LA BIBLIA - INTRODUCCIÓN

La Biblia no ha caído del cielo. Aquí están libros que no se proclamaron desde las nubes, con algún parlante celestial, sino que se reunieron pacientemente a lo largo de siglos en el seno del Pueblo de Dios, gracias a la fe de sus minorías más conscientes.

Durante unos 18 siglos, desde Abraham hasta Jesús, el pueblo de Israel descubrió, cada vez con mayor lucidez, que el Dios Único se había ligado a él. Las experiencias de la comunidad nacional, los llamados de esos hombres, llamados profetas, que hablaban de parte de Dios, las inquietudes que se desarrollaban entre los creyentes: todo esto pasó de una que otra manera a esos libros. Y fueron los responsables religiosos de Israel los que recibieron, escogieron y acreditaron estos libros, integrándolos al Libro Sagrado.

Así se formó el Antiguo Testamento de la Biblia.Testamento se refiere a que estos libros era como la herencia más preciosa entregada por Dios a su pueblo escogido.

Después de tantas experiencias, llegó para el pueblo de Israel un tiempo de crisis en que Dios quiso llevarlos de una vez a la madurez de la fe. Para eso vino Jesús. Con él se llevó a cabo la experiencia más trascendental de toda la historia. Jesús, sus esfuerzos para salvar al pueblo judío de una destrucción inminente, su rechazo, su muerte y, luego, su Resurrección: ésta fue la última palabra de Dios.

La trayectoria de Jesús originó la predicación de la Iglesia y los libros que en ella se escribieron. Aquellos libros que fueron aprobados por los responsables de la Iglesia pasaron a integrar el Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento comprende:

LOS CUATRO EVANGELIOS. La palabra Evangelio significa la Buena Nueva. Esos son los libros en que los apóstoles de Jesús escribieron lo que habían visto y aprendido de él.

Luego viene el libro de los HECHOS DE LOS APÓSTOLES, escrito por Lucas, el mismo que escribió el Tercer Evangelio.

Luego vienen más de veinte CARTAS que los apóstoles dirigieron a las primeras comunidades cristianas.

El Antiguo Testamento comprende:

Los LIBROS HISTÓRICOS. Aquí vemos la actuación de Dios para liberar a un pueblo que quier hacer que sea su pueblo. Lo vemos educar a ese pueblo y dar un sentido a su historia nacional. En estos libros se destacan:

El Génesis. El Exodo. El Deuteronomio. Los libros de Samuel.

LOS LIBROS PROFETICOS. Dios interviene en la historia por medio de sus profetas, encargados de transmitir su palabra.

LOS LIBROS DE SABIDURÍA destacan la importancia de la educación y del esfuerzo del individuo para llegar a ser un hombre responsable y un creyente.

Ediciones Paulinas - Verbo Divino

lunes, 25 de octubre de 2010

MALAQUÍAS

INTRODUCCION A MALAQUÍAS

Poco después de Ageo y Zacarías, este profete interviene para corregir varias costumbres malas de la comunidad. Por intermedio de Malaquías, Yavé discute con esos razonadores que le piden cuentas y no reconocen su amor. “Ustedes dicen…”

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1 1 Con estas palabras escritas por Malaquías, se dirigió Yavé a Israel para decirle: Yo los he amado. 2 Pero ustedes dicen: ¿”En qué has demostrado ese cariño? Por eso les pregunta Yavé: ¿No era Esaú hermano de Jaco b? 3 Pues bien, yo le tuve cariño a Jacob, pero le tomé odio a Esaú, si no, miren como dejé sus montañas desoladas y abandoné sus tierras a los chacales del desierto. 4 Si Edom afirma que empezará a a reconstruir sus ruinas, a pesar de haber sido destruidas, Yavé de los Ejércitos les advierte: “¿Qué sacan con reconstruir, si yo se lo demoleré? A ustedes los llamarán “país maldito” y “nación con la que Yavé se ha disgustado para siempre”. 5 Con sus propios ojos podrán ustedes comprobar esto; entonces exclamarán: “El poder de Yavé traspasa las fronteras de Israel:”

¿Por qué me faltan el respeto?

6 El hijo honra a su padre; el servidor respeta a su patrón. Pero si yo soy padre, ¿dónde está la honra que se me debe? O si yo soy su patrón, ¿dónde está el respeto a mi persona? Esto es lo que Yavé de los Ejércitos quiere saber de ustedes, sacerdotes que desprecian su Nombre. Pero ustedes sólo preguntan: “¿En qué hemos menospreciado tu Nombre?”
7 Ustedes además presentan sobre mi altar alimentos impuros y todavía se atreven a decir: “¿En qué te hemos profanado?” Lo han hecho cuando han pensado que mi mesa no merece respeto. 8 Cuando ustedes traen para sacrificarla una bestia ciega, o cuando presentan una coja o enferma, ¿creen que actúan bien? Llévenselas al gobernador a ver si queda contento o si los recibe bien a ustedes, dice Yavé de los Ejércitos.
9 Ahora, pues, imploran a Dios para que tenga compasión de nosotros. Pero si por culpa de ustedes nos va mal, ¿creen ustedes que los atenderá? 10 ¿Quién de ustedes cerrará las puertas del templo para que no vengan más ustedes a encender mi altar inútilmente? Pues ustedes ahora sólo me molestan, les dice Yavé de los Ejércitos, y me desagradan totalmente sus ofrendas. 11 Desde donde sale el sol hasta el ocaso, en cambio, todas las naciones me respetan y en todo el mundo se ofrece a mi Nombre tanto el humo del incienso como una ofrenda pura. Porque mi fama se extiende por todos los países, sostiene Yavé de los Ejércitos. 12 Ustedes, mientras tanto, profanan mi Nombre cuando dicen: “La mesa del Señor está sucia y su comida no sirve para nada.” 13 Y se quejan de que no les gusta y me desprecian, dice el Señor. Ustedes toman para ofrecérmelo en sacrificio un animal robado, cojo o apestado. ¿Creen que les voy a aceptar eso? 14 Maldito sea el tramposo que, teniendo en su rebaño un toro, luego de prometérmelo, me sacarifica una bestia raquítica. Porque el rey grande soy yo, y mi Nombre será respetado en todas las naciones, dice Yavé de los Ejércitos.

