LA BIBLIA - INTRODUCCIÓN

La Biblia no ha caído del cielo. Aquí están libros que no se proclamaron desde las nubes, con algún parlante celestial, sino que se reunieron pacientemente a lo largo de siglos en el seno del Pueblo de Dios, gracias a la fe de sus minorías más conscientes.

Durante unos 18 siglos, desde Abraham hasta Jesús, el pueblo de Israel descubrió, cada vez con mayor lucidez, que el Dios Único se había ligado a él. Las experiencias de la comunidad nacional, los llamados de esos hombres, llamados profetas, que hablaban de parte de Dios, las inquietudes que se desarrollaban entre los creyentes: todo esto pasó de una que otra manera a esos libros. Y fueron los responsables religiosos de Israel los que recibieron, escogieron y acreditaron estos libros, integrándolos al Libro Sagrado.

Así se formó el Antiguo Testamento de la Biblia.Testamento se refiere a que estos libros era como la herencia más preciosa entregada por Dios a su pueblo escogido.

Después de tantas experiencias, llegó para el pueblo de Israel un tiempo de crisis en que Dios quiso llevarlos de una vez a la madurez de la fe. Para eso vino Jesús. Con él se llevó a cabo la experiencia más trascendental de toda la historia. Jesús, sus esfuerzos para salvar al pueblo judío de una destrucción inminente, su rechazo, su muerte y, luego, su Resurrección: ésta fue la última palabra de Dios.

La trayectoria de Jesús originó la predicación de la Iglesia y los libros que en ella se escribieron. Aquellos libros que fueron aprobados por los responsables de la Iglesia pasaron a integrar el Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento comprende:

LOS CUATRO EVANGELIOS. La palabra Evangelio significa la Buena Nueva. Esos son los libros en que los apóstoles de Jesús escribieron lo que habían visto y aprendido de él.

Luego viene el libro de los HECHOS DE LOS APÓSTOLES, escrito por Lucas, el mismo que escribió el Tercer Evangelio.

Luego vienen más de veinte CARTAS que los apóstoles dirigieron a las primeras comunidades cristianas.

El Antiguo Testamento comprende:

Los LIBROS HISTÓRICOS. Aquí vemos la actuación de Dios para liberar a un pueblo que quier hacer que sea su pueblo. Lo vemos educar a ese pueblo y dar un sentido a su historia nacional. En estos libros se destacan:

El Génesis. El Exodo. El Deuteronomio. Los libros de Samuel.

LOS LIBROS PROFETICOS. Dios interviene en la historia por medio de sus profetas, encargados de transmitir su palabra.

LOS LIBROS DE SABIDURÍA destacan la importancia de la educación y del esfuerzo del individuo para llegar a ser un hombre responsable y un creyente.

Ediciones Paulinas - Verbo Divino

jueves, 27 de mayo de 2010

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

¿Quién era Mateo, llamado también Leví? Lo dice el Evangelio: ver Mt 9,9 y Mc 2,13. El propósito del Evangelio de Mateo fue de presentar la enseñanza de Jesús en forma ordenada. Suprimió los detalles cuando relataba los hechos, en cambio, realzó las palabras de Jesús.

Se notan cinco partes: cada una de ellas empieza con hechos de Jesús y termina con un discurso. Estos cinco discursos son:
- el Sermón en el Monte cap. 5-7;
- la instrucción a los misioneros cap. 10;
- las Parábolas del Reino cap. 13;
- las palabras sobre la Convivencia en la Iglesia cap. 18;
- el Porvenir de la Iglesia cap 23-25

Mateo introdujo su Evangelio con unos relatos de la infancia de Jesús. Ahí nos encontramos con un estilo muy particular: es una forma de literatura entonces muy apreciada de los judíos, en que es difícil distinguir lo que es historia y lo que es forma figurada de expresarse (los Magos, por ejemplo)
El Evangelio de Mateo se escribió para el uso de comunidades cristianas en que eran inmensos los creyentes de origen judío. Por eso insiste en que Jesús cumple las profecías de La Biblia (Mt 4,14; 8,17; 12,17..) También vuelve a menudo sobre el tema siguiente: el reino de Dios ha sido predicado a los judíos, pero Jesús sabía que iban a rechazarlo y que, debido a esto, la Iglesia se dirigiría a los pueblos paganos.
El Evangelio de Mateo ve en Jesús el Maestro de la humanidad. Sus parábolas y sus discursos nos enseñan un camino de perfección y dan la pauta para nuestra convivencia en una Iglesia pobre e igualitaria.

