LA BIBLIA - INTRODUCCIÓN

La Biblia no ha caído del cielo. Aquí están libros que no se proclamaron desde las nubes, con algún parlante celestial, sino que se reunieron pacientemente a lo largo de siglos en el seno del Pueblo de Dios, gracias a la fe de sus minorías más conscientes.

Durante unos 18 siglos, desde Abraham hasta Jesús, el pueblo de Israel descubrió, cada vez con mayor lucidez, que el Dios Único se había ligado a él. Las experiencias de la comunidad nacional, los llamados de esos hombres, llamados profetas, que hablaban de parte de Dios, las inquietudes que se desarrollaban entre los creyentes: todo esto pasó de una que otra manera a esos libros. Y fueron los responsables religiosos de Israel los que recibieron, escogieron y acreditaron estos libros, integrándolos al Libro Sagrado.

Así se formó el Antiguo Testamento de la Biblia.Testamento se refiere a que estos libros era como la herencia más preciosa entregada por Dios a su pueblo escogido.

Después de tantas experiencias, llegó para el pueblo de Israel un tiempo de crisis en que Dios quiso llevarlos de una vez a la madurez de la fe. Para eso vino Jesús. Con él se llevó a cabo la experiencia más trascendental de toda la historia. Jesús, sus esfuerzos para salvar al pueblo judío de una destrucción inminente, su rechazo, su muerte y, luego, su Resurrección: ésta fue la última palabra de Dios.

La trayectoria de Jesús originó la predicación de la Iglesia y los libros que en ella se escribieron. Aquellos libros que fueron aprobados por los responsables de la Iglesia pasaron a integrar el Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento comprende:

LOS CUATRO EVANGELIOS. La palabra Evangelio significa la Buena Nueva. Esos son los libros en que los apóstoles de Jesús escribieron lo que habían visto y aprendido de él.

Luego viene el libro de los HECHOS DE LOS APÓSTOLES, escrito por Lucas, el mismo que escribió el Tercer Evangelio.

Luego vienen más de veinte CARTAS que los apóstoles dirigieron a las primeras comunidades cristianas.

El Antiguo Testamento comprende:

Los LIBROS HISTÓRICOS. Aquí vemos la actuación de Dios para liberar a un pueblo que quier hacer que sea su pueblo. Lo vemos educar a ese pueblo y dar un sentido a su historia nacional. En estos libros se destacan:

El Génesis. El Exodo. El Deuteronomio. Los libros de Samuel.

LOS LIBROS PROFETICOS. Dios interviene en la historia por medio de sus profetas, encargados de transmitir su palabra.

LOS LIBROS DE SABIDURÍA destacan la importancia de la educación y del esfuerzo del individuo para llegar a ser un hombre responsable y un creyente.

Ediciones Paulinas - Verbo Divino

miércoles, 30 de junio de 2010

SALMO 1

Los dos caminos.- Dios, autor de la naturaleza humana, sólo quiere la felicidad del hombre. Es muy significativo que el primer salmo se extienda sobre el tema de la felicidad, así como el primer discurso de Jesús empezará por “felices”.

1 Dichoso el hombre aquel
que no asiste a reuniones de malvados,
ni se para en el camino del pecado,
ni en el banco de los burlones se sienta,
2 mas cumplir la ley de Dios es su alegría,
y murmura su oración de día y de noche.

3 Es como árbol plantado junto al río
que da su fruto a tiempo
y tiene su follaje siempre verde,
pues todo lo que él hace le resulta.

4 No, no pasa así conlos impíos,
que son como la paja
levantada del suelo por el viento.

5 Jamás se librarán de la Justicia
ni con los justos irán los pecadores,
porque el camino del bueno Dios conoce
pero el sendero del impío se pierde.

2

Los dos reinos.- Esta lucha entre los “Reyes de la tierra” y el Elegido de Dios anuncia el libro del Apocalipsis. Pero no hay que identificar totalmente estas fuerzas antagónicas con la Iglesia y los que la combaten, pues es en el corazón de cada hombre donde pasa la frontera entre ellas. Esta lucha es de todos los tiempos, pero, en los años presentes, somos testigos de la oposición cada vez más fuerte de los poderosos a la Iglesia de Cristo y de sus pobres.

1 ¿Para qué meten ruido las naciones
y los pueblos se quejan sin motivo?
2 Se levantan los reyes de la tierra,
y sus jefes conspiran
en contra del Señor y su elegido.
3 ¡Ea, vamos, rompamos sus cadenas
y su yugo quebremos!

4 Aquel que es rey del cielos se sonríe,
mi Dios se burla de ellos.
5 Luego les habla conenojo
y los asusta con su rabia:
6 “Ya tengo consagrado yo a mi rey
en Sión, mi monte santo.”

7 Anunciaré el decreto del Señor
pues él me ha dicho: “Tú eres hijo mío;
hoy te he dado la vida.
8 Pídeme y serán tu herencia las naciones,
tu propiedad los confines de la tierra.
9 Las podrás aplastar con vara de hierro
y romperlas como cántaro de greda.”

10 Y ahora, reyes, entiendan,
corríjanse los jueces de la tierra.
11 Sirvan a Dios con temor
besen, temblando, sus pies.
12 Si él se enojare, ustedes morirán,
pues su cólera estalla en un momento.
felices los que buscan su cariño.

LIBROS DE SABIDURÍA

Estos libros tan diversos se llamaban en la Biblia hebrea “los demás escritos”. Lo más que se puede decir de ellos es que no son históricos, ni proféticos.

Su meta principal es contribuir a la educación personal del creyente.

- Ayudarlo a reflexionar sobre los grandes problemas de la vida: el sufrimiento, la muerte, el más allá: Job, Eclesiastés, Sabiduría.
- Hacerlo más atento y responsable en la vida diaria: Proverbios, Eclesiástico.
- Dispensar una enseñanza religiosa: El Cantar, Rut, Ester, Tobías, Judit, Baruc.

Aunque el libro de los Proverbios tiene partes muy antiguas, los libros de esta categoría fueron escritos en su forma actual en los cinco últimos siglos antes de Cristo, cuando se había acabado el tiempo de los profetas.

Son característicos de un período en que nada notable pareció suceder en la vida modesta de la familia judía. Fueron siglos de maduración lenta y de interiorización de todo el mensaje recibido anteriormente, preparándose para la revelación definitiva de Cristo.

Ya Esdras había intentado reunir los libros sagrados de Israel: La Ley y los Profetas. Los libros de Sabiduría se agregaron a dicha colección para dar al Antiguo Testamento su forma definitiva.

3

¡Cuántos son mis enemigos!.- El rey David, como todo cristiano, tiene un aliado más fuerte que todos sus enemigos juntos: Dios.

2 ¡Oh, Dios! Cuántos son mis enemigos,
Cuántos los que se alzan contra mí,
3 cuántos los que dicen de mi vida:
“Dios no puede ser su salvación.”

4 Mas tú, mi Dios, eres escudo que me ciñes,
mi gloria, que sostienes mi cabeza.
5 A voz en cuello clamo a mi Señor
y él me responde de su monte santo.

6 Yo, sea que me acueste, que me duerma,
o me levante, sé que Dios me ayuda.
7 No temo a los millares de esa gente,
que vienen contra mí de todas partes.

8 ¡Levántate, Señor, sálvame, oh Dios!
Tú les pegas en la cara a mis contrarios
y les rompes los dientes a los malos.
9 ¡La salvación es cosa del Señor!
manda tu bendición sobre tu pueblo.

4

Oración de la noche.- Oración de la tarde del que, a pesar de las dificultades, confía en Dios, porque recuerda cuántas veces en la angustia el Señor lo ha sostenido.

2 ¡Cuando te llamo a ti, tú me respondes,
Oh mi Dios salvador!
Tú, que me has sostenido en mis angustias,
de mí ten compasión
y escucha mi oración.