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1 1 Con estas palabras escritas por Malaquías, se dirigió Yavé a Israel para decirle: Yo los he amado. 2 Pero ustedes dicen: ¿”En qué has demostrado ese cariño? Por eso les pregunta Yavé: ¿No era Esaú hermano de Jaco b? 3 Pues bien, yo le tuve cariño a Jacob, pero le tomé odio a Esaú, si no, miren como dejé sus montañas desoladas y abandoné sus tierras a los chacales del desierto. 4 Si Edom afirma que empezará a a reconstruir sus ruinas, a pesar de haber sido destruidas, Yavé de los Ejércitos les advierte: “¿Qué sacan con reconstruir, si yo se lo demoleré? A ustedes los llamarán “país maldito” y “nación con la que Yavé se ha disgustado para siempre”. 5 Con sus propios ojos podrán ustedes comprobar esto; entonces exclamarán: “El poder de Yavé traspasa las fronteras de Israel:”

¿Por qué me faltan el respeto?

6 El hijo honra a su padre; el servidor respeta a su patrón. Pero si yo soy padre, ¿dónde está la honra que se me debe? O si yo soy su patrón, ¿dónde está el respeto a mi persona? Esto es lo que Yavé de los Ejércitos quiere saber de ustedes, sacerdotes que desprecian su Nombre. Pero ustedes sólo preguntan: “¿En qué hemos menospreciado tu Nombre?”
7 Ustedes además presentan sobre mi altar alimentos impuros y todavía se atreven a decir: “¿En qué te hemos profanado?” Lo han hecho cuando han pensado que mi mesa no merece respeto. 8 Cuando ustedes traen para sacrificarla una bestia ciega, o cuando presentan una coja o enferma, ¿creen que actúan bien? Llévenselas al gobernador a ver si queda contento o si los recibe bien a ustedes, dice Yavé de los Ejércitos.
9 Ahora, pues, imploran a Dios para que tenga compasión de nosotros. Pero si por culpa de ustedes nos va mal, ¿creen ustedes que los atenderá? 10 ¿Quién de ustedes cerrará las puertas del templo para que no vengan más ustedes a encender mi altar inútilmente? Pues ustedes ahora sólo me molestan, les dice Yavé de los Ejércitos, y me desagradan totalmente sus ofrendas. 11 Desde donde sale el sol hasta el ocaso, en cambio, todas las naciones me respetan y en todo el mundo se ofrece a mi Nombre tanto el humo del incienso como una ofrenda pura. Porque mi fama se extiende por todos los países, sostiene Yavé de los Ejércitos. 12 Ustedes, mientras tanto, profanan mi Nombre cuando dicen: “La mesa del Señor está sucia y su comida no sirve para nada.” 13 Y se quejan de que no les gusta y me desprecian, dice el Señor. Ustedes toman para ofrecérmelo en sacrificio un animal robado, cojo o apestado. ¿Creen que les voy a aceptar eso? 14 Maldito sea el tramposo que, teniendo en su rebaño un toro, luego de prometérmelo, me sacarifica una bestia raquítica. Porque el rey grande soy yo, y mi Nombre será respetado en todas las naciones, dice Yavé de los Ejércitos.

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Amenazas a los sacerdotes

2 1 Para ustedes, sacerdotes, también esta advertencia. Si no la escuchan ni se preocupan de glorificar mi nombre, dice Yavé de los Ejércitos, les lanzaré la maldición y maldeciré también sus bendiciones.
2 Yo maldeciré porque ninguno de ustedes toma su oficio en serio. 3 Ahora mismo voy a quebrarles el brazo, a tirarles a la cara basura, la basura de sus ceremonias, y a barrerlos junto con ellas. 4 Y comprobarán que yo he sido quien les hizo esta advertencia para poner fin a mi alianza con Leví, declara Yavé de los Ejércitos.
5 En mi alianza con él se hablaba de vida y de paz, y se las concedí, se hablaba también de respeto y él me respetó y reverenció mi Nombre. 6 Su boca enseñaba la verdadera doctrina y nada perverso salía de sus labios; marchaba de acuerdo conmigo siendo tranquilo y correcto, y apartó a muchos del mal. 7 Porque los labios del sacerdote deben proporcionar la ciencia y en su boca se debe encontrar la ley, pues es el mensajero de Yavé de los Ejércitos.
8 Pero ustedes, declara Yavé de los Ejércitos, se han desviado de mi camino, con su enseñanza han hecho caer a muchos, así han roto ustedes la alianza de Leví. 9 Por eso yo permití que todo el pueblo los despreciara y los considerara indignos, debido a que ustedes se separaron de mí y favorecieron a unos más que a otros con sus fallos.
10 ¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado a todos un mismo Dios? ¿Por qué, entonces, cada uno de nosotros traiciona a su hermano, profanando la Alianza de nuestros padres?
11 Judá ha cometido una traición, un gran pecado se ha cometido en Israel y en Jerusalén. Judá ha profanado el santuario preferido de Yavé, casándose con la hija de un dios extranjero. 12 ¡Que Yavé arranque de las tiendas de Jacob al que haga esto, que no haya nadie que lo defienda en los tribunales ni nadie que presente por él una ofrenda a Yavé.