miércoles, 26 de mayo de 2010

1

Los antepasados de Jesús

1 Estos fueron los antepasados de Jesús, hijo de David e hijo de Abraham.
2 Abraham fue padre de Isaac, y éste de Jacob. Jacob fue padre de Judá y de sus hermanos.
3 De la unión de Judá y de Tamar nacieron Farés y Zera. Farés fue padre de Esrón.
4 Luego encontramos a Aram, Aminadab, Naasón y Salmón.
5 Salmón fue padre de Booz y Rahab fue la madre. Booz y Rut fueron padres de Obed. 6 Obed fue padre de Jesé y éste del rey David.
David y la que había sido esposa de Urías fueron los padres de Salomón. 7 Salomón fue padre de Roboam, que fue padre de Abías, y luego vienen los reyes Asá, 8 Josafat, Jora, Ocías, 9 Joatán, Ajaz, Ezequías, 10 Manasés, Amón y Josías.
11 Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en tiempo del destierro a Babilonia.
12 Y, después del destierro a Babilonia, Jeconías fue padre de Salatiel y éste de Zorobabel.
13 A continuación vienen Abiud, Eliacim, Azor, 14 Sadoc, Aquim, Eliud, 15 Eleazar, Matán y Jacob.
16 Jacob fue padre de José, esposo de María, y de María nació Jesús, llamado también Cristo.
17 De modo que las generaciones desde Abraham a David son catorce, catorce las de David hasta el destierro a Babilonia y catorce desde este destierro hasta Cristo.


Jesús nace de una madre virgen
(Lc 1,27)

18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Su madre María estaba comprometida con José. Pero, antes de que vivieran juntos, quedó esperando por obra del Espíritu Santo.
19 José, su esposo, era un hombre excelente, y no queriendo desacreditarla, pensó firmarle en secreto un acta de divorcio.
20 Estaba pensando en esto, cuando el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, descendiente de David, no temas llevar a tu casa a María, tu esposa, porque la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. 21 Y dará a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto ha pasado para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías. 23 Sepan que una virgen concebirá y dará a luz un hijo y los hombres lo llamarán Emanuel, que significa: Dios con nosotros.”
24 Con esto, al despertarse José, hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado y recibió en su casa a su esposa.
25 Y sin que tuvieran relaciones dio a luz un hijo al que José puso el nombre de Jesús.

2

Del Oriente vienen unos Magos

2 1 Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá, durante el reinado de Herodes, vinieron unos Magos de Oriente a Jerusalén, 2 y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, porque hemos visto su estrella en Oriente, y vinimos a adorarlo.”
3 Herodes y todo Jerusalén quedaron muy intranquilos por la noticia. 4 Reunió a todos los sacerdotes principales y a los maestros de la Ley para preguntarles dónde debía nacer el Cristo. 5 Ellos le contestaron que en Belén de Judá, ya que así lo anunció el profeta que escribió:
6 Belén en la tierra de Judá, tú no eres el más pequeño entre los principales pueblos de Judá, porque de ti saldrá un jefe, el pastor de mi pueblo, Israel.
7 Herodes, entonces,llamó privadamente a los magos para saber la fecha exacta en que se les había aparecido la estrella. 8 Encaminándolos a Belén les dijo: “Vayan y averiguen bien lo que se refiere a este niño. Cuando hayan encontrado avísenme para ir yo también a adorarlo.”
9 Después de esta entrevista, los magos prosiguieron su camino. La estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta se paró sobre el lugar en que estaba el niño. 10 Al ver la estrella se alegraron mucho, y, habiendo entrado en la casa, 11 hallaron al niño que estaba con María, su madre. Se postraron para adorarlo y, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
12 Luego regresaron a su país por otro camino, porque se les avisó en sueños que no volvieran donde Herodes.