3 ¿Hasta cuándo, varones,
tendrán endurecido el corazón?
¿Por qué aman el engaño
y persiguen corriendo lo que es falso?

4 Sepan que, con su amigo, maravillas
ejecutó el Señor:
El me atiende las veces que le invoco.

5 Tiriten de pavor, pero no pequen;
en silencio mediten en su lecho.

6 Ofrezcan sacrificios al Señor
como la ley lo ordena,
y confíen en él.

7 Son muchos los que dicen:
“¿Cuándo, por fin, nos salvará de todo?
¡Muéstranos, oh Dios, tu rostro alegre!”

8 Tú alegras mucho más mi corazón
que cuando ellos se sienten rebosantes
de tanto trigo y vino cosechados.

9 Me acuesto en paz, y al punto yo me duermo:
porque, Señor, tú solo
me das seguridad.

5

Oración al despertar.- Este salmo nos invita a comenzar el día llamando a Dios para que sea nuestra luz y nuestra fuerza, y también yendo a la Casa de Dios, su templo, donde está su luz y su fuerza a nuestro alcance.

2 Señor, oye mi voz, atiende a mi gemido.
3 Escucha mi plegaria, ¡oh rey mío y Dios mío!
4 A ti ruego, Señor, ya de mañana escuchas mi voz. Te dirijo temprano mi oración y luego espero en ti.
5 A ti, oh Dios, no te gusta la maldad y niegas hospedaje a los malvados. Las piernas de los tontos temblequean al contemplar tu rostro.
6 A los que mal se portan no los quieres y pones fin a todo mentiroso.
7 Al que es violento y al que engaña el Señor los aborrece.
8 Pero yo, por tu bondad inmensa, puedo entrar en tu casa y postrarme en tu templo sagrado, lleno de reverencia.
9 Señor, frente a mis enemigos, haz que mi conducta sea justa y que siga derecho tu senda.
10 Nada de sincero hay en su boca, su corazón tramando está maldades; su garganta es un sepulcro abierto, mientras adulan con labios melosos.
11 Castígalos, oh Dios, como merecen, de modo que fracasen sus proyectos. Despídelos por sus muchos crímenes, ya que contra ti se rebelaron.
12 Cuantos a ti se acogen, que se alegren y su alegría dure para siempre; proteges a los que quieren tu nombre, para ellos tú eres su contenido.
13 Señor, tú das tu bendición al justo y tu bondad lo cubre como escudo.

6

Oración del afligido.

2 Señor, no me reprendas en tu ira, ni me castigues en tu enojo.
3 Misericordia, Señor, que desfallezco. Sáname tú, porque el temor ha carcomido mis huesos.
4 Aquí me tienes sumamente perturbado. Y tú, Señor, ¿hasta cuándo?
5 Señor, vuélvete a mí, libra mi alma y sálvame por tu gran compasión.
6 Porque después de muerto nadie te recuerda, en el lugar oscuro nadie te alaba.
7 De tanto gemir, estoy agotado, de noche en mi cama lloro y mis lágrimas corren por el suelo.
8 Mis ojos se consumen de tristeza, envejezco al ver tantos enemigos.
9 Apártense de mí los malvados, porque el Señor ha oído mi llanto.
10 El Señor ha escuchado mi plegaria y ha aceptado mi oración.
11 Que todos mis adversarios se avergüencen y se asusten, y de repente retrocedan aterrados.

7

Líbrame de mis perseguidores.- Del fondo del alma sube el grito que exige la justicia. Dios escucha.

2 Señor, Dios mío, en ti me refugio, líbrame de mis perseguidores y sálvame.
3 Porque son como leones listos par asaltarme, y me van a despedazar sin que nadie me pueda salvar.
4 Señor y Dios mío, si la maldad mancha mis manos, 5 si devolví mal por bien, si he favorecido a algún agresor.
6 Que mi enemigo me persiga y me dé alcance, que me pisotee y me tira al suelo sin vida.
7 Señor, ¡ponte de pie! No aguantes más, sino que hazle frente ala rabia de mis opresores. ¡Despiértate!, oh Dios, para ordenar el juicio.
8 Que te rodeen tus ángeles y tú presidirás de lo alto.
9 Oh Señor, tú que juzgas a los pueblos reconoce mis méritos y proclama mi inocencia.
10 Que termine el poder de los hombres malos.
11 Dios se hizo mi amparo, él que salva a los de recto corazón.
12 Dios es juez justo y que se indigna cada día.
13 Si no se convierten afilará su espada, preparará el arco y hará la puntería.
14 Les lanzará flechas mortales y dardos de fuego.
15 Miren al que concibió iniquidades, está preñado de malicia y da a luz la mentira.
16 Cavó una fosa y la estuvo ahondando, pero cayó en ella misma.
17 Su maldad recaerá sobre su propia cabeza y en él rebotará su misma malicia.
18 Pero yo alabaré al Señor por su justicia y cantaré el Nombre del Altísimo.

8

Gloria de Dios y grandeza del hombre.- Nunca tanto como hoy día, gracias al progreso de la ciencia, el universo manifiesta al hombre la grandeza y hermosura de Dios. Pero, al hacerse hombre, el Hijo de Dios ha colocado al hombre por encima de toda la creación material, y recalcado la igualdad fundamental de todos los hombres.

2 ¡Oh Señor, nuestro Dios,
qué glorioso es tu Nombre por la tierra!
tu gloria por encima de los cielos
es cantada por labios infantiles.
tú opones tu castillo al agresor
para vencer a contrarios y rebeldes.

4 Al ver tus cielos, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que fijaste,
5 ¿quién es el hombre que te acuerdas de él,
el hijo de Adán, para que de él cuides?

6 Apenas inferior a un dios lo hiciste,
coronándolo de gloria y grandeza;
7 le entregaste las obras de tus manos,
bajo sus pies has puesto cuanto existe.
8 Ovejas y bueyes todos juntos
como también las fieras salvajes,
9 aves del cielo y peces del mar
que andan por las sendas de los mares.

10 ¡Oh, Señor, nuestro Dios,
qué glorioso tu Nombre por la tierra!

9

Dios, refugio de los oprimidos.

2 Alabo al Señor con toda mi alma y canto sus maravillas.
3 En ti me alegraré y regocijaré, cantaré tu Nombre, Altísimo.
4 Mis enemigos han retrocedido; tu presencia los hizo caer y perecieron.
5 Se sentó el juez justo, examinó mi causa y dictó una sentencia favorable para mí.
6 Tú amenazas a los hombres sin fe, reduces los malvados a la nada y borras su nombre para siempre.
7 El enemigo ha sido silenciado, arruinado para siempre, y se perdió hasta el nombre de sus ciudades.
8 El Señor se sienta para juzgar, dispuso su trono que no se moverá.
9 Gobernará la tierra con rectitud y juzgará a los pueblos con honradez.
10 El oprimido encuentra su refugio en el señor; él es su fortaleza cuando lo rodea la angustia.
11 Esperen en ti los que conocen tu Nombre, porque tú; Señor, no abandonas a los que te buscan.
12 Canten al Señor que mora en Sión, y publiquen entgre los pueblos sus hazañas.
13 El pide cuentas por la sangre derramada y recuerda a los oprimidos, él no los olvidará.
14 Señor, ten compasión de mí, mira cómo me humillan mis contrarios, sácame de las puertas de la muerte.
15 Y yo proclamaré tus maravillas, en tu ciudad santa, me verán agradecido por tu salvación.
16 Los paganos se hundieron en la fosa que cavaron y su pie quedó atrapado en el lazo que escondieron.
17 El Señor ha publicado su sentencia: y el pecador quedó pescado en sus propias redes.
18 Vuelvan al abismo los pecadores, y los pueblos que olvidan a Dios.
19 Porque el pobre no será olvidado ni quedará frustrada la confianza de los humildes.
20 Señor, ¡levántate!, que los hombres no nos dominen más. Dicta tu sentencia sobre la gente sin fe.
21 Señor, infúndeles terror, y aprendan esos incrédulos que no son más que hombres.