Respeto al matrimonio

13 Además ustedes cometen otra falta: Como Yavé se niega a mirar sus ofrendas y no quiere recibírselas, entonces ustedes se ponen a llorar y a gemir cubriendo con lágrimas el altar. 14 Y luego se preguntan: “¿Por qué será?”
Porque Yavé es testigo que tú has sido infiel con tu esposa, a la que amabas cuando era joven. Ella, a pesar de todo, ha sido tu compañera y con ella te obliga un compromiso. 15 ¿No ha hecho Dios, de ambos un solo ser que tiene carne y respira? Y este ser único, ¿qué busca sino una familia dada por Dios? No traiciones, pues, a la mujer de tu juventud.
16 Odio el divorcio, dice Yavé, Dios de Israel, y al adúltero que aparenta ser un hombre bueno. Tengan, pues, mucho cuidado y no cometan tal traición. 17 Ustedes aburren a Yavé con sus discursos y todavía dicen: “¿En qué le hemos molestado?” Ustedes lo molestan cuando afirman que Yavé mira complacido a cuantos actúan mal, ya que les va bien en todo, o cuando se preguntan: “¿Dónde estará el Dios que hace justicia?”

3

Envío a mi mensajero, que preparará mi venida

3 1 Miren cómo envío a mi mensajero para que vaya delante d emí despejándome el camino; pues pronto entrará en su santuario el Señor que ustedes piden. Fíjense que ya llega el Rey de la Alianza que ustedes tanto desean, dice Yavé de los Ejércitos. 2 ¿Quién podrá mantenerse en pie cuando aparezca? Pues él es como el fuego de una fundición y como la lejía que se usa para blanquear.
El actuará en consecuencia, como un fundidor o como un lavandero. 3 Purificará a los hijos de Leví y los refinará como se hace con el oro y la plata. Así Yavé tendrá sacerdotes que le presenten la ofrenda como es debido. 4 Entonces Yavé aceptará con gusto la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como ocurría antiguamente, en épocas pasadas.
5 Así amenaza Yavé de los Ejércitos: Me instalaré entre ustedes para hacer justicia y exigiré un castigo inmediato para los hechiceros y los adúlteros, para los que hacen falsos juramentos, para los que abusan del asalariado, de la viuda y del huérfano, para los que no respetan los derechos del extranjero, y hacen todo esto sin inmutarse siquiera.

6 Porque yo, Yavé, en nada he cambiado, igual que ustedes, hijos de Jaco que todavía no terminan… 7 En efecto, desde los tiempos de sus antepasados, ustedes se han apartado de mis ordenanzas y no las han practicado. Vuelvan a mí y yo volveré a ustedes, les asegura Yavé de los Ejércitos. Pero ustedes preguntan: “¿Por qué tenemos que volver?” 8 Puede acaso un hombre engañar a Dios? Pues justamente ustedes que se creen inocentes, ustedes me están metiendo trampas con los diezmos y tributos sagrados, 9 Por eso los maldigo, a todos ustedes israelitas, que son unos tramposos. 10 Entreguen, pues, la décima parte de todo lo que tienen al tesoro del templo, para que haya alimentos en mi casa. Traten después de probarme, les propone Yavé de los Ejércitos, para ver si les abro las compuertas del cielo o si derramo para ustedes la lluvia bendita hasta la última gota. 11 Yo espantaré a la langosta para que no devore sus campos ni se seque la viña de su propiedad, les promete Yavé de los Ejércitos. 12 Entonces vendrán a felicitarlos todas las naciones, pues ustedes serán un país privilegiado.
13 Ustedes se expresan de mí muy duramente, dice Yavé, a pesar de que tratan de excusarse de que nada malo han dicho de mí. 14 Pues ustedes dicen que es tontería servir a Dios y que nada se gana con observar sus mandamientos o con llevar una vida austera en su presencia. 15 Por eso, ahora, ustedes llaman felices a los poderosos, pues los que actúan mal tienen éxito en todo, e incluso si provocan a Dios, no les pasa nada.”
16 Entonces los que respetan a Yavé se pusieron a conversar entre sí. Yavé supo, al oírlos, de qué conversaban. Mandó, enseguida, que en un libro se anotaran los nombres de aquellos que lo respetaban y reverenciaban su Nombre.
17 Ellos serán mis preferidos, dice Yavé de los Ejércitos, el día en que yo actúe. Y tendré compasión de ellos como la tiene un padre con su hijo obediente. 18 Entonces podrán ustedes distinguir entre un bueno y un malo, entre el que obedece a Dios y el que lo desobedece.

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4 19 Porque ya llega el día, ardiente como un horno. Todos los orgullosos y los que hacen el mal serán quemados como paja por el fuego de ese día. No quedará de ellos ni ramas ni raíces. 20 Pero, en cambio, para ustedes que respetan mi Nombre, brillará el sol de justicia, que traerá en sus rayos la salud; ustedes saldrán saltando como terneros que están en engorda. 21 Pisotearán, además, a los malvados, que serán como ceniza esparcida en el camino de ustedes, cuando yo actúe, dice Yavé.

Pronto les enviaré a Elías

22 Acuérdense de la Ley de Moisés, mi servidor, a quien entregué en el Cerro Horeb leyes y ordenanzas para todo Israel. 23 Les voy a enviar, también, al profeta Elías, antes que llegue el día de Yavé, que será grande y temblé. 24 El reconciliará a los p adres con los hijos y a éstos con sus padres, para que, cuando yo llegue, no tenga que maldecir a este país.”