La huida a Egipto

13 Después que partieron los Magos, el Angel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes buscará al niño para matarlo.”
14 José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre y se retiró a Egipto. 15 Permaneció allí hasta la muerte de Herodes. De este modo se cumplió lo que había dicho el señor por boca del profeta:
Yo llamé de Egipto a mi hijo.
16 Entre tanto, Herodes, al ver que los Magos lo habían engañado, se enojó muchísimo y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y sus alrededores, de acuerdo con los datos que le habían proporcionado los Magos.
17 Entonces se vio realizado lo que anunció el profeta Jeremías:
18 En Ramá se oyeron gritos, grandes sollozos y lamentos. Es Raquel que no quiere consolarse porque llora a sus hijos muertos.

José y María vuelven a Nazaret

19 Después de la muerte de Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José, en Egipto. Le dijo: 20 “Levántate y regresa con el niño y su madre a la tierra de Israel, porque ya han muerto los que querían matar al niño.”
21 José, pues, se levantó, tomó al niño y a su madre, y se vino ala tierra de Israel. 22 Pero temió ir a Judea, sabiendo que allí reinaba Arquelao en reemplazo de Herodes, su padre. Siguiendo un aviso que recibió en sueños, se retiró a Galilea 23 y fue a vivir en un pueblo llamado Nazaret. Así había de cumplirse lo que dijeron los profetas: Lo llamarán Nazoreo.

3

Juan Bautista anuncia la venida de Jesús
(Mc 1,1 Lc 3,1 Jn 1,19)


3 1 En ese tiempo se presentó Juan Bautista en el desierto de Judea, 2 y proclamaba este mensaje: “Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado.” 3 De él hablaba el profeta Isaías al decir: “Escuchen ese grito en el desierto. Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.”
4 Juan vestía un manto de pelo de camello, con un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel de abeja silvestre. 5 Entonces iban a verlo los judíos de Jerusalén, de Judea y de toda la región del Jordán. 6 Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán.
7 Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a bautizarse, les dijo: “Raza de víboras. ¿Acaso podrán escapar al castigo que se les viene encima? 8 Muestren, pues, los frutos de una sincera conversión, en vez de confiarse en que son los hijos de Abraham. 9 Yo les aseguro que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham aun de estas piedras. 10 Fíjense que el hacha llega a la raíz. Ya está cortando a todo árbol que no da buen fruto y lo arrojan al fuego.
11 Mi bautismo es bautismo de agua y significa un cambio de vida. Pero otro viene después de mí y más poderoso que yo y ¿quién soy yo para sacarle el zapato? El los bautizará en el fuego o sea, en el soplo del Espíritu Santo. 12 El tiene en sus manos el harnero y limpiará su trigo, que guardará en sus bodegas, pero la paja la quemará en el fuego que no se apaga.”


Jesús recibe el bautismo de Juan
(Mc 1,9 Lc 3,21 Jn 1,29)

13 Por ese tiempo, vino Jesús, de Galilea al río Jordán, en busca de Juan para que lo bautizara. 14 Pero Juan se oponía, diciendo: “Yo soy el que necesito tu bautismo ¿y tú quieres que yo te bautice?”
15 Jesús le respondió: "Déjame hacer por el momento; porque es necesario que así cumplamos lo ordenado por Dios.” Entonces Juan aceptó.
16 Una vez bautizado, Jesús salió del río. De repente se le abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como paloma y venía sobre él. 17 Y se oyó una voz celestial que decía:
“Este es mi Hijo, el Amado, éste es mi Elegido.”

4

Jesús es tentado en el desierto
(Lc 4,1 Mc 1,12)


4 1 Luego el Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo. 2 Y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
3 entonces, se le acercó el tentador y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, ordena que esas piedras se conviertan en pan.” 4 Pero Jesús respondió: “Dice la Escritura que el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
5 Después de esto, el diablo lo llevó a la ciudad Santa, y lo puso en la parte más alta del Templo, 6 y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí para abajo. Puesto que la escritura dice: Dios ordenará a sus ángeles que te lleven en sus manos para que tus pies no tropiecen en piedra alguna.” 7 Jesús replicó: “Dice también la Escritura: No tentarás al Señor tu Dios.”
8 En seguida lo llevó el diablo a un cerro muy alto, le mostró todas las naciones del mundo con todas sus riquezas, 9 y le dijo: “Te daré todo esto si te hincas delante de mí y me adoras.” 10 Entonces Jesús le respondió: “Aléjate de mí, Satanás, porque dice la Escritura: Adorarás al Señor tu Dios, a él solo servirás.”
11 Entonces lo dejó el diablo y acercándose los ángeles se pusieron a servir a Jesús.