10 (9)

Continuación del salmo anterior.

1 Señor, ¿por qué te alejas y en momentos de angustia así te escondes?
2 El malo se hincha de orgullo y maltrata al pobre, ¡quede atrapado en los lazos que le tiende!
3 El pecador se jacta de sus malos deseos, el sinvergüenza blasfema y desprecia al Señor.
4 El impío dice con insolencia: “No hay Dios que me pida cuentas:”
5 Su pensamiento no alcanza más allá y, sin embargo, tiene éxito en todas sus empresas.
6 Se dice a sí mismo: “Me mantendré firme, la desgracia no me llegará nunca.”
7 Su boca está llena de engaños y mentiras. No habla más que insultos y calumnias.
8 se pone a acechar en el campo, y a escondidas mata al inocente.
9 Tiene los ojos fijos en el pobre, acecha, como león en su guarida, para arrebatar al desvalido y arrastrarlo en sus redes.
10 Se agacha, se agazapa en el suelo y se deja caer sobre los indefensos.
11 Luego piensa: “Dios se ha olvidado, o bien tiene la cara tapada, pues no ve nunca nada.”
12 Señor, ¡haz algo!, extiende tu mano y no olvides a los humildes.
13 ¿Cómo toleras que el impío te desprecie y que pueda pensar: “Dios no me pedirá cuentas?
14 Pero tú lo ves todo, tú miras los tormentos y la opresión y los tomas en cuenta. El pobre confía en ti, pues proteges al huérfano.
15 Destruye el poder del pecador y del malvado. Pídele cuentas de su maldad y que se pierda.
16 El Señor es rey para siempre y la gente sin fe desaparecerá de su tierra.
17 Señor, tú escuchas el ruego de los humildes, los alientas y los atiendes.
18 Harás justicia a huérfanos y oprimidos y ya no nos dominarán hombres de barro.

11 (10)

El justo no se asusta.- Si Dios está con nosotros, ¿quién nos condenará? Que él nos libre del miedo cuando hay que mantenerse firmes frente a las amenazas o a las burlas de los demás.

1 Al abrigo del Altísimo me amparo;
¿cómo dices a mi alma:
´”huye pájaro, al monte”?

2 Los impíos estiran su arco,
ajustan sus flechas a la cuerda
para herir en la sombra
a los hombres de buen corazón;
3 si nada se respeta, ¿qué puede hacer el justo?

4 El Señor está en su palacio santo,
el Señor, tiene en el cielo su trono;
sus ojos están mirando al mundo,
sus párpados vigilan al hombre.

5 Mi Dios explora al justo y al impío,
su alma odia a quien ama la violencia.
6 Sobre la gente impía mandará
carbones encendidos con azufre,
y un viento abrasador será la suerte
que designen los dados.

7 Justo es mi Dios y a los justos ama,
contemplará su rostro el hombre bueno.

12 (11)

Contra el mundo mentiroso.- Mentiras, propaganda, falsos profetas de la vida fácil, todo esto disimula las injusticias diarias. En cambio, la Palabra de Dios es sincera y juzgará a todos. En la Palabra de Dios hecha carne, es decir, en Cristo, no hay “sí” y “no”; todas las promesas de Dios han pasado a ser en él un “sí”.

2 Señor, sálvanos, porque ya no hay hombres justos, ni se encuentra alguien que diga la verdad.
3 No hacen más que engañar a su prójimo, son labios mentirosos y corazones hipócritas.
4 Oh Señor, ataja los labios mentirosos y la lengua de los soberbios, de esos que dicen: “Lo conseguiremos todo con palabras. 5 Si sabemos responder, ¿quién nos hará calla?”
6 “Los pobres gimen y los humildes sufren violencia. Por esto, dice el Señor, yo no puedo quedarme tranquilo, y voy a salvar a los despreciados.”
7 Palabras del Señor, palabras que no fallan; leales como plata pura, siete veces purificada en el crisol.
8 Tú, Señor, nos cuidas y en todo tiempo nos proteges de ellos.
9 Nos guardas de esos malvados que se pasean por todas partes, mientras reina la corrupción entre los hombres.

13 (12)

Mira y escúchame.- Dios no olvida a sus hijos, resucitó a Cristo. Que haga pasar a los suyos, de las pruebas presentes hasta su Gloria.

2 ¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?
3 ¿Hasta cuándo sentiré recelos en mi alma y tristeza en mi corazón, día tras día?
¿Hasta cuándo me ganarán aquellos que me odian?
4 Señor, Dios mío, mira y respóndeme, alumbra mis ojos, no sea que me duerma en la muerte.
5 Que mi enemigo no pueda pensar que acabó conmigo, que mis adversarios no se alegren al verme vacilar.
6 Yo que me confío en tu misericordia, conoceré la alegría de tu salvación, y cantaré al Señor porque habrá sido bueno conmigo.

14 (13)

Mundo sin Dios.- No hay un solo justo en nuestro mundo pecador. El creyente se queda confiado: Dios es fiel.

1 Dice en su corazón el insensato:
“Mentira, Dios no existe.”
Se han corrompido, cometen cosas infames,
ya no hay quien haga el bien.

2 Se asoma Dios desde el cielo,
mira a los hijos de Adán
para ver si hay un sensato,
alguien que busque al Señor.

3 Todos están descarriados,
todos están pervertidos,
no queda ni un hombre honrado,
ni uno de muestra siquiera.

4 ¿No comprenderán estos delincuentes,
que para comer su pan
se comían a mi pueblo
y no invocaban a Dios?
5 ¡Cómo de repente se asustan:
Dios estaba con los justos!
6 Despreciaban las miradas del humilde,
pero es Dios su refugio.

7 ¿Quién traerá de Sión
la salvación de Israel?
Cuando rescate el Señor
del cautiverio a su pueblo,
habrá alegría en Jacob
y en Israel regocijo.

15 (14)

Señor, ¿quién entrará bajo tu tienda?.- Que el Señor nos ayude a guardar sus mandatos.

1 Señor, ¿quién entrará bajo tu tienda
y habitará en tu montaña santa?

2 Aquel que demuestra óptima conducta
y actúa con justicia,
que dice la verdad de corazón,
y refrena su lengua;

3 que no daña a su hermano
ni al prójimo molesta con agravios.
4 Con menosprecio mira al criminal,
mas honra a los que temen al Señor;

5 que si bien, al jurar, se perjudica,
no niega lo que ha dicho;
no facilita plata a interés
ni acepta regalos en daño del inocente.
quien obra así jamás vacilará.

16 (15)

El Señor es mi parte de herencia.- Dios es mi parte de herencia, pues le elegí como único Señor. Gozaré de él durante toda la eternidad.

2 Guárdame, oh Dios, en ti está mi refugio,
tú eres mi bien, nada hay fuera de ti;

3 A los dioses de este mundo,
que tanto me complacían,
¡cuántos los siguen! Y es sólo para mal.

5 No les ofreceré yo sacrificios
ni sonarán sus nombres en mis labios.

6 Señor, mi parte tú eres y mi copa,
tú proteges la suerte que me toca;
me marcaron un sitio de delicias,
magnífica yo encuentro mi parcela.

7 Yo bendigo a mi Dios que me aconseja,
mi conciencia me instruye aun de noche
8 pongo siempre al Señor ante mi vista;
porque a mi lado está, jamás vacilo.

9 Por eso corazón y alma se alegran
y mi cuerpo descansará seguro;
10 pues tú no puedes dar mi alma al infierno
ni dejar que tu amigo se haga polvo.

11 Me mostrarás la senda de la vida,
el gozo grande que es mirar tu rostro,
delicias para siempre a tu derecha.

martes, 29 de junio de 2010

17 (16)

Clamor del inocente.