DANIEL

EL LIBRO DE DANIEL

El autor del libro de Daniel debió de ser uno de los maestros de la Ley que, en tiempo de la gran persecución del tiempo de los Macabeos, animó la resistencia espiritual de su pueblo. Y, seguramente, se incluía a sí mismo dentro de esos guías de la fe a los que premiaría en forma especial (Dn 11,33 y 12,3). Mientras los Macabeos encabezaban la resistencia armada al opresor; estos maestros de la Ley, desconfiados ya de la política y de las armas, se conformaban con dar el ejemplo de la fidelidad a la Alianza de Dios y a sus leyes.
El núcleo de su mensaje está en los capítulos 7-12 y podrían resumirse como sigue:
- La gran persecución contra el pueblo judío hace parte del plan de salvación.
- Los reyes perseguidores, y en especial Antíoco Epifanes, tantas veces recordado en forma figurada, no conseguirán destruir al pueblo creyente.
- Y luego, después de la persecución, llegará el Reino de Dios.
Pero también adaptó a su mensaje las historias que reunió en los capítulos 1.6. Estas historias enseñaban a los judíos establecidos en los países extranjeros y, a veces, funcionarios de sus reyes, que en ningún caso podían transigir con las exigencias de su fe y las prácticas de su Ley, tanto en el comer (1,8), como en el repudio a los cultos idolátricos (2 y 6).
En el libro de Daniel, tres pasajes son más famosos. En 7,9-14 el texto referente al Hijo del Hombre, Jesús se refiere a este texto al presentarse como el Hijo del Hombre (Mc 13,26 y 14,62). En otro párrafo (Dn 12,1-3) se anuncia la resurrección de los muertos. También la profecía de 9,21-27 se ha prestado para innumerables comentarios respecto del fin del mundo. Pero veremos que ahí se trata de todo menos del fin del mundo.

¿EXISTIÓ DANIEL?

La comunidad judía que reunió los libros de la Biblia puso el libro de Daniel, no al lado de los profetas del siglo VI (en que Daniel habría vivido), sino entre los libros del de enseñanza religiosa. Y actuaron en esta forma por ser muy conscientes de que la “historia” de Daniel y sus visiones no era un relato histórico, sino una ficción literaria.
Debemos saber que, en los dos siglos anteriores a Cristo, estuvo de moda esta manera de hablar delos hechos que se estaban viviendo como si Dios los hubiera dado a conocer a algún personaje famoso de tiempos pasados. Entonces contaban las visiones de este personaje, que anunciaban veladamente los hechos de la actualidad y, luego, este vidente recibía de Dios la interpretación religiosa de estos acontecimientos: el plan salvador de Dios se iba cumpliendo.
Había entonces un arte de disponer las cifras simbólicas (tres y medio, seis, siete, diez), de usar colores simbólicos (el blanco era signo de victoria), de hacer intervenir los ángeles. Esta categoría de libros se llamaban apocalipsis, o sea, revelaciones. Hay dos apocalipsis en la Biblia: la de Daniel y la de Juan.
Daniel era, en los escritos del Oriente, el nombre de un sabio antiguo (Ez 14,14). De ahí se forjó el personaje de Daniel, profeta y sabio, que hubiera vivido entre los desterrados a Babilonia, cuyas palabras y ejemplos debían ilustrar a los judíos en contacto con los paganos.

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1 1 En el tercer año del reino de Joaquim, rey de Judá, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra Jerusalén y la sitió. 2 El Señor entregó en sus manos a Joaquim y gran parte de los vasos del templo de Dios y los trasladó a tierra de Senaar a la casa de sus dioses y los puso en el tesoro de sus dioses.
3 El rey dijo a Asfenaz, jefe de su personal, que trajera algunos israelitas de la descendencia de sus reyes y de los nobles. 4 Estos debían ser ningún defecto, debían tener buena presencia y ser de buen juicio, bien instruidos y bien educados. Permanecerían en el palacio del rey, donde se les enseñaría la lengua y la escritura de los caldeos.
5 El rey dispuso que todos los días se les diera comida de la preparada para la gente del palacio y vino del que ellos bebían. Después que fueran mantenidos por espacio de tres años, servirían en la presencia del rey. 6 Entre ellos estaban estos judíos: Daniel, Ananías, Misael y Azarías. 7 El jefe de los funcionarios les puso los nombres siguientes: a Daniel el de Belsasar; a Ananías el de Sidrac, a Misael el de Sisac; y a Azarías el de Abdénago.

Como Daniel se negó a comer alimentos impuros

8 A los del palacio se les servían alimentos y bebidas que Daniel no quería tomar, por estar prohibidas por su ley. Pidió entonces permiso al jefe de los funcionarios del palacio para no comer estas cosas que lo habrían manchado.
9 Dios hizo que Daniel lograra la simpatía de su jefe. 10 Sin embargo, èste respondió: “Ya que el rey, mi señor, fijó personalmente lo que deben comer y beber, temo que me eche la culpa y me castigue, si al llegar los encuentra más delgados que los jóvenes de su edad.” 11 Daniel dijo entonces al sirviente designado para su cuidado: 12 “Te ruego que nos pongas diez días a prueba. Nos darás de comer legumbres, y agua como bebida. 13 Después podrás observar si los jóvenes que comen de la mesa del rey tienen mejor aspecto que nosotros. Entonces harás lo que te parezca.”
14 El sirviente aceptó y los puso a prueba durante diez días. 15 Cumplido el plazo, vio que tenían mejor aspecto que todos los jóvenes que comían los alimentos del palacio. 16 Desde entonces, el sirviente retiraba la comida y el vino y les daba legumbres y agua. 17 A estos cuatro jóvenes, Dios les concedió sabiduría e inteligencia, tanto para las letras como para la filosofía. Lo que es Daniel, sabía explicar sueños y visiones.

18 Cumplido el plazo fijado por el rey para que le presentaran los jóvenes, el mayordomo los llevó ante Nabucodonosor. 19 El rey conversó con ellos, y entre ellos no sé encontró ningún otro como Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Por eso, quedaron al servicio del rey. 20 En cuantas cosas de sabiduría y de inteligencia les consultó el rey; los encontró diez veces superiores a todos los magos y adivinos que había en todo su reino. 21 Daniel se quedó hasta allí hasta el año primero del rey Ciro.