(Mc 1,14 Lc 4,14)

12 Oyó Jesús que habían encarcelado a Juan, por lo que se alejó, volviendo a Galilea. 13 Allí, dejando la ciudad de Nazaret, fue a vivir a Cafarnaún, cerca del lago, en los límites de Zabulón y Neftalí.
14 Así se cumplió lo que dijo el Profeta Isaías:
15Oigan, territorios de Zabulón y Neftalí y los de las orillas del Mar y de más allá del Jordán; escúchame, Galilea, tierra de Paganos.
16 A tus habitantes postrados en tinieblas los iluminó una luz grande. Estaban sentados en la región sombría de la muerte, pero apareció para ellos una luz.”

17 Entonces fue cuando Jesús empezó a predicar. Y les decía: “Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado.”
18 Caminaba Jesús a orillas del lago de Galilea y vio a dos hermanos: Simón, llamado después Pedro, y a Andrés, que echaban las redes al agua porque eran pescadores. 19 Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres.”
20 Los dos dejaron inmediatamente las redes y empezaron a seguirlo.
21 Más allá vio a otros dos hermanos: Santiago y Juan, que con Zebedeo, su padre, estaban en su barca, zurciendo las redes. Jesús los llamó, 22 y ellos también dejaron la barca y al padre y empezaron a seguirlo.
23 Jesús recorría toda la Galilea enseñando en las sinagogas. Predicaba la Buena Nueva del Reino y sanaba todas las dolencias y enfermedades de la gente. 24 Por eso se extendió su fama por toda Siria.
Le traían todos los enfermos, los aquejados por males y dolencias diversas, los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y a todos los sanaba. 25 Lo seguía un gentío inmenso de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.

5

Las bienaventuranzas
(Lc 6)


5 1 Jesús, al ver a toda esa muchedumbre, subió al monte. Allí se sentó y sus discípulos se le acercaron. 2 Comenzó a hablar, y les enseñaba así:
3 “Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
4 Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.
5 Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia
6 Felices los que tienen hambre y sed de Justicia, porque serán saciados.
7 Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.
8 Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.
9 Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.
10 Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
11 Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. 12 Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así trataron a los profetas que hubo antes que ustedes.


Sal y luz de la tierra
(Mc 4,21, Lc 14,34; 8,16; 11,33)

13 Ustedes son la sal de la tierra. Y si la sal se vuelve a desabrida, ¿con qué se le puede devolver el sabor? Ya no sirve para nada sino para echarla a la basura o para que la pise la gente. 14 Ustedes son luz para el mundo. No se puede esconder una ciudad edificada sobre un cerro. 15 No se enciende una lámpara para esconderla en un tiesto, sino para ponerla en un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa. 16 Así, pues, debe brillar su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre de ustedes que está en los Cielos.

Una ley más perfecta

17 No crean que yo vine a suprimir la Ley o los Profetas: No vine a suprimirla, sino para darle su forma definitiva. 18 Les aseguro que primero cambiarán el cielo y la tierra antes que una coma de la Ley: todo se cumplirá. 19 Por tanto, el que deje de cumplir uno de los mandamientos de la Ley, por insignificante que parezca, y enseñe a los hombres a desobedecerlo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; al contrario, el que los cumpla y los enseñe será grande en el Reino de los Cielos.
20 Y les digo que si su vida no es más perfecta que la de los maestros de la Ley y de los fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

21 Ustedes han escuchado que se dijo a sus antepasados: “No matarás, y el que mate deberá responder ante la justicia.” 22 Yo les digo más: cualquiera que se enoje contra su hermano comete un delito, y el que lo trate de tonto merecería responder ante el Tribunal Supremo, y el que lo trate de renegado de la fe es digno del infierno. 23 Por eso, cuando presentes una ofrenda al altar, si recuerdas allí que tu hermano tiene alguna queja en contra tuya, 24 deja ahí tu ofrenda ante el altar, anda primero a hacer las paces con tu hermano y entonces vuelve a presentarla. 25 Llega a un acuerdo con tu enemigo mientras van de camino, no sea que tu enemigo te entregue al juez y el juez al carcelero y te echen al calabozo. 26 Te aseguro que no saldrás de ahí sino cuando hayas pagado hasta el último centavo.