1 Señor, escucha mis gritos, atiende a mis clamores, presta atención a mi plegaria, pues no hay engaño en mis labios.
2 Espero en tu sentencia porque tus ojos sólo se fijan en lo correcto.
3 Si quieres sondear mi corazón, visítame por la noche o pruébame con fuego; no hallarás crimen en mí.
4 No he pecado en palabras como pecan los hombres; guardé tus mandatos y seguí tus sendas.

5 Confirma mis pasos en tus caminos para que mis pies no vacilen.
6 Soy yo quien te llamo, esperando tu respuesta, oh Dios. Inclina a mí tu oído, escucha mi ruego.
7 Manifiéstate, Dios misericordioso, que salvas a quienes confían en tu mano, frente al agresor.
8 Guárdame como a la niña de tus ojos, escóndeme a la sombra de tus alas, lejos de los impíos que me acosan.
9 Lejos de mis enfurecidos enemigos, que no entienden de razones sino que meditan la violencia.
10 Me están vigilando, ya me rodean y se fijan en mí para tirarme al suelo.

18 (17)

Un liberador da gracias a Dios.- El presente salmo se ubica después de una victoria. Nos impresiona el entusiasmo que lo anima, el ardor del agradecimiento, la gran idea que el salmista tiene de Dios. Estas comparaciones a la vez poderosas y cariñosas nos recuerdan el descenso del Dios libertador a nuestra tierra.

2 ¡Cómo te quiero, oh Señor, fuerza mía!
3 El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador. ¡Oh mi Dios! ¡Roca en que me refugio, mi escudo, mi fuerza y mi salvación!
4 Invoqué al Señor, tan digno de alabanza y me salvó de mis enemigos.
5 La muerte me acechaba, los torrentes de Belial me asustaban, los lazos del Lugar Oscuro me rodeaban, 6 delante de mí habían preparado trampas mortales.
7 En mi angustia clamé al Señor, invoqué a mi Dios.
Y desde su templo oyó mi voz, llegó mi clamor a sus oídos.
8 La tierra se estremeció y tembló; los cimientos de los cerros se sacudieron, se conmovieron ante su furor.
9 Subía humo de sus narices, y de su boca salía un fuego devorador de ardientes brasas.
10 Inclinó los cielos y descendió, una oscura nube tenía bajo sus pies.
11 Montó en un querubín y voló, planeó sobre las alas del viento, envuelto en un manto de tinieblas.
12 Como toldo lo rodeaban nubes amontonadas y espesos nubarrones.
13 Un resplandor iba delante de él, y de sus nubes caían granizo con brasas ardientes.
14 Tronó el Señor desde los cielos, el Altísimo hizo oír su voz.
15 Lanzó sus saetas y dispersó los enemigos: salieron sus rayos y fueron derrotados.
16 El fondo del mar quedó a la vista, los cimientos del mundo aparecieron. Ante la amenaza del Señor, al soplar el aliento de su boca.
17 Desde lo alto extiende su mano y me toma, me saca de las profundas aguas.
18 Me libra del enemigo poderoso, de mis adversarios más fuertes que yo.
19 Ellos me asaltaron cuando me iba mal, pero el Señor salió en mi ayuda; 20 me sacó a espacio abierto, me salvó porque me ama.
21 El Señor me recompensa según mis méritos y me paga conforme a la pureza de mis acciones.
22 Porque seguí los caminos del Señor, no hice el mal ni me aparté de Dios.
23 Tengo presentes todas sus decisiones y no me aparto de sus mandamientos.
24 Soy irreprochable ate él y me alejo de todo pecado.
25 El Señor me recompensa según mis méritos y conforme a la pureza de mis acciones ante él.
26 Con el piadoso te muestras piadoso, con el perfecto, perfecto.
27 Con el puro, puro, y con el astuto obras con astucia.
28 Tú salvas al pueblo humillado y humillas a los ojos orgullosos.
29 Señor, tú mantienes mi lámpara encendida: mi Dios ilumina mis tinieblas.
30 Contigo corro a la lucha, con ayuda de mi Dios asalto la muralla.
31 ¡Ningún tropiezo en el camino de Dios! La palabra del Señor es segura. El es un escudo para cuantos se acogen a él.
32 ¿Quién es Dios fuera del Señor? ¿Quién es Roca fuera de nuestro Dios?
33 Mi Dios me llena de fuerza y allana mis caminos.
34 El hace mis pies como de cierva y me quede de pie sobra la altura.
35 El adiestra mis manos para el combate, y mis brazos para estirar el arco de bronce.
36 Tú me prestas tu escudo salvador, y tu favor me agranda.
37 Alargas mis pasos cuando camino y mis tobillos no se tuercen.
38 Cuando persigo a mis enemigos, los alcanzo, y no vuelvo hasta haberlos exterminado.
39 Los derribo y no pueden levantarse, quedan en tierra bajo mis pies.
40 Me das fortaleza para el combate y doblegas a mis atacantes.
41 A mis enemigos les haces dar la espalda y puedo acabar con mis adversarios.
42 Ellos gritan, pero no h ay salvador; claman al señor, pero no les responde.
43 Los desmenuzo como el polvo de la tierra y los piso como el barro del camino.
44 Me libras de las rebeldías de mi pueblo y me haces triunfar de mis agresores.
45 Me pones a la cabeza de las naciones, me sirven pueblos que no eran míos. Los extranjeros buscan mi favor, en cuento hablo me obedecen.
46 Los extranjeros se desaniman y salen temblando de sus fortalezas.
47 ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Alabado sea Dios que me salva!
48 El Dios que me da la victoria y me somete los pueblos.
49 El Dios que me salva de mis adversarios y me libera de los violentos.
50 Por eso quiero alabarte, Señor, en medio de los pueblos, y cantar a tu Nombre.
51 Tú das más y más victorias a tu rey, y muestras compasión con tu ungido, con David y su descendencia para siempre.

19 (18)

El Señor, sol de justicia.- Vislumbramos algo de la gloria de Dios en el esplendor del cielo. También lo sentimos presente al meditar sus mandatos, que son luz y alegría para el alma.

2 Los cielos cuentan la gloria del Señor,
proclaman el firmamento
las obras de sus manos.
3 Un día al siguiente le pasa el mensaje
y una noche a la otra
le transmite el dato

4 No hay dicho ni palabras
ni voces que se escuchen.
5 Más por todo el orbe resalta su ritmo,
sus palabras llegan hasta el fin del mundo.
6 Allí levantó una tienda para el sol,
quien como un esposo sale de su cama
como atleta feliz
a correr su carrera.

7 Su vuelta alcanza al extremo contrario
y ninguna cosa escapa a su ardor.

8 La Ley de Dios es buena,
consuelo para el alma,
ciertas son sus palabras
y al ignorante enseñan.

9 Los mandamientos del Señor son rectos
y al corazón alegran.
todo precepto del Señor es puro
y es luz para los ojos.

10 El temor del Señor es puro
y permanece para siempre.
los juicios del Señor son ciertos,
son siempre iguales para todos.

11 Son más deseables que el oro,
que el oro más fino que existe;
más que la miel es su dulzura,
más que las gotas del panal.

12 También tu siervo en ellos se fija,
guardarlos es para mí una riqueza.

13 Pero, ¿quién repara en sus deslices?
límpiame de los que no conozco.
14 Guárdame también de la soberbia,
que nunca instale en mí su dominio.

Entonces seré un hombre perfecto
y limpio del pecado más grave.

15 Señor, mi Roca y mi Redentor,
que todo lo que dice mi boca
y el murmullo de mi corazón
sean agradables ante ti.

20 (19)

Oración de los judíos para su rey.- Al que llaman “Cristo”, eso es, ungido de Yavé. Que el Señor proteja a los que luchan por su reino de verdad, como amparó a Cristo nuestro rey.