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El sueño de Nabucodonosor

2 1 El año doce de su reinado, Nabucodonosor tuvo un sueño que lo inquietó hasta el punto de no dejarlo dormir. 2 El rey mandó llamar brujos y magos, astrólogos y adivinos, para que explicaran sus sueño. Vinieron y se presentaron al rey. 3 Este les dijo: Tuve un sueño y no estaré tranquilo mientras no sepa lo que significa.”
4 Los adivinos respondieron: “Viva el rey eternamente. Cuéntanos tu sueño y nosotros te lo explicaremos.” 5 El rey respondió a sus magos: “No olviden lo que tengo decidido. Si no me dan a conocer el sueño y su interpretación, sus cuerpos serán destrozados y sus casas destruidas. 6 Pero el que me dé a conocer el sueño y su interpretación recibirá de mí regalos, obsequios y grandes honores. Así, pues, díganme cuál fue el sueño y cuál es su interpretación.
7 Los caldeos respondieron como la primera vez: “Cuente el rey, el sueño a sus servidores, y nosotros le daremos la interpretación.”
8 El rey replicó: “Veo que lo que quieren es ganar tiempo, al conocer ya mi decisión. 9 Si no me dan a conocer el sueño, todos serán castigados. Seguramente se han puesto de acuerdo para decirme palabras mentirosas y falsas para ganar tiempo. Pero díganme ahora el sueño, y estaré seguro de la explicación que me darán después.” 10 Los adivinos contestaron: “No hay nadie en el mundo capaz de hacer lo que el rey pide, y por eso ningún rey; por grande y poderoso que sea, hace tal pregunta a ningún mago, adivino o astrólogo. 11 Lo que el rey pide es imposible y nadie se lo dirá. Solo los dioses pueden hacerlo, pero ellos no viven entre los hombres.” 12 El rey se enfureció y mandó ejecutar a todos los sabios de Babilonia. 13 Una vez promulgada esta sentencia de muerte contra los sabios, buscaron también a Daniel y sus compañeros para matarlos.
14 Pero Daniel se dirigió con palabras sabias y prudentes a Aryok, jefe de la guardia real, que debía ejecutar a los sabios de Babilonia, 15 y le preguntó: “¿por qué ha dado el rey un decreto tan riguroso?” Aryok explicó el asunto a Daniel, 16 el cual fue a decir al rey que si le daba un plazo, él le indicaría el significado de su sueño. 17 Daniel regresó a su casa y comunicó el asunto a sus compañeros. 18 Los invitó a implorar la misericordia de Dios acerca de este sueño misterioso para que no se les diera muerte a ellos, junto con los otros sabios de Babilonia.
19 Y en una visión nocturna Dios reveló el sueño misterioso de Nabucodonosor a Daniel. Por lo cual Daniel bendijo al Dios de de los Cielos, 20 y dijo: “Bendito sea Dios por los siglos de los siglos, ya que suyo es el saber, y suya la fuerza, 21 él ordena los tiempos y los acontecimientos, da el poder a los reyes o se lo quita, da a los sabios sabiduría, y ciencia a los entendidos.”

22 El revela los misterios y los secretos,
conoce lo que ocultan las tinieblas.
donde esta El, está la luz.
23 Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has concedido el saber y la inteligencia, y ahora me has manifestado lo que te habíamos pedido, y nos has dado a conocer el asunto del rey.
24 Después de esto, Daniel se fue donde Aryok, a quien el rey había mandado matar a los sabios de Babilonia. Al presentarse, le dijo: “No mates a los sabios de Babilonia. Antes bien, llévame a la presencia del rey y yo le daré la interpretación. 25 Aryok se apresuró a introducir a Daniel diciendo al rey: “Encontré entre los desterrados judíos a un hombre que p retende dar al rey la interpretación.”
26 Tomó el rey la palabra y dijo a Daniel (por sobrenombre Belsasar): “¿Eres capaz de decirme el sueño que tuve y de interpretarlo?”

Daniel interpreta el sueño

27 Daniel tomó la palabra en presencia del rey y dijo: “El misterio que el rey quiere saber, no hay sabios, magos, adivinos ni astrólogos que se lo puedan revelar, 28 pero hay un Dios en el cielo qe descubre los misterios y que ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los tiempos. Estos eran tu sueño y tus visiones cuando estabas en tu cama.
29 ¡Oh rey!, los pensamientos que perturban tu sueño se refieren al futuro; Dios que revela los secretos, te lo da a conocer.
30 A mí se me ha revelado este secreto, no porque tenga una sabiduría superior a la de los mortales, sino con el fin de que todos conozcan la interpretación de tu sueño.
31 Tú veías una estatua enorme, de extraordinario brillo y aspecto terrible, que se levantaba delante de ti. 32 La cabeza de esta estatua era de oro puro, el pecho y los brazos de plata, las caderas y el vientre de bronce, 33 las piernas de hierro, los pies parte de hierro y parte de loza. 34 Tú estabas mirando la estatua cuando de repente una piedra se desprendió, sin haber sido lanzada por ninguna mano, y vino a chocar contra los pies de hierro y loza de la estatua, haciéndola pedazos.
35 Entonces todo a la vez quedó como polvo, el hierro, la loza, el bronce, la plata y el oro, como capotillo de la cosecha, y el viento se lo llevó sin que quedara rastro. 36 En cuanto a la piedra que chocó la estatua, se convirtió en un cerro muy grande que llenó toda la tierra.
37 Tal fue tu sueño. Ahora lo voy a explicar:
38 A ti, ¡oh, rey! el más poderoso entre todos los reyes, Dios te ha dado el reino, el imperio, el poder y la gloria. Los hombres, los animales y los pájaros, dondequiera que habiten, los ha puesto Dios bajo tu mano. Dios te ha hecho su soberano y, por eso, la cabeza de oro eres tú. 39 Después de ti seguirá otro reino inferior al tuyo, y luego un tercer reino como el bronce que dominará la tierra entera. 40 Habrá uncuarto reino, duro como el hierro. El romperá todo, igual que el hierro, que todo lo hace pedazos. 41 Lo que viste de los pies y los dedos, parte de loza y parte de hierro, 42 significa que este reino va a ser dividido, y que será en parte fuerte y en parte débil. 43 Será unido en la persona de su rey, pero sus pueblos no se unirán, de la misma manera que el hierro no se mezcla con la loza.
44 En tiempos de estos reyes, Dios hará surgir un Reino que jamás será destruido. Este Reino no pasará a otras manos, sino que pulverizará y destruirá a todos estos reinos y él permanecerá eternamente. 45 Es el significado de la piedra que has visto desprenderse del monte sin ayuda de ninguna mano, y que redujo a polvo el hierro, el ronce, la loza, la plata y el oro.
El Dios grande te ha revelado lo que ha de venir. ¿No es cierto que éste fue tu sueño? Entonces puedes estar seguro de la explicación.”
46 Al oír esto, el rey Nabucodonosor se arrodilló delante de Daniel y ordenó que se le ofreciera un regalo.