27 Se dijo a los antepasados: “No cometerás adulterio.” 28 Ahora yo les digo que quien mira con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio en su interior. 29 Por eso, si tu ojo derecho es ocasión de pecado para ti, sácatelo y tíralo lejos; porque es más provechoso para ti perder una parte de cuerpo y que no seas arrojado entero al infierno. 30 Y si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtatela, porque es mejor perder una parte de cuerpo y no que vayas entero a parar al infierno.

31 Se dijo también: “El que despide a su mujer le dará un certificado de divorcio.” 32 Pero yo les digo que el que despide –fuera del caso de infidelidad- la empuja al adulterio. Y también el que se case con esa mujer divorciada comete adulterio.


No jurar

33 Ustedes aprendieron también lo dicho a sus antepasados: “No jurarás en falso, sino que cumplirás lo que has prometido al Señor.” 34 Ahora yo digo: No juren nunca: ni por el cielo, porque es el trono de Dios. 35 Ni por la tierra, que es la tarima de sus pies; ni por Jerusalén porque es la ciudad del Gran rey; 36 ni por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni uno solo de tus cabellos. 37 Digan, sí cuando es sí, y no cuando es no, porque lo que se añade lo dicta el demonio.

Amar a todos los hombres
(Lc 6,29)

38 Ustedes saben que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente.” En cambio, yo les digo: 39 No resistan a los malvados. Preséntale la mejilla izquierda al que te abofetea la derecha, 40 y al que te arma pleito por la ropa, entrégale también el manto. 41 Si alguien te obliga a llevarla la carga, llévasela el doble más lejos. 42 Dale al que te pida algo y no le vuelvas la espalda al que te solicite algo prestado.

43 Ustedes saben que se dijo: “Ama a tu prójimo y guarda rencor a tu enemigo.” 44 Pero yo les digo: Ame a sus enemigos y recen por sus perseguidores. 45 Así serán hijos de su Padre que está en los cielos. El hace brillar el sol sobre malos y buenos, y caer la lluvia sobre justos y pecadores.
46 Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué premio merecen?, ¿no obran así también los pecadores? 47 ¿Qué hay de nuevo si saludan a sus amigos?, ¿no lo hacen también los que no conocen a Dios? 48 Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto su Padre que está en el Cielo.

6

Hacer el bien sin decirlo

6 1 Tengan cuidado de no hacer el bien delante de los hombres, para que los vean; de lo contrario, el Padre celestial, Padre de Ustedes, no les dará ningún premio. 2 Por eso, cuando des limosna, no lo publiques al son de trompetas, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben. Yo les digo que ya recibieron su premio.
3 Tú, en cambio, cuando das limosna, no debe saber tu mano izquierda lo que hace tu derecha; 4 cuida que tu limosna quede en secreto, y tu Padre, que ve los secretos, te premiará.
5 Cuando recen no hagan como los hipócritas, que gustan orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los hombres los vean. Ellos ya recibieron su premio.
6 Tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y reza a tu Padre que comparte tus secretos, y tu Padre, que ve los secretos, te premiará. 7 Al orar no multipliquen las palabras, como hacen los paganos que piensan que por mucho hablar serán atendidos. 8 Ustedes no recen de ese modo, porque antes que pidan, el Padre sabe lo que necesitan.


El Padre Nuestro
(Lc 11,1 Mc 11,25)

9 Ustedes, pues, oren de esta forma:
Padre nuestro, Padre de los Cielos, santificado sea tu Nombre,
10 venga tu reino,
hágase tu voluntad:
en la tierra como en el Cielo.
11 Danos hoy el pan de este día
12 y perdona nuestras deudas,
como nosotros perdonamos a nuestros deudores,
13 y no nos dejes caer en la prueba,
sino que líbranos del Malo.
14 Queda bien claro que si ustedes perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre celestial los perdonará. 15 En cambio, si no perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.
16 Cuando ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que se desfiguran la cara para mostrar a todos que ayunan. Les aseguro que ya recibieron su recompensa. 17 Tú, cuando ayunes, perfúmate el cabello y no dejes de lavarte la cara, 18 porque no son los hombres quienes deben darse cuenta de que tú ayunas, sino tu Padre que está en el secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te premiará.


(Lc 11,34; 12,33)

19 No se hagan tesoros en la tierra, donde la polilla y el gusano los echan a perder y donde los ladrones rompen el muro y roban. 20 Acumulen tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el gusano los echan a perder, ni hay ladrones para romper el muro y robar. 21 Pues donde están tus riquezas, ahí también estará tu corazón.