2 Que el Señor te responda en el día malo, y sea tu protección el Nombre del Dios de Jacob.
3 Que te envíe socorro desde su santuario, y desde Sión te venga su auxilio.
4 Que tenga presentes todas tus ofrendas y que le agraden tus sacrificios.
5 Que te conceda según tus deseos y se realicen todos tus proyectos.
6 Que podamos celebrar tu victoria y dar gracias a nuestro Dios, porque habrá atendido tus peticiones.
7 Yo sé que el Señor salva a su elegido y que le responde desde su santo cielo; su mano es poderosa para salvar.

8 Unos confían en sus carros, y otros en sus caballos, mientras que nosotros sólo en Dios.
9 ¡Pero mira cómo tropiezan y caen mientras nosotros nos mantenemos firmes de pie!
10 ¡Oh Señor, salva al rey! Atiéndenos, pues hoy a ti clamamos.

21 (20)

Acción de gracias por nuestro Rey.- “Vida te pidió y se la diste, vivir por muchos años para siempre.” Con él entraremos en su reino.

2 Tú, Señor, eres la fuerza de tu rey, y por eso anda feliz; tú lo salvas y lo llenas de contento.
3 Le cumpliste sus más caros deseos, no le negaste eso que te pedía.
4 Le has anticipado con tus favores, con oro has coronado su cabeza.

5 La vida te pidió y se la diste, vivir por muchos años para siempre.
6 A tu protección debe su fama: tú eres el que lo rodea de honor y prestigio.
7 Tú pones en su cabeza bendiciones eternas y lo alegras con tu presencia.
8 El rey tiene pues en Dios su confianza, por el favor del Altísimo nunca vacilará.
9 Que tus enemigos caigan en tu mano, que tu derecha alcance a cuantos te odian.
10 En cuanto te presentes serán abrasados; se los engullirá Dios en su enojo y los tragará el fuego.
11 Sus frutos desaparecerán de la tierra y sus descendientes no se contarán entre los hombres.
12 Déjalos que te hagan el mal; su plan fracasará y no te ganarán.
13 Tú los harás huir volviéndose la espalda, y les tirarás tus flechas.
14 ¡Levántate, Señor, muestra tu poder, y así cantaremos alegres tus triunfos!

22 (21)

Oración de Cristo en la Cruz.- La lectura de este salmo hace pensar en el paso de la noche al día. La primera parte es sombría, tenebrosa; la segunda es como el despertar del sol que inunda el campo, devuelve las cosas a la vida, y la alegría al corazón del hombre. El tema de este salmo es, en efecto, el del perseguido, que al borde del abismo vuelve a encontrar la seguridad y la confianza.

2 ¡Oh Dios, mi Dios!, ¿por qué me abandonaste? ¡Las palabras que lanzo no me salvan!
3 ¡Mi Dios!, de día llamo y no me atiendes, de noche, mas no encuentro mi reposo.
4 Tú, sin embargo, estás en el Santuario, y allí te alaba el pueblo de Israel.
5 En ti esperaron siempre nuestros padres, esperaron y tú los liberaste.
6 A ti clamaron, viéndose salvados; su espera puesta en ti no fue fallida.
7 Mas yo soy un gusano y ya no un hombre, vergüenza de los hombres y desprecio del pueblo.
8 Todos los que me ven, de mí se burlan, muecas hacen y mueven la cabeza.
9 “¡Confía en el Señor, pues que lo libre; que lo salve, si es cierto que es su amigo!”
10 Me has sacado del vientre d emi madre, me has confiado a sus senos maternales.
11 Me entregaron a ti, apenas nacido, tú eres mi Dios desde el seno materno.
12 No partas, que la angustia me rodea, quédate, pues no tengo quien me ayude.
13 Me rodean novillos numerosos y me cercan los toros de Basán.
14 Con sus bocas abiertas me amenazan, como el león rugiente que desagarra.
15 Yo soy como el arroyo que se escurre, todos mis huesos se han descoyuntado. Mi corazón se ha vuelto como cera, dentro de mis entrañas se derrite.
16 Mi garganta está seca como teja, y al paladar mi lengua está pegada. Me reduces al polvo de la muerte.
17 Como perros de presa me rodean, me acomete una banda de malvados. Mis manos y mis pies han traspasado.
18 Y contaron mis huesos uno a uno. Esta gente me marca y me vigila.
19 Reparten entre sí mis vestiduras y mi túnica se juegan a los dados.
20 Mas tú, Señor, de mí no te separes, auxilio mío, corre a socorrerme
21 Libra tú de la espada mi existencia, de las patas del can salva mi vida.
22 Sálvame de la boca del león, de los cuernos del toro mi pobre alma.
23 Yo hablaré de tu Nombre a mis hermanos, te alabaré también en la asamblea.
24 Alaben al Señor sus servidores, todo el linaje de Jaco b lo aclame, toda la raza de Israel lo tema.
25 Porque no ha despreciado ni ha desdeñado al pobre en su miseria, ni le ha vuelto la cara y a sus invocaciones le hizo caso.
26 Para ti mi alabanza en la asamblea, mis votos cumpliré ante su vista.
27 Los pobres comerán hasta saciarse, alabarán a Dios los que lo buscan; vivan sus corazones para siempre.
28 De Dios se acordará toda la tierra y a él se volverá; todos los pueblos, razas y naciones ante él se postrarán.
29 ¡Rey es Dios, Señor de las naciones! Todo mortal honor le rendirá. 30 Se agacharán al verlo los que al sepulcro van.
Para Dios será sólo mi existencia.
31 Lo servirán mis hijos, hablarán del Señor a los que vengan, a los pueblos futuros:
32 Que es Justo les dirán. Tal es su obra.

23 (22)

El Señor es mi pastor.- El es mi pastor: nada me puede faltar. Ante mí está la mesa y la copa de Cristo, recibí, mejor que la unción de aceite sagrado, la del Espíritu Santo (1 Juan 2,27); espero, no el descanso de la muerte, sino el de la resurrección junto al Padre.

1 El Señor es mi pastor, nada me falta,
2 en verdes pastos él me hace reposar
y adonde brota agua fresca me conduce.

3 Fortalece mi alma,
por el camino del bueno me dirige
por amor de su Nombre.

4 Aunque pase por quebradas muy oscuras
no temo ningún mal
porque tú estás conmigo,
tu bastón y tu vara me protegen.

5 Me sirves a la mesa
frente a mis adversarios,
con aceites tú perfumas mi cabeza
y rellenas mi copa.

6 Me acompaña tu bondad y tu favor
mientras dura mi vida,
mi mansión será la casa del Señor
por largo, largo tiempo.

lunes, 28 de junio de 2010

24 (23)

El destino del hombre.- La pretensión del hombre de hoy a promoverse cada vez más por los adelantos de la ciencia y de la planificación social no es en sí orgullo sino manifestación de la magnitud de su destino. Este tiende hacia mucho más que conquistas terrenales: hacia la vida de Dios. Por tanto, Dios tuvo que llegar a nuestra tierra para llevar al hombre a su propia morada.

1 Del Señor es la tierra y lo que contiene,
el universo y los que en él habitan;
2 pues él lo edificó sobre los mares,
él fue quien lo asentó sobre los ríos.

3 ¿Quién subirá hasta el monte del Señor,
¿Quién entrará en su recinto santo?

4 El que tiene manos inocentes
y puro el corazón,
el que no pone su alma en cosas vanas
ni jura conengaños.

5 La bendición divina él logrará
y justicia de Dios, su salvador.
6 Aquí vienen los que lo buscan,
para ver tu rostro, ¡Dios de Jacob!

7 Oh puertas, levanten sus dinteles,
que se agranden las puertas eternas
para que pase el rey de la gloria.

8 Digan: ¿Quién es el rey de la gloria?
el Señor, el fuerte, el poderoso,
el Señor, valiente en el combate.

9 Oh puertas, levanten sus dinteles,
que se eleven las puertas eternas
para que pase el rey de la gloria.

10 ¿Quién podrá ser el rey de la gloria?
el Señor, Dios de los Ejércitos.
el es único rey de la gloria.