47 El rey dijo a Daniel: “Verdaderamente el Dios de ustedes es el Dios de los dioses y el Señor de los reyes, el revelador de los misterios, puesto que tú pudiste explicar este misterio.”
48 Y el rey concedió a Daniel un cargo importante y le dio muchos y magníficos regalos. Lo hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo de todos los sabios. 49 Daniel, pues, influyó ante el rey para que encargara la administración de la provincia de Babilonia a Sidrac, Misac y Abdénago, quedando Daniel a disposición del rey.

3

La estatua de oro

3 1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro de treinta metros de alto por tres metros de ancho, y la colocó en el llano de Dura, en la provincia de Babilonia.
2 El rey Nabucodonosor mandó a los funcionarios, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, jueces y abogados de toda la provincia, para que se reunieran y asistieran a la inauguración de la estatua.
3 Se reunieron, pues, los funcionarios, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, abogados y jueces y todas las autoridades provinciales, para la dedicación de la estatua levantada por el rey Nabucodonosor.
4 Un mensajero proclamó con voz fuerte: “Hombres de toda raza, nación y lengua, 5 en el momento en que oigan la trompeta, la flauta, la cítara, l a sambuca, el salterio, la zampoña y cualquier música, ustedes tendrán que postrarse y adorar la estatua de oro erigida por el rey Nabucodonosor. 6 Los que no se postren y la adoren, serán echados inmediatamente a un horno de fuego ardiente.”
7 Por eso, en cuanto se oyó la trompeta, la flauta, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda clase de música, estos hombres de todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro erigida por el rey Nabucodonosor.

Denuncia y condena de los judíos

8 Algunos magos, sin embargo, fueron a denunciar a los judíos. 9 Dijeron al rey Nabucodonosor: “¡Viva el rey eternamente! 10 Tú, ¡oh rey! Has ordenado que al oír las trompetas, todos se postren y adoren a la estatua de oro, 11 y que aquellos que no se postren para adorarla sean arrojados en el horno ardiente. 12 Hay algunos judíos –Sidrac, Misac y Abdénago- a los que has encargado la administración de la provincia de Babilonia, y que no te han hecho caso; no sirven a los dioses y no adoran la estatua de oro que has levantado.”
13 Enfurecido, Nabucodonosor mandó a llamar a Sidrac, Misac y Abdénago. 14 El les dijo: “¿Es verdad que ustedes no veneran a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo he levantado? 15 ¿Están dispuestos ahora, cuando oigan el son de la trompeta y demás instrumentos musicales, a postrarse y adorar la estatua que he fabricado? Si no, serán inmediatamente arrojados al horno ardiente. Y entonces, ¿qué Dios los podrá librar de mis manos?”
16 Sidrac, Misac y Abdénago respondieron al rey. Le dijeron: “No necesitamos contestar sobre esto. 17 Si nuestro Dios, a quien servimos, quiere librarnos, nos librará del horno y de tus manos. 18 Si no lo hace, tienes que saber que de todas maneras no serviremos a tus dioses ni adoraremos tu estatua.” 19 Entonces el rey cambió de actitud con respecto a ellos y se enfureció. Ordenó que se calentara el horno siete veces más de lo corriente. 20 Mandó hombres fuerte de su ejército a que los ataran y arrojaran al horno ardiente. 21 Y así fueron arrojados con sus ropas, mantos, pantalones y sombreros.
22 Como la orden del rey era terminante y el horno estaba excesivamente encendido, la llamarada mató a los hombres que habían llevado a Sidrac, Misac y Abdénago, 23 y estos tres cayeron, atados, en medio del horno de fuego ardiente.
24 Sin embargo, iban por entre las llamas alabando a Dios y bendiciendo al Señor. 25 Y Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así:

26 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza,
que tu Nombre sea glorificado eternamente.
27 Porque eres justo en todo lo que has hecho,
todas tus obras son verdaderas,
rectos todos tus caminos,
y verdaderos todos tus juicios.

28 Has llevado a efecto una sentencia justa al traer el mal sobre nosotros y sobre Jerusalén, la Ciudad Santa de nuestros padres. Has obrado conforme a la verdad y la justicia, para castigo de nuestros pecados.
29 Porque hemos pecado y obrado perversamente alejándonos de ti. Pecamos mucho en todo y no dimos oído a tus mandamientos. 30 No los observamos y no cumplimos lo que nos mandabas para nuestro bien.
31 Todos los males que has traído sobre nosotros, todo lo que nos has hecho, lo has hecho conforme a tu justa sentencia.
32 Nos entregaste en manos de nuestros enemigos, gente sin ley, pésimos impíos, en manos de un rey injusto, el más perverso de toda la tierra.
33 Y hoy no podemos abrir la boca, la vergüenza y la humillación han alcanzado a los que te sirven y te adoran.
34 No nos abandones para siempre, por amor de tu Nombre, no rechaces tu alianza.
35 No nos retires tu misericordia, por Abraham, tu amigo, por Isaac, tu siervo, por Israel, tu santo, 36 a quienes tú prometiste multiplicar su raza como las estrellas del cielo y como la arena de la orilla del mar.
37 Porque, Señor, hemos pasado a ser la nación más pequeña de toda la tierra y somos humillados a causa de nuestros pecados.
38 En esta hora ya no tenemos rey, ni profeta, ni jefe, no podemos ofrecerte víctimas, sacrificios, ofrendas ni incienso. No tenemos un lugar en que presentarte las primicias de nuestras cosechas y así conseguir tu favor.
39 Pero, a lo menos, que al presentarnos con alma contrita y espíritu humillado te seamos agradables, más que cuando íbamos con carneros y becerros consumidos por el fuego y con miles de gordos corderos.
40 Que hoy este sacrificio nuestro nos consiga tu favor, pues sabemos que los que confían en ti jamás serán defraudados.
41 Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. No nos dejes en la humillación, 42 sino que trátanos de acuerdo a tu bondad y según la abundancia de tu misericordia. 43 Líbranos de acuerdo a tus maravillas, y da, señor, gloria a tu Nombre.
44 Queden confundidos los que maltratan a tus siervos, sean cubiertos de vergüenza, privados de todo su poder, 45 aplasta tú su fuerza, y sepan que tú eres el único Dios y Señor, glorioso por toda la tierra.