22 Tu ojo es tu lámpara. Si tu ojo es limpio, toda tu persona aprovecha la luz. Pero, si es borroso, toda tu persona estará en la confusión. 23 Si lo que había de luz en ti se volvió confusión, ¡cómo serán tus tinieblas!


Poner su confianza en Dios y no en el dinero
(Lc 12,22; 16,13)

24 Ningún servidor puede quedarse con dos patrones, porque verá con malos ojos al primero y amará al otro, o bien preferirá al primero y no le gustará el segundo. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero.
25 Por eso les digo: No anden preocupados por su vida: ¿qué vamos a comer?, ni por su cuerpo: ¿qué ropa nos pondremos? ¿No es más la vida que el alimento y el cuerpo más que la ropa? 26 Miren cómo las aves del cielo no siembran, ni cosechan, ni guardan en bodegas, y el Padre celestial, Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes más que las aves?. 27 ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede alargar su vida? 28 Y ¿por qué preocuparse por la ropa?¡Miren cómo crecen los lirios del campo! No trabajan ni tejen, 29 pero créanme que ni Salomón con todo su lujo se puso traje tan lindo. 30 Y si Dios viste así a la flor del campo que hoy está y mañana se echará al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?
31 ¿Por qué, pues, tantas preocupaciones? ¿Qué vamos a comer?, o ¿qué vamos a beber?, o ¿con qué nos vestiremos? 32 Los que no conocen a Dios se preocupan por esas cosas. Pero el Padre de ustedes sabe que necesitan todo eso. 33 Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y esas cosas vendrán por añadidura. 34 Ni se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará de sí mismo. Basta con las penas del día.

martes, 25 de mayo de 2010

7

La viga y la pelusa
(Lc 6,37; 11,9; 6,31 13,23)


7 1 No juzguen y no serán juzgados; 2 porque de la manera que juzguen serán juzgados y con la medida con que midan los medirán a ustedes. 3 ¿Por qué ves la pelusa en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo? 4 ¿Cómo te atreves a decir a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú una viga en el tuyo? 5 Hipócrita, sácate primero la viga que tienes en el ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano.

6 No den las cosas sagradas a los perros, ni echen sus joyas a los cerdos. Ellos podrían pisotearlas y, después, se lanzarían encima de ustedes para destrozarlos.

7 Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen a la puerta y les abrirán. 8 Porque el que pide, recibe; el que busca, halla, y al que llame a una puerta le abrirán. 9 ¿Quién de ustedes da una piedra a su hijo si le pide pan, 10 o una culebra si le pide pescado? 11 Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con mayor razón el Padre celestial, Padre de ustedes, dará cosas buenas a los que se las pidan.
12 Entonces, todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos: ahí tienen toda la Biblia.

13 Entren por la puerta angosta, porque la puerta ancha y el camino amplio conducen a la perdición y muchos entran por ahí. 14 Angosta es la puerta, y estrecho el camino que conducen a la salvación, y son pocos los que dan con él.


El árbol se conoce por sus frutos
(Lc 6,43)

15 Tengan cuidado con los falsos profetas, que vienen a ustedes disfrazados de ovejas, cuando en realidad son lobos feroces. 16 Ustedes los conocerán por sus frutos. No se sacan uvas de los espinos, ni higos de los cardos. 17 todo árbol bueno da frutos buenos, y el árbol que no es bueno no los da. 18 El árbol bueno no puede dar frutos malos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19 Por lo tanto, reconocerán al árbol por sus frutos.
20 El árbol que no da frutos se corta y se echa al fuego.


La casa edificada sobre la roca
(Lc 6,47; 13,26 Mc 1,22)

21 No es el que me dice: ¡Señor! ¡Señor!, el que entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo. 22 En el día del Juicio muchos me dirán: Señor, Señor, profetizamos en tu Nombre, y en tu Nombre arrojamos los demonios, y en tu Nombre hicimos muchos milagros. 23 Yo les diré entonces: No los reconozco. Aléjense de mí todos los malhechores.
24 El que escucha mis palabras y las practica es como un hombre inteligente que edificó su casa sobre la roca. 25 Cayó la lluvia a torrentes, sopló el viento huracanado contra la casa, pero la casa no se derrumbó, porque tenía los cimientos sobre la roca. 26 En cambio, el que oye estas palabras sin ponerlas en práctica, es como el que no piensa, y construye su casa sobre la arena. 27 Cayó la lluvia a torrentes, soplaron los vientos contra la casa, y ésta se derrumbó con gran estrépito.”
28 Cuando Jesús terminó estos discursos, lo que más había impresionado a la gente era su modo de enseñar, 29 porque hablaba con autoridad y no como los maestros de la Ley que tenían ellos.