24 (23)

El destino del hombre.- La pretensión del hombre de hoy a promoverse cada vez más por los adelantos de la ciencia y de la planificación social no es en sí orgullo sino manifestación de la magnitud de su destino. Este tiende hacia mucho más que conquistas terrenales: hacia la vida de Dios. Por tanto, Dios tuvo que llegar a nuestra tierra para llevar al hombre a su propia morada.

1 Del Señor es la tierra y lo que contiene,
el universo y los que en él habitan;
2 pues él lo edificó sobre los mares,
él fue quien lo asentó sobre los ríos.

3 ¿Quién subirá hasta el monte del Señor,
¿Quién entrará en su recinto santo?

4 El que tiene manos inocentes
y puro el corazón,
el que no pone su alma en cosas vanas
ni jura conengaños.

5 La bendición divina él logrará
y justicia de Dios, su salvador.
6 Aquí vienen los que lo buscan,
para ver tu rostro, ¡Dios de Jacob!

7 Oh puertas, levanten sus dinteles,
que se agranden las puertas eternas
para que pase el Rey de la gloria.

8 Digan: ¿Quién es el rey de la gloria?
el Señor, el fuerte, el poderoso,
el Señor, valiente en el combate.

9 Oh puertas, levanten sus dinteles,
que se eleven las puertas eternas
para que pase el rey de la gloria.

10 ¿Quién podrá ser el rey de la gloria?
el Señor, Dios de los Ejércitos.
el es único rey de la gloria.

25 (24)

Se llama a Dios en la prueba.- La Biblia no conoce la desesperación. Aun en las situaciones más difíciles, cuando el hombre está quebrantado por la desgracia, la inquietud, el peso de sus propios pecados, siempre le queda una salida. Todos nuestros caminos, aun los peores, pueden desembocar finalmente en un Amor más fuerte que todas las fuerzas de este mundo.

2 Señor, mi Dios, a ti levanto mi alma.
En ti confío, que no sea avergonzado, que no se alegren mis enemigos.
3 Los que esperan en ti nunca serán confundidos; pero lo serán aquellos que quieren engañarte.
4 Señor, muéstrame tus caminos y enséñame tus sendas
5 Guíame en tu verdad, enséñame tú, que eres mi Dios y Salvador.
Todo el día ando confiado, esperando tus favores, Señor.
6 Señor, no olvides que eres compasivo y bondadodos desde toda la eternidad.
7 No recueredes los pecados y extravñuis de mi juventud. Señor, acuérdate de mí según tu misericordia.
8 El Señor es bueno y recto; por eso muestra el camino a los extraviados.
9 Dirige a los humildes en la justicia y enseña a los pobres el camino.
10 Todas sus sendas son amor y lealtad para el que guarda su alianza y sus preceptos.
11 Por el honor de tu nombre, Señor, perdona mi pecado, que es muy grande.
12 Al hombre que teme al Señor, él le enseña a escoger su camino.
13 Su alma en la dicha morará y sus descendientes poseeránla tierra.
14 El Señor se muetra a quien lo teme y le manifiesta su amistad.
15 En todo tiempo mis ojos están puestos en él, que me guarda de caer en la trampa.
16 Mìrame y ten lástima, porque soy pobre y desvalido.
17 Alivia las angustias de mi alma y líbrame de mis penas.
18 Contempla mi miseria y mi trabajo, yperdóname mis pecados.
19 Mira cuántos son mis enemigos y con qué odio me persiguen.
20 Protégeme y líbrame. No seré confundido después de tanto confiar en ti.
21 Inocencia y vida recta me guardarán, porque espero en ti.
22 Oh Dios, libra a Israel de todas sus angustias.

26 (25)

Oración del hombre cumplidor.- Hagamos nuestra la oración de ese “justo” que venía a reafirmar su fidelidad. No nos fijemos en nuestros propios méritos, como el fariseo, sino e la personalidad nueva que revestimos por el bautismo: Cristo nos ha purificado y nos ha hecho ricos.

1 Júzgame, Señor, y verás que sigo la senda de los perfectos. Confío en el Señor y, por eso, no vacilaré.
2 Revísame, Señor, y ponme a prueba, explora mi interior y mi conciencia.
3 De tu amor hacia mí nunca me olvido y guía tu verdad todos mis pasos.
4 Jamás me siento con hombres tramposos, ni me junto con la gente hipócrita.
5 Aborrezco el partido de los malos, no me quiero sentar con los impíos.
6 Llevo mis manos limpias de pecado, y voy caminando en torno de tu altar.
7 Haciendo resonar la acción de gracias y anunciando tus obras admirables.
8 Señor, amo la casa en que tú moras y el sitio donde reposa tu Gloria.
9 No me trates como a los pecadores, ni me castigues como a los violentos.
10 No hay en sus manos más que corrupción, y su derecha está llena de cohechos.
11 Y a mí, como busco ser perfecto, rescátame, Señor, ten compasión de mí. 12 Mis pies pisan en terreno firme; bendeciré en su Iglesia al Señor.

27 (26)

Junto a Dios no hay temor.- “Es tu rostro, Señor, lo que yo busco.” “La bondad del Señor espero ver donde moran los vivos.” En medio de las luchas de la presente vida, el militante no se desanima, porque grande es la esperanza que le reserva el Señor al final de su combate.

1 El Señor es mi luz y mi salud,
¿a quién puedo temer?
Amparo de mi vida es el Señor,
¿de quién puedo temblar?

2 Cuando los malos contra mí se lanzan
para comer mi carne,
ellos, mis enemigos y contrarios,
resbalan y sucumben.

3 Si me sitia un ejército contrario,
mi corazón no teme;
si se levanta contra mí la guerra,
aún tendré confianza.

4 Una cosa al Señor, sólo, le pido,
la cosa que yo busco,
es habitar en la casa del Señor
mientras dure mi vida,
que yo pueda gozar de su dulzura
y contemplar su templo.

5 Porque él me dará asilo en su cabaña
en día de desgracia;
me guarda en el secreto de su tienda,
me alza sobre la roca.

6 Y ahora mi cabeza se levanta
sobre mis enemigos, que me cercan.
ofreceré en su carpa sacrificios,
sacrificios gloriosos.
tocar, cantar yo quiero al Señor.

7 Señor, oye la voz con que a ti clamo,
escucha, por piedad.
8 Mi corazón de time habla diciendo:
procura ver su faz.
9 Es tu rostro, Señor, lo que yo busco,
no me escondas tu cara.

10 Con enojo a tu siervo no rechaces;
eres tú mi defensa.
No me abandones, no me dejes solo,
mi Dios y Salvador.

11 Si mi padre o mi madre me abandonan,
me acogerá el Señor.
Enséñame; Señor, el buen camino,
guíame siempre por sendero plano,
frente a mis enemigos.

12 Líbrame del afán de mis contrarios:
pues hablan contra mí falsos testigos,
que lanzan amenazas.

13 La bondad del señor espero ver
donde moran los vivos.

14 Confía en el Señor, ¡ánimo, arriba!
espera en el Señor.

28 (27)

No te hagas el sordo, Roca mía.

1 Señor, a ti clamo: no te hagas el sordo, Roca mía. Porque si tú no me oyes, seré semejante a los que bajan al sepulcro.
2 Oye la voz de mi corazón cuando a ti grito. Cuando elevo mis manos, oh Señor, hacia tu Templo santo.
3 No me arranques con los pecadores y los malhechores, con los que hablan de paz a sus hermanos y llevan la maldad en el alma.
4 Págales tú de acuerdo a sus obras, y según la malicia de sus crímenes. Págales y dales su merecido.
5 Porque no miran los hechos del Señor ni atienden a las obras de sus manos: destrúyelos y ya no se levanten.
6 Bendito sea el Señor, porque ha escuchado la voz de mi plegaria.
7 El Señor es mi fuerza y mi escudo. Esperé en él y me socorrió. Por eso me alegro y le canto agradecido.
8 Firmeza es el Señor para su pueblo, defensa y salvación para su ungido.

