue entregada al fuego, así trataré a los habitantes de Jerusalén. 7 Los miraré con enojo: han escpaado del fuego, pero otro fuego los devorará. Y sabrán que yo soy Yavé cuando los trate según mi enojo. 8 Convertiré el país en desierto, porque me han sido infieles, dice Yavé.

16

La novia infiel

16 1 Yavé me dijo: 2 “hijo de hombre, dale a conocer a Jerusalén sus pecados. Dile de mi parte: 3 Tu origen y tu raza vienen de la tierra de Canáan; tu padre fue amorreo y tumadre hetea. 4 El día que naciste, no te cortaron el cordón, no te lavaron, no te friccionaron con sal ni te envolvieron en pañales. 5 Nadie cumplió contigo esos piadosos deberes; sino que te echaron al suelo, como un ser despreciable, el mismo día de tu nacimiento.
6 Pero yo, al pasar junto a ti, te vi revolverte en tu propia sangre y te dije: ¡Vive, a pesar de que se va derramando tu sangre, vive!, 7 y crece como la hierba de los campos. Tú creciste, te desarrollaste y llegaste a la flor de la juventud, y te crecieron los pechos; pero seguías desamparada y cubierta de vergüenza.
8 Pase´junto a ti y te vi. Estabas ya en la edad de los amores; entonces con el vuelo de mi manto recubrí tu desnudez, con juramento me uní en alianza contigo y fuiste mía, dice Yavé.
9 Te lavé, te limpié la sangre, te perfumé con aceite. 10 te vestí con ropas bordadas, cintura de lino, zapatos de cuero fino y telas preciosas. 11 te adorné con joyas, brazaletes y collar, 12 anillo para la nariz, aros y una espléndida corona.
13 Tu alimento era de harina, flor, miel y aceite. Te hiciste cada vez más hermosa y llegaste a ser reina. 14 La fama de tu belleza perfecta corrió por los pueblos, gracias al esplendor que yo te había dado, dice Yavé. 15 Pero tú, confiada en tu belleza, y valiéndote de tu fama, te prostituiste entregándote a cuantos pasaban. 16 Con tus vestidos te preparaste tiendas de vivos colores en los santuarios de Lomas, para dedicarte en ellas a la prostitución.
17 Con tus espléndidos adornos, hechos con oro y plata que yo te había regalado, te fabriocaste estatuas de hombres para prostituirte con ellos. 18 Los cubriste con tus lujosos vestidos y les ofreciste mi aceite y mi incienso. 19 Les presentaste, como ofrenda de suave olor, la harina flor, el aceite y la miel con que yo te alimentaba, dice Yavé. 20 Tomaste a tus hijos e hijas, que para mí habías dado a luz, y los sacrificaste a esos ídolos. ¿No era suficiente tu propio envilecimiento, 21 que degollaste a mis hijos para ofrecerlos en su honor, quemándolos al fuego?
22 En medio de tus maldades e idolatrías, no te acordaste de los días de tu infancia, cuando estabas desnuda y en un charco de sangre.
23 Dice Yavé: ¡Ay de ti!, que para colmo de perversión 24 te preparaste prostíbulos en toda plaza y te construiste Santuarios de Lomas. 25 En los cruces de los caminos te construiste un lugar de pecado y deshonraste tu belleza ofreciéndote a cualquier transeúnte, multiplicando tus prostituciones. 26 Lo hiciste con los fornidos egipcios, tus vecinos, para enojarme
27 Por eso levanté mi mano contra ti, reduje tu ración y te abandoné al capricho de tus enemigos, las ciudades filisteas, que se avergonzaban de tu descarada conducta. 28 No satisfecha todavía, te envileciste con los asirios, pero no que date satisfecha. 29 Multiplicaste tus traiciones en la tierra de los comerciantes caldeos y tampoco quedaste harta.