8

Curación de un leproso
(Mc 1,40; Lc 5,12)


8 1 Cuando Jesús bajó del monte, lo siguió mucha gente.
2 Un leproso vino a arrodillarse delante de él y le dijo: “Señor, si quieres tú pues limpiarme.” 3 Jesús alargó la mano, lo tocó y le dijo: “Lo quiero, queda limpio.” Su lepra desapareció inmediatamente.
4 Jesús le dijo en seguida: “No lo digas a nadie, sino que ve a mostrarte al sacerdote y presenta la ofrenda ordenada por la Ley de Moisés; así comprobarán lo sucedido.”


Jesús sana al sirviente del capitán
(Lc 7,1 Jn 4,46)

5 Jesús entró en Cafarnaún. Se le presentó un capitán que le suplicaba, 6 diciendo: “Señor, mi muchacho está en cama, totalmente paralizado, y sufre terriblemente.” 7 Jesús le dijo: “Yo iré a sanarlo.”
8 Contestó el capitán: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Di una palabra solamente y mi sirviente sanará. 9 Yo mismo, aunque soy un subalterno, tengo autoridad sobre mis soldados; le digo a uno: Marcha, y marcha; y a otro: Ven, y viene; y a mi sirviente: Haz esto y lo hace.”
10 Jesús se maravilló al oírlo y dijo a los que le seguían: “En verdad no he encontrado fe tan grande en el pueblo de Israel, 11 y les aseguro que vendrán muchos del oriente y del occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos. 12 En cambio, los que debían entrar al Reino serán echados fuera, a las tinieblas, donde hay llanto y desesperación.”
13 En seguida dijo Jesús al capitán: “Puedes irte, y que te suceda como creíste.” Y en aquella hora el muchacho quedó sano.
14 Habiendo ido Jesús a la casa de Pedro, encontró a la suegra de éste en cama, con fiebre. 15 Jesús la tomó de la mano y le pasó la fiebre. Ella se levantó y comenzó a atenderle.
16 Al llegar la noche le trajeron muchos endemoniados. El echó a los demonios con una sola palabra y sanó a todos los enfermos. 17 Así se cumplió la profecía de Isaías; Hizo suyas, nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.


(Lc 9,57)

18 Jesús, al verse rodeado de un gran gentío, mandó pasar a la otra orilla del lago. 19 En ese momento un maestro de la Ley se acercó a él y le dijo: “Maestro, te seguiré a donde vayas.” 20 Jesús le contestó: “Los zorros tienen sus madrigueras y las aves sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene ni dónde descansar la cabeza.”
21 También uno de mis discípulos le dijo: “Señor, deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre.” 22 Jesús le contestó: “Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.”


Jesús calma la tempestad
(Mc 4,35 Lc 8,22)

23 Después, Jesús subió a la barca y lo seguían sus discípulos. 24 Se desató una tormenta tan grande en el mar, que las olas cubrían la barca, pero él dormía.
25 Los discípulos se le acercan y lo despiertan, diciéndole: “Socórrenos, Señor, que nos hundimos.” 26 Jesús les dice: “Gente de poca fe, ¿por qué tienen miedo?” Después se pone en pie, da una orden a los vientos y al mar, y todo queda tranquilo.
27 Aquellos hombres, llenos de admiración, exclamaron: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?”


Los demonios y los cerdos
(Mc 5,1 Lc 8,26)

28 AL llegar a la orilla opuesta, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre unos sepulcros y vinieron a su encuentro. Eran hombres tan salvajes que nadie podía pasar por ese campo. 29 Y se pusieron a gritar: “Hijo de Dios, ¿qué quieres con nosotros? ¿Viniste a atormentarnos antes de tiempo?”
30 Había por allí, a alguna a distancia, una gran cantidad de cerdos que estaban pastando. 31 Los demonios suplicaron a Jesús: “Si nos expulsas, mándanos a esta manada de cerdos.” Jesús les dijo: “Vayan” 32 Salieron, pues, y se metieron en los cerdos. Y sucedió de repente toda la manada se lanzó al mar desde lo alto del acantilado y perecieron en las aguas.
33 Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad. Ahí contaron todo lo sucedido y también lo referente a los endemoniados. 34 Entonces todos los habitantes vinieron al encuentro de Jesús y le rogaron que se fuera de su territorio.