9 Señor, salva a tu pueblo, bendice a los tuyos, pastoréalos y condúcelos tú eternamente.

29 (28)

El temporal: el Señor es quien pasa.- Por medio de la tempestad el Señor habla: hace sentir su poder y su gloria.

1
Hijos de Dios, den gloria al Señor. Reconozcan su gloria y su poder.
2 Tributen gloria al Nombre del Señor, el Santo se manifiesta, ¡adórenlo!
3 ¡Voz del Señor sobre las aguas! Retumba el trueno del Dios de majestad: el Señor más arriba que las aguas torrenciales.

4 ¡Voz del Señor llena de fuerza! Voz del Señor, vos esplendorosa.
5 Voz del Señor que parte el alto cedro. El Señor derriba los cedros del Líbano.
6 Hace saltar al Líbano como un novillo y al Sarión como a cría de búfalos.
7 Voz del Señor que arranca llamaradas.
8 Voz del Señor que sacude el desierto. El Señor estremece el desierto de Cadés.
9 Voz del Señor que doblega los árboles y arranca los bosques. Una sola voz resuena en su templo: ¡Gloria!
10 El Señor se sienta por encima del aguacero, se sienta como rey y para siempre.
11 El Señor dará fuerza a su pueblo, y bendiciones de paz.

30 (29)

Te alabaré porque me has librado.- Nada hay definitivo en esta vida. El Señor alterna para cada uno alegrías y pruebas, según lo necesitemos para crecer en la fe. Muy a menudo, nos dejamos sorprender: la prueba nos abate, como si Dios ya no existiera, y cuando vienen los favores de Dios, no nos atrevemos a creer que sea verdad.

2 Te alabaré, Señor, porque me has librado y no dejaste que mis enemigos se rieran de mí.
3 ¡Oh Señor y Dios mío, clamé a ti y me has sanado.
4 Señor, tú sacaste mi alma del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.
5 Que sus fieles canten al Señor y den gracias a su santo Nombre.
6 Porque su enojo dura unos momentos y su bondad la vida entera. Al atardecer nos visita el llanto, y por la mañana la alegría.
7 Yo pensaba muy seguro: jamás seré perturbado.
8 Tu bondad, Señor, me aseguraba honor y poder; pero apenas escondiste tu rostro, quedé desconcertado.
9 Señor, a ti clamo e imploro la misericordia de Dios.
10 ¿Qué ganas con mi muerte? ¿Qué ganas con que yo baje al sepulcro? ¿Te alabará el polvo de los muertos, o dará gloria a tu lealtad?
11 Señor, escúchame y ten piedad de mí; Señor, sé mi ayuda.
12 Convertiste mi duelo en alegre danza, me sacaste el vestido de penitencia y me vestiste de alegría.
13 Por eso, que mi alma cante y no se calle. Señor, Dios mío, yo te quiero alabar eternamente.

31 (30)

Señor, busco refugio en ti.- Oración del servidor de Dios perseguido.

2 A ti, Señor, me acojo, no quede yo nunca defraudado; tú que eres justo, ponme a salvo.
3 Inclina a mí tu oído, date prisa en librarme, sé para mí una roca de refugio, la muralla que me salve.
4 Porque tú eres mi roca y mi fortaleza, estás a mi lado para llevarme y guiarme.
5 Tú me librarás del lazo que me tienden, porque eres mi refugio.
6 A tus manos encomiendo mi espíritu, y tú, Señor, Dios fiel, me librarás.
7 Aborreces a los que adoran ídolos vanos; yo, en cambio, confío en el Señor.
8 Yo gozaré y me alegraré de tu bondad, porque has mirado mi miseria y conoces mis angustias.
9 No me entregaste en manos del enemigo; abriste la salida por donde me salvara.
10 Señor, ten compasión de mí, pues estoy entre angustias: mis ojos, mi alma y mi cuerpo languidecen de tristeza.
11 Mi vida se consume en la tristeza y mis años en gemidos, se desvanecen mis fuerzas con tanta aflicción y se deshacen mis huesos.
12 Mis enemigos hacen burla de mí, mis vecinos se horrorizan, y mis conocidos se espantan de mí. Si me ven en la calle, se alejan de mí.
13 No hacen más caso de mí que de los muertos, soy como objeto gastado y olvidado.
14 Oigo los chiflidos de la gente y siento terror en todas partes. Se unieron todos en contra mía y resolvieron arrebatarme la vida.
15 Pero yo, Señor, confío en ti, recuerdo que eres mi Dios.
16 Mi destino está en tu mano: líbrame del poder de mis perseguidores.
17 Tu siervo espera que le sonrías, sálvame por tu misericordia.
18 Señor, no sea confundido después de invocarte; confundidos sean los impíos y precipítalos a la mansión del silencio.
19 Acalla los labios embusteros, los que hablan contra el justo con insolencia y desprecio.
20 ¡Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles! Y se la muestras a los que esperan en ti, a la vista de los mortales.
21 Al abrigo de tu rostro los proteges, lejos de las intrigas de los hombres. Los guardas ocultos en tu carpa y no los alcanza el calumniador.
22 ¡Bendito sea el Señor, que hizo maravillas! Mi corazón se ha vuelto una ciudad fuerte.
23 Yo había dicho en mi temor: “Estoy rechazado de tu presencia.” Pero tú oíste la voz de mis plegarias cuando clamaba a ti.
24 ¡Que todos sus fieles amen al Señor! Pues él guarda a los que son leales con él, pero les devolverá el doble a los soberbios.
25 ¡Vamos! Fortalezcan su corazón todos los que esperan en el Señor.

32 (31)

Alivio del que confesó su pecado.- El pecado escondido hace estragos en nuestra conciencia. La confesión es ya una liberación. Más aún la que se hace en la Iglesia, recibiendo un signo sensible de este perdón.

1 Dichoso el que es absuelto de pecado
y se encuentra sin culpa.

2 Dichoso el hombre aquel
a quien Dios no le nota culpa alguna,
y en cuyo corazón no se halla engaño.

3 En silencio, mis huesos se acababan,
gimiendo todo el día.
4 Tu mano día y noche
pesaba sobre mí,
mi corazón ardía como paja
en medio del verano.

5 Te confesé mi falta,
no te escondí mi culpa.
no dije: “Ante el Señor
confesaré mi falta.”
y tú, mi pecado perdonaste,
condonaste mi deuda.

6 Por eso el varón santo te suplica
en la hora de la angustia.
aunque el agua del mar se desbordase,
no lo podrá alcanzar.

7 Tú eres mi protección,
me guardas de la angustia
y me infundes anhelos de esperanza.

8 Yo te voy a instruir,
te enseñaré el camino;
te cuidaré, seré tu consejero.”

9 No sean como el burro y el caballo,
faltos de inteligencia,
cuyo ímpetu dominas
con las riendas y el freno.
Si no, ¿de qué te sirven?

10 Muchos son los dolores del malvado,
pero la gracia del Señor rodea
al que confía en él.

11 Buenos, en el Señor estén contentos
y ríanse de gusto,
todos los de alma recta, alegres canten.

33 (32)

La Providencia de Dios cuida el mundo.- “Dichoso el pueblo que tiene al Señor por Dios.” El tiene sus ojos puestos en los que lo temen.

1 Buenos, con alegría aviven al Señor,
pues los justos le deben alabar,
2 Denle gracias, tocando la guitarra,
y al son del arpa, entónenle canciones;
3 cántenle un canto nuevo, en su honor,
toquen bellas melodías.