30 Dice Yavé: Qué furor es el mío contra ti, por haber actuado como prostituta pésima, 31 tú que preparaste un lugar de pecado en cada cruce de camino. Ni siquiera fuiste como ramera que peca por dinero, 32 sino como la adúltera que, en lugar de su marido, acepta otros hombres. 33 La ramera recibe su paga, pero tú ofreciste regalos a tus amantes y los compraste para que vinieran de todas partes a pecar contigo. 34 Te sucedió al revés que a las otras mujeres, ninguno corrió detrás de ti, sino que tú mismo eres la que repartes regalos y nadie te los da. Obras al revés de las otras.
35 Por eso, infiel, escucha la palabra de Yavé: 36 Por tu descarada vergüenza, por tus abominables prostituciones con tus amante e ídolos, por la sangre de tus hijos que les ofreciste, 37 reuniré a todos tus amantes, no sólo a los que amaste, sino a los que aborreciste, los reuniré a todos y les mostraré tu desnudez y tu torpeza. 38 Te aplicaré el castigo reservado a las adúlteras y a los criminales, te abandonaré a tu crueldad y a sus celos. 39 Te entregaré a su poder y ellos arrasarán tus santuarios de ídolos; te quitarán los vestidos, te arrancarán los adornos espléndidos y te dejarán desnuda a la intemperie.
40 Y harán venir contra ti a las muchedumbres, que te lapidarán y pasarán a espada. 41 Incendiarán tus casas y te ajusticiarán en presencia de muchas naciones. Así haré que dejes tus infidelidades y ya no tengas algo que ofrecer. 43 Cuando haya desahogado mi ira contra ti, se aplacarán mis celos, me calmaré y no me volveré a enojar.
43 Porque no recordaré el tiempo de tu juventud, y me enojaste con todas esas cosas, yo haré recaer sobre ti tu conducta, dice Yavé.
44 Te aplicarán el proverbio: Como es la madre, tal es la hija. 45 Digna eres de tu madre, que abandonó a su marido y a sus hijos, y de tus hermanas, que hicieron otro tanto. Tu madre fue hetea, tu padre amorreo. 46 Tu hermana mayor es Samaria, que, con sus ciudades, queda a tu izquierda, tu hermana mejor es Sodoma, que habita a tu derecha. 47 No sólo seguiste su conducta e imitaste sus maldades, sino que tu proceder ha sido peor que el de ellas. 48 Dice el Señor Yavé: Te juro que tu hermana Sodoma y sus hijas no fueron tan perversas como tú y las tuyas.
49 La maldad de Sodoma y de sus vecinas consistió en que estaban orgullosas, satisfechas en su abundancia,despreocupadas en su tranquilidad. Además no socorrieron ni al pobre, ni al indigente. 50 Se pusieron orgullosas, cometieron cosas horribles en mi presencia, por eso, las hice desaparecer como has visto. 51 Samaria no cometió ni la mitad de tus pecados, de modo que, al lado de tus infamias, ellas parecen justas.
52 Por lo tanto, carga con la vergüenza de tus pecados, ya que por tus crímenes facilitaste excusas a tus hermanas. Ellas son más justas que tú. Averguénzate y carga con tu vergüenza, tú que tanto pecaste, que tus hermanas parecen buenas, en comparación. 53 Pero cambiaré su suerte: restableceré a Sodoma y a Samaria, junto con sus hijas, y te restableceré a ti, en medio de ellas. 54 Así, para consuelo de ellas, soportarás tu humillación y te avergonzarás de cuanto has hecho.
55 Tus hermanas Sodoma y Samaria, con sus hijas, será restablecidas en su antiguo estado, y tú también serás restablecida en tu primera condición. 56 ¿No te burlabas de Sodoma y la dabas en ejemplo, en el tiempo de tu orgullo, 57 antes que se descubrieran tus maldades?
Pues ahora tú eres la burla de Edom y de todos sus alrededores, y de los filisteos, que te desprecian por todas partes. 58 Llevas sobre ti el peso de tu infamia y de tu bajezas, dice Yavé.