46 Los siervos del rey, que los habían arrojado al horno, no cesaban de atizar el fuego con petróleo, alquitrán, estopa y sarmientos, 47 tanto que las llamas se elevaban por encima del horno unos veinticinco metros, 48 y al extenderse abrasó a los caldeos que se encontraban alrededor del horno.
49 Pero el ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y sus compañeros, empujó fuera del horno la llama de fuego, 50 y los sopló, en medio del horno, como una frescura de brisa y de rocío, de modo que el fuego no los tocó ni les causó dolor ni molestia.
51 Entonces los tres, a coro, se pusieron a cantar, glorificando y bendiciendo a Dios dentro del horno, y diciendo:

52 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, alabado y exaltado eternamente.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre, cantado y exaltado eternamente.
53 Bendito seas en el templo de tu santa gloria, cantado y alabado eternamente.
54 Bendito seas en el trono de tu reino, cantado y glorificado eternamente.
55 Bendito seas tú, que sondeas los abismos, que te sientas sobre querubines, alabado y ensalzado eternamente.
56 Bendito seas en el firmamento del cielo, alabado y glorificado eternamente.
57 Obras todas del Señor, bendíganlo, alábenlo y ensálcenlo eternamente.
58 Angeles del Señor, bendíganlo, alábenlo y glorifíquenlo eternamente
59 Cielos, bendigan al Señor, bendíganlo, alábenlo y glorifíquenlo eternamente.
60 Aguas todas del cielo, bendigan al Señor, bendíganlo, alábenlo y glorifíquenlo eternamente.
61 Potencias todas del Señor,bendigan al Señor, bendíganlo, alábenlo y glorifíquenlo eternamente
62 Sol y luna,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
63 Astros del cielo,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
64 Lluvia y rocío
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
65 Vientos todos,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
66 Fuego y calor,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
67 Frío y ardor,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
68 Rocíos y escarchas,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
69 Hielos y frío,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
70 Heladas y nieves
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
71 Noches y días,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
72 Luz y tinieblas,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
73 Rayos y nubes,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
74 Tierra,
alábalo y ensálzalo eternamente.
75 Montes y cerros,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
76 Todo lo que brota en la tierra,
alábalo y ensálzalo eternamente.
77 Vertientes,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
78 Mares y ríos,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
79 Ballenas y peces,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
80 Aves todas del cielo,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
81 Fieras y animales,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
82 Hijos de los hombres,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
83 Israel, alábalo y ensálzalo eternamente.
85 Sacerdotes del Señor,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
85 Servidores del Señor,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
86 Espíritus y almas de los justos,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
87 Santos y humildes de corazón,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
88 Ananías, Azarías, Misael, bendigan al Señor,
alábenlo y ensálcenlo eternamente.
89 Porque él nos ha arrancado del infierno, nos ha salvado de manos de la muerte,
nos ha librado del horno de ardientes llamas,
y nos ha sacado de en medio de ellas.

90 Den gracias al Señor, porque es bueno, porque su misericordia es eterna.
91 Entonces el rey Nabucodonosor, muy asombrado, se levantó de repente y preguntó a sus consejeros: “¿No echamos al fuego a estos tres hombres atados?” Ellos respondieron: “Indudablemente.” 92 Dijo el rey: “Pero yo estoy viendo a cuatro hombres que se pasean libremente por el fuego, sin sufrir ningún daño, y el cuarto tiene el aspecto de un hijo de los dioses.”
93 Y Nabucodonosor se acercó a la boca del horno ardiente y dijo: “Sidrac, Misac y Abdénago, servidores del Dios Altísimo, salgan y vengan acá.” Entonces ellos salieron de en medio del fuego.
94 Funcionarios, prefectos, gobernadores y consejeros del rey se acercaron para verlos: el fuego no había tenido ningún poder sobre su cuerpo, sus cabellos no estaban chamuscados, sus pantalones no habían sufrido ningún daño o ni siquiera tenían olor a humo. 95 Nabucodonosor exclamó: “Bendito sea el Dios de Sidra, Misca y Abdénago que envió a su ángel a librar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron la orden del rey y entregaron su cuerpo al fuego antes que servir y adorar a ningún otro fuera de su Dios.
96 Yo ordeno, pues: De toda raza, nación y lenguaje, todo aquel que hable de forma irreverente del Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, será cortado en pedazos y su casa será destruida porque no hay otro dios que pueda salvar de este modo.”
97 Y el rey hizo progresar a Sidrac, Misac y Abdénago en la provincia de Babilonia.