4 Pues recta es la palabra del Señor
y verdad toda obra de sus manos.
5 El ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su gracia.
6 Por su palabra surgieron los cielos,
y por su aliento todas las estrellas.
7 Junta el agua del mar como en un frasco,
y almacena las aguas del océano.

8 Tenga miedo al Señor la tierra entera,
que lo teman todos sus habitantes.
9 Pues él habló y todo fue creado,
lo ordenó y las cosas existieron.
10 Malogra los proyectos de los pueblos
e impide lo que traman las naciones
11 Pero el plan del Señor persiste siempre
y de siglos en siglos, sus deseos.

12 Oh qué felices son la nación cuyo Dios es el Señor
y el pueblo que él escoge por herencia.
13 De lo alto de los cielos ve el Señor,
mira a todos los hijos de los hombres;
14 del lugar donde vive está observando
a todos los que habitan en la tierra;
15 él, que solo formó sus corazones,
él, que escudriña todas sus acciones.
16 No salva al rey lo inmenso de sus tropas,
ni su gran fuerza libra al que combate.

17 No es cierto que el caballo sirva para triunfar,
pues no salva al jinete ni con todos sus bríos.

18 Los ojos del Señor están mirando
a los que lo respetan
y ponen su esperanza en su bondad:
19 para arrancar sus vidas de la muerte
y darles de comer en tiempo de hambre.

20 En el Señor nosotros esperamos,
él es nuestra defensa y nuestro escudo;
21 pues nuestro corazón se alegra en él
y confiamos en su sagrado Nombre.
22 Venga, Señor, tu amor sobre nosotros,
como hemos puesto en ti nuestra confianza.

34 (33)

Hagan la prueba y vean cuán bueno es el Señor.- Este salmo insiste en los pobres y los humildes y revela una experiencia de la que uno no tiene idea al no haberla hecho personalmente. “Vengan y verán”, dice Jesús.

2 Bendeciré al Señor, en todo tiempo,
no cesará mi boca de alabarlo.
3 Mi alma se enorgullece en el Señor,
que lo oigan los humildes y se alegren.
4 Engrandezcan conmigo al señor
y ensalcemos a una su Nombre.

5 Busqué al Señor y me dio una respuesta
y me libró de todos mis temores.
6 Mírenlo y quedarán iluminados,
no asomará en sus caras la vergüenza.
7 Este pobre gritó y lo oyó el Señor
Y lo salvó de todas sus angustias.
8 Acampa el mensajero del Señor
junto a los que lo temen, y los salva.

9 Hagan la prueba y vean cuán bueno es el Señor
¡dichoso aquel que busca en él asilo!
10 Respeten al Señor todos los fieles,
pues de nada carece quien lo teme.
11 Los ricos quedan pobres y con hambre,
a quien busca al Señor nada le falta.

12 Vengan, hijos, y pónganme atención,
les voy a hablar del temor del Señor
13 ¿Quieres tú que tu vida se prolongue
y deseas gozar días felices?
14 Guarda del mal tu lengua,
tus labios de palabras mentirosas.
15 evita el mal y realiza el bien,
busca la paz y ponte a perseguirla.

16 Dios aparta su cara de los malos
para borrar su nombre de la tierra.
17 A los justos, empero, Dios los mira
y escucha atentamente sus clamores.
18 Cuando claman a él, los escucha
y los libra de sus angustias.
19 El Señor está cerca de las almas
que sienten aflicción
y salva a los de espíritu abatido.

20 Aunque el justo padezca muchos males,
de todos el Señor lo librará.
21 El cuida con afán todos sus huesos,
no le será quebrado ni uno de ellos.
22 El malo morirá por su maldad
y los que odian al justo tendrán su merecido.
23 El Señor libra el alma de sus siervos,
no pagará aquel que en él se ampara.

35 (34)

Súplica de un justo perseguido.- En varios lugares se parece al salmo 22, que anuncia la Pasión de Cristo en forma tan conmovedora.

1 Ataca, Señor, a los que me atacan, combate a los que me combaten,
2 Ponte a la armadura, toma el escudo y ven a socorrerme.
3 Con lanza y espada te paras frente a mis perseguidores, y a mí me dices: “Yo soy tu salvación.”
4 Vergüenza y deshonra para los que buscan mimuerte.
¡Atrás!, que retrocedan confusos los que rumian mi desgracia.
5 Que sean como pelusa al viento, empujados por el Angel del Señor.
6 Que su camino sea oscuro y resbaladizo, perseguidos por el Angel del Señor.
7 Sin motivo me tendieron lazos y me cavaron una fosa.
8 Que sin aviso caiga sobre ellos la ruina, el lazo que tendieron los pescará y caerán en la trampa.
9 Y yo me alegraré en el Señor, gozaré en su salvación.
10 Y de lo profundo de mi ser saldrá mi alabanza: “Señor, ¿quién hay como tú para librar al débil del más fuerte, y al pobre del que lo despoja?”
11 Se levantan falsos testigos, me preguntan lo que ignoro, 12 me devuelven mal por bien, y me atormentan.
13 Yo, en cambio, cuando estaban enfermos, me vestía de saco, me acababa la vida ayunando y rezaba de corazón.
14 Como un amigo, como un hermano; andaba encorvado de tristeza como quien llora a su madre.
15 Pero, cuando yo caí, se alegraron, se juntaron contra mí y me golpearon por sorpresa.
16 Me prueban, burlándose de mí continuamente, rechinan los dientes en mi contra.
17 Señor, ¿te vas a quedar mirando a los que me quieren mal?
18 Te daré gracias en la gran asamblea y te alabaré ante un pueblo numeroso.
19 Que no canten victoria los que me odian sin razón, ni se guiñen el ojo.
20 Esa gente no quiere la paz, sino que traman siniestros planes contra hombres pacíficos.
21 Y vienen a acusarme con puras calumnias diciendo: “Lo hemos visto.”
22 Pero tú, Señor, que lo has visto, no te quedes callado ni te hagas el desentendido.
23 Despiértate, levántate en mi defensa, Señor, Dios mío.
24 Defiende mis derechos, tú que eres justo, y que cesen de reírse a mis expensas.
25 ¿Qué no piensen: “Salió tal como queríamos”! ¡Que no digan: “Lo hemos tragado”!
26 Vergüenza y deshonor a la vez, a los que se burlan de mi desgracia.
27 Que sean humillados y confundidos los que se alzan contra mí.
28 Rían y alégrense los que creen en mis derechos.
29 Y que puedan decir los que desean bien para tu servidor: “¡Grande es el Señor!”
Y yo repetiré que eres justo, y te alabaré todo el día.

36 (35)

Maldad del pecador y bondad de Dios.- La misma maldad de los hombres nos incita a confiar en la bondad de Dios.

2 La maldad habla al impío en el fondo de su corazón; no hay temor de Dios ante sus ojos.
3 Se mira con ojos satisfechos, negándose a descubrir su error.
4 Sus palabras son engaño y maldad; renunció a ser bueno, a obrar el bien.
5 Rumia la maldad hasta en su lecho; se obstina en el camino extraviado, no abandona la mala senda.
6 Oh Dios, tu amor llega a los cielos, tu verdad, a las nubes.
7 Como los altos cerros es tu justicia, tus juicios como los abismos.
Tú eres el Salvador de todos, hombres y hasta animales.
8 Oh Dios, qué valioso es tu amor: los hijos de los hombres hallan abrigo a la sombra de tus alas.
9 Se sacian con lo mejor de tu casa, los embriagas en tu torrente de delicias.

10 En ti está la fuente de la vida y por tu Luz vemos la luz.
11 Conserva tu amor a los que te conocen, y tu justicia a los de recto corazón.

12 Que no me aplaste el pie del orgulloso, que el poder de los impíos no me persiga.
13 Ahí están por tierra los malvados caídos y sin poder levantarse.