Para que te avergüences

59 Porque así habla el Señor Yavé: Te he pegado de acuerdo a lo que hciste al romper la Alianza sin ninguna consideración a lo que habías jurado. 60 Pero yo tendré presente la Alianza que hice contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo una Alianza eterna. 61 Y tú recordarás tu conducta y te avergonzarás de ella, cuando recibas a tus hermanas mayores y menores; yo te las daré como hijas, en virtud de mi Alianza hecha contigo.
62 Porque yo seré el que renovaré mi alianza contigo y sabrás que yo soy Yavé, 63 para que te acuerdes y te avergüences, y no te atrevas a abrir más la boca de vergüenza, cuando yo te haya perdonado todo lo que has hecho, dice Yavé.”

miércoles, 30 de marzo de 2011

17

Sobre los reyes hijos de David

17 1 Yavé me dirigió la palabra para decirme: 2 “Hijo de hombre, propón unenigma e inventa una comparación para la gente de Israel:

3 El águila grande, de grandes alas y largas plumas, de espeso plumaje de variados colores, vino al Líbano y cortó la copa de un cedro, 4 arrancó la punta de sus ramas y la llevó a un país de mercaderes, a una ciudad de negociantes. 5 Luego tomó una semilla del país y la puso en un campo preparado, la colocó junto a la aguas abundantes, la plantó como un sauce, 6 y brotó y se hizo una parra vigorosa, de poca altura, sus brotes se dirigían hacia el águila y sus raíces estaban bajo ella.
7 Había también otra águila grande de largas alas y espeso plumaje. Esa parra, como que volvió sus raíces y extendió sus sarmientos hacia ella, para ser regada mejor que en el campo donde estaba. 8 Estaba sin embargo en terreno fértil, cerca de canales con agua abundante. Podía echar pámpanos, dar fruto y hacerse una parra hermosa.
9 Di: Así habla Yavé: Pero, ¿prosperará? ¿No arrancará el águila sus raíces, arrancará sus frutos y se secará? Sí, sus brotes tiernos se secarán. Para arrancarla de raíz no habrá necesidad, ni de mucha gente, ni de gran esfuerzo.
10 Mírenla; está plantada, pero, ¿prosperará? ¿No se secará al soplar el viento del este¿ Sí, se secará en el mismo sitio en que fue plantada. 11 Yavé me dijo: Di a esta raza rebelde: ¿No saben lo que todo esto significa?
12 Diles: El rey de Babilonia llegó a Jerusalén, tomó a su rey y a sus príncipes y los llevó a Babilonia. 13 Después escogió a uno de familia real y con él hizo un trato. Lo obligó bajo juramento y se llevó a los poderosos del país, 14 para que quedara sometido y no pudiera rebelarse, sino que guardara su juramento y mantuviera la alianza.
15 Pero éste se sublevó contra él y envió mensajeros a Egipto en busca de caballos y de tropas abundantes. ¿Tendrá éxito? ¿Se salvará por eso? El que quebrantó la alianza, ¿podrá escapar?
16 Dice Yavé: Yo aseguro que morirá en el país del rey que le había dado el trono, pero cuya alianza rompió despreciando su juramento. Allí morirá, en Babilonia.
17 El faraón no lo apoyará con grandes fuerzas ni muchas tropas en el momento de pelear, cuando se levanten defensas y se organice el sitio con grandes bajas. 18 Despreció el juramento, rompió la alianza, después de haber dado su palabra. Porque hizo todo eso, no tendrá remedio.
19 Por eso, así habla Yavé: Juro que el juramento que miró en menos y la alianza que rompió, se los haré pagar. 20 Extenderé mi red sobre él, y en ella quedará aprisionado. Lo llevaré a Babilonia, y allí le pediré cuentas de su infidelidad conmigo.
21 Todos los valientes de sus tropas caerán bajo el filo de la espada. Los sobrevivientes serán esparcidos a los cuatro vientos. Así sabrán ustedes que yo, Yavé, lo había anunciado.
22 Así dice Yavé: Yo tomaré un ramo de la copa del alto cedro. Tomaré un brote de la punta de sus ramas y dará frutos, 23 hasta convertirse en un cedro magnífico. Bajo él habitarán toda clase de pájaros. Toda especie de volátiles morará a la sombra de sus ramas.
24 Todos los árboles del bosque sabrán que yo, Yavé, humillo al árbol elevado y elevo al árbol humillado, que hago secarse el árbol verde y florecer al seco. Lo he dicho, y lo haré, dice Yavé.”