El sueño y la locura de Nabucodonosor

98 Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, a todas las naciones y a todos los hombres de la tierra, sea cual fuere su idioma: Paz. 99 Me ha parecido bien darles a conocer las señales y milagros que ha hecho en mí el Dios Altísimo.
100 ¡Qué grandes son sus prodigios,
Qué poderosos sus milagros!
Su reino es un reino eterno,
su imperio abarca a todas las generaciones.

sábado, 23 de octubre de 2010

4

4 1 Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa y vivía contento en mi palacio, cuando tuve un sueño que me aterrorizó. 2 Las pesadillas que tuve en mi cama y las visiones que me pasaron por la mente me aterraron. 3 Entonces di orden que trajeran a mi presencia, a todos los sabios de Babilonia para que me explicaran el sueño.
4 Vinieron magos, adivinos y astrólogos y, en su presencia, conté el sueño, pero no supieron explicármelo. 5 Después se presentó Daniel ante mí, por sobrenombre Belsasar, según el nombre de mi dios, pues en él reside el espíritu de los dioses santos, yo le conté el sueño en esta forma: 6 Belsasar, jefe de los magos, sé que posees el espíritu del Dios santo y que ningún misterio te ofrece dificultad: mira el sueño que tuve y explícamelo:
7 En mi cama soñaba así: Había un árbol en el centro de la tierra, de altura muy grande.
8 El árbol creció, se hizo corpulento, llegó hasta el cielo, y desde los confines de la tierra podían verse sus ramas
9 Su ramaje era hermoso y su fruto abundante, había en él comida para todos, a su sombra se protegían los animales del campo, en sus ramas anidaban los pájaros del cielo y todos los seres vivos se alimentaban de él. 10 Yo contemplaba esta visión interior, cuando un ángel, un santo, bajó del cielo.
11 Con voz fuerte gritaba: Derriben el árbol, corten sus ramas, arranquen sus hojas y tiren sus frutos, que se vayan las bestias de debajo de él y las aves también. 12 Pero dejen en tierra el tronco y las raíces atados con hierro y bronce, entre la hierba del campo; que lo bañe el rocío del cielo, y participe con los animales de la tierra. 13 Que su corazón deje de ser humano, y se le dé un corazón de bestia y pasen siete tiempos sobre él.
14 Es la sentencia dictada por los ángeles, la cuestión decidida por los santos para que todo ser viviente sepa que el Altísimo está más arriba que cualquier autoridad humana; él da el poder a quien le agrada y exalta al más humilde de los hombres.
15 Así fue el sueño que tuve yo, el rey Nabucodonosor. Tú, Belsasar, explícamelo, ya que ninguno de los sabios de mi reino ha podido darme su interpretación; pero, tú puedes, porque en ti reside el espíritu de los dioses santos.
16 Entonces, Daniel, por sobrenombre Beltsasar, quedó un instante aturdido y pareció muy turbado. El rey tomó la palabra y dijo: “Belsasar, ¿qué hay en ese sueño o en su interpretación que te turbe tanto?” Respondió Belsasar: “Señor mío, ¡ojalá que este sueño sea para tus enemigos y su contenido se refiera a tus adversarios!”
17 El árbol que viste, que se hizo grande y corpulento, cuya altura llegaba hasta el cielo y que era visible en toda la tierra, 18 que tenía hermoso ramaje y fruto abundante en el que había alimentos para todos, bajo el cual se refugiaban los animales del campo y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo, 19 este árbol eres tú, oh rey, cuyo poder ha crecido llegando hasta el cielo y cuyo imperio se extiende hasta los confines de la tierra. 20 En cuanto a lo que ha visto el rey: un ángel, un santo que bajaba del cielo y decía: “Corten el árbol, destruyéndolo, pero tronco y las raíces déjenlos en tierra, con ataduras de hierro y bronce; entre la hierba del campo, que lo moje el rocío del cielo y participe de la suerte de los animales del campo hasta que hayan pasado por él siete tiempos, mira que voy a explicártelo:
21 Este es el decreto del Altísimo respecto al rey, mi señor: 22 Serás echado de entre los hombres y vivirás con las bestias del campo, comerás hierba como los bueyes, y te bañará el rocío del cielo, siete tiempos pasarán por ti, hasta que reconozcas que el Altísimo está más arriba que cualquier autoridad humana, él da el poder al que le agrada.
23 La orden de dejar el tronco y las raíces significa que recuperarás tu reino cuando reconozcas que todo poder viene del Cielo. 24 Por eso, rey, acepta mi consejo: borra tus pecados con obras de justicia y tus maldades demostrando misericordia con los pobres, tal vez hagas durar tu prosperidad con esto.”
25 Todo esto sucedió al rey Nabucodonosor. 26 Doce meses después, paseándose por la terraza del palacio real de Babilonia, 27 el rey decía: “¿No es está la gran Babilonia que yo edifiqué como mi residencias real, con la fuerza de mi poder y para gloria de su majestad?”
28 Estas palabras estaban aún en la boca del rey, cuando bajó del cielo una voz:
“Rey Nabucodonosor, a ti te hablo, se te acabó el imperio.
29 Serás echado de entre los hombres, vivirás con los animales del campo, comerás hierba como los bueyes, y siete tiempos pasarán por ti, hasta que reconozcas que el Altísimo dispone del poder entre los hombres y que se lo da a quien le agrada.”
30 E inmediatamente se cumplieron sus palabras en Nabucodonosor: fue arrojado de entre los hombres, se alimentó de hierba, como los bueyes, el rocío del cielo mojó su cuerpo, de modo que le crecieron los cabellos como plumas de águila y las uñas como las de las aves.
31 Al cabo del tiempo fijado, yo Nabucodonosor, levanté los ojos al cielo y la razón volvió a mí, entonces bendije al Altísimo:
¡Alabado y glorificado el que vive eternamente, cuyo imperio es eterno, y cuyo reino durará por todas las generaciones!
32 Los habitantes todos de la tierra son ante él como si no contaran. Hace lo que él quiere con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. Nadie puede detener su mano o pedirle cuentas.
33 En ese momento, recobré la razón, recuperé mi trono y empecé nuevamente a gobernar, para gloria de mi reino. Mis consejeros y mis notables me reclamaron, me restablecieron en mi reno y se me dio un poder mayor todavía.
34 Por eso ahora, yo Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del Cielo. Porque todas sus obras son verdaderas, y justos todos sus caminos; él sabe humillar a los que proceden con orgullo.