jueves, 24 de marzo de 2011

18

Si el pecador se convierte, vivirá

18 1 Me dijo Yavé: 2 “¿Por qué corre este proverbio en Israel?: “Los padres comieron uva verde y los hijos tienen los dientes destemplados.”
3 Yo juro, dice Yavé, que esto no volverá a decirse más en Israel, 4 porque todas las vidas son mías: las de los padres y las de los hijos; el que peque, morirá. 5 Por eso, si un hombre es justo y vive de acuerdo con el derecho y la justicia, 6 si no celebra banquetes en los Santuarios de Lomas, ni levanta sus ojos hacia los ídolos de Israel, 7 si no adultera, ni se acerca a una mujer durante el período de sus reglas; si no abusa de nadie, 8 devuelve lo que le entregaron en prenda, no roba, da de comer al hambriento y viste al desnudo, si no es usurero; se aparta del vicio y practica una verdadera justicia con sus semejantes, 9 si cumple mis mandamientos y mis leyes y obra rectamente; dice Yavé: ese hombre es justo y vivirá. 10 Ahora bien, si este hombre tiene un hijo ladrón y homicida, 11 que comete pecados que él no había cometido; un hijo que celebra banquetes idolátricos, adúltero, opresor del pobre y del indigente, 12 ladrón, que no devuelve las prendas, idólatra y autor de grandes pecados, 13 usurero; este hijo no vivirá. Por cometer esas maldades, morirá y su sangre recaerá sobre el mismo
14 Pero, si éste a su vez tiene un hijo que, a pesar de ver todos los pecados cometidos por su padre, respeta a Dios y no imita a su padre; 15 no idolatra, no adultera, 16 no oprime a nadie, no es usurero, no roba, da de comer al hambriento y viste al desnudo; 17 no comete maldades, guarda mis mandamientos y mis leyes; ese hijo no morirá por causa de la maldad de su padre, sino que vivirá.
18 En cambio, su padre, que orpimió a su prójimo, o le robó, y no hizo el bien en medio de su pueblo, morirá por sus propios pecados.
19 Ustedes me preguntarán: ¿Y por qué no carga el hijo con las culpas de su padre? Porque el hijo ha hecho lo que es justo, practicando mis mandamientos. 20 Por eso vivirá. El que peca es el que morirá. El hijo no cargará con las culpas del padre, ni el padre con las del hijo. Al bueno se le tornará en cuenta su vida recta, y al malo, su maldad.
21 Pero si el malo se convierte de todos los pecados que ha cometido y hace lo que es justo y bueno, vivirá, sin duda. No morirá. 22 No me acordaré más de los pecados que cometió, sino que vivirá por las obras justas que ha practicado. 23 Dice el Señor: ¿Acaso quiero que el pecador muera, y no más bien que tome otro camino y viva? 24 Igualmente, si el bueno se aparta de su buena conducta, comete pecados e imita las maldades de los impíos, ¿vivirá acaso No se le tomarán en cuenta las buenas obras que hizo, sino que morirá por su infidelidad y pecado. 25 Ustedes dicen: el proceder del Señor no es recto. escucha, pues, gente de Israel. ¿Es injusto mi proceder?, ¿no es más bien la posición de ustedes la que no es recta? 26 Si el bueno se aparta del camino recto y comete la maldad y muere por ella, su propia maldad le da muerte. 27 Y si el pecador se aparta de la maldad en que vivía y obra rectamente, él mismo se salva.
28 No morirá, sino que se salvará, porque ha abierto los ojos y se ha convertido de los pecados cometidos. 29 Y la gente de Israel anda diciendo: “Los caminos del Señor no son rectos!” ¡Que no son rectos mis caminos! ¿No son más bien los caminos de ustedes los que no son rectos? Dice Yavé: 30 Yo juzgaré a cada uno según su conducta. Conviértanse y abandonen la maldad, y así la maldad no les hará caer ni les traerá el castigo.
31 Liberénse de todos los pecados que han cometido en contra mía, y fórmense un nuevo corazón y un espíritu nuevo. Gente de Israel, ¿por qué irías a la muerte? 32 Sepas que yo no me alegro por la muerte de nadie. Cambien sus caminos para que tengan vida, ¡palabra de Yavé!

19

Sobre los últimos reyes de Judá

19 1 Y tú, Ezequiel, ponte a cantar este canto fúnebre sobre los príncipes de Israel. 2 Di:

¡Qué leona era tu madre entre leones! Crió a sus cachorros. 3 A uno de ellos lo prefirió. Este se hizo un león y aprendió a atrapar su presa y a devorar hombres.
4 Pero las naciones se unieron en contra suya. Lo apresaron y lo llevaron encadenado a Egipto. 5 Al ver la leona, que demoraba y que no había esperanza que volviera, tomó otrao cachorro 6 y formó un león que andaba entre los otros leones y aprendió a atrapar la presa.
Empezó a devorar hombres, 7 destruyó sus fortalezas y asoló sus ciudades. Su rugido espantaba a todos los habitantes del país. 8 Apostaron contra él las naciones, que de todas partes salieron a cazarlo. Le tendieron redes y lo apresaron en un foso. 9 Atacado por la nariz lo enjaularon. Lo llegaron al rey de Babilonia, que lo metió en una fortaleza, para que no se oyera más su voz por los cerros de Israel.
10 Tu madre era como una parra plantada cerca del agua, frondosa y llena de fruto, por la abundancia del agua. 11 Echó una rama robusta que llegó a ser cetro de un rey.
Su tronco sobresalía de entre los demás arbustos. Se distinguía por su altura y sus ramas abundantes. 12 Pero fue arrancada con furor, derribada al suelo. Quedó desarraigada, y el viento del este marchitó sus frutos. Su rama robusta se secó, y el fuego lo devoró todo.
13 Ahora está plantada en el desierto, en tierra árida y seca. 14 De su tronco salió fuego que devoró ramas y frutos. No quedó ni una sola rama fuerte ni un cetro real.
Este es un canto triste, que hará llorar.”