9

Jesús sana al paralítico
(Mc 2,1 Lc 5,17)


9 1 Jesús subió a la barca y se fue por mar a su ciudad. 2 Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al ver a Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: “Hijo, ten confianza. Tus pecados te quedan perdonados.” 3 Entonces algunos de los maestros de la Ley pensaron: “¡Qué manera de burlarse de Dios!” 4 Jesús, que veía sus pensamientos, dijo: “¿Por qué piensan mal? 5 ¿Qué es más fácil decir: Te perdono tus pecados, o: Levántate y anda? 6 Sepan entonces que el Hijo del Hombre tiene poder sobre la tierra para perdonar los pecados.” Y dijo al paralítico: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.”
7 Y el paralítico se levantó y se fue a su casa. 8 La gente quedó muy impresionada y reconoció la grandeza de Dios que había dado tanto poder a los hombres.


Jesús llama al Apóstol Mateo
(Mc 2,13 Lc 5,27)


9 Jesús, al irse de ahí, vio a un hombre llamado Mateo, en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: “Sígueme” Mateo se levantó y lo siguió.
10 Luego, Jesús estuvo en una comida en casa de Mateo. Se presentaron buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora, y se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11 Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicamnos y pecadores?”
12 Pero Jesús los oyó y dijo: “Los sanos no necesitan médico, sino los enfermos. 13 Aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Yo no les pido ofrendas, sino que tengan compasión. Pues no vine a llamar a los hombres perfectos sino a pecadores.”
14 En ese momento se le acercaron algunos discípulos de Juan y le preguntaron: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y tus discípulos no ayunan?”
15 Jesús les contestó: “¿Sería bueno que los compañeros del novio anden tristes cuando el novio está con ellos? Vendrán días en que el novio les será quitado, entonces ayunarán.
16 Nadie remienda ropa vieja con un pedazo de género nuevo, porque el pedazo nuevo agrandaría la rotura. 17 Ni nadie echa vino nuevo en vasijas viejas, porque si lo hacen, se rompen las vasijas, el vino se desparrama y las vasijas se pierden. El vino nuevo se echa en vasijas nuevas, y así se conservan el vino y las vasijas.”


Jesús resucita a la hija de un jefe
(Mc 5,21 Lc 8,40)

18 Mientras Jesús hablaba, llegó un jefe de los judíos, se postró delante de Jesús y le dijo: “Mi hija acaba de morir, pero ven a mi casa, impónle la mano y vivirá.”
19 Jesús se levantó y lo siguió en compañía de sus discípulos.

20 Mientras iba, una mujer que padecía desde hacía doce años de una hemorragia, se acercó por detrás y tocó el fleco de su manto. 21 Pues ella pensaba: “Con sólo toca su manto sanaré.” 22 Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: “Animo, hija; tu fe te ha salvado.” Y la mujer quedó sana en ese mismo momento.
23 Jesús, al llegar a la casa del jefe, encontró a los flautistas que tocaban música fúnebre y toda la gente alborotada. 24 Les dijo: “Váyanse, porque la niña está dormida y no muerta.” Ellos se burlaron de Jesús; 25 sin embargo, cuando los echaron fuera, él entró, tomó a la niña por la mano, y la niña se levantó. 26 Esta noticia corrió por todo el lugar.
27 Dos ciegos siguieron a Jesús cuando se retiraba de ahí. Le gritaban: “¡Hijo de David, ten compasión de nosotros!” 28 Cuando Jesús estuvo en su casa, los ciegos lo fueron a buscar y Jesús les preguntó: “¿Creen que yo puedo sanarlos?” Contestaron: “Sí, Señor.”
29 Entonces Jesús les tocó los ojos, diciendo: “Reciban ustedes lo que han creído. Y vieron. 30 Después les ordenó severamente: “Que nadie lo sepa.” 31 Sin embargo, ellos, en cuanto salieron, lo publicaron por todas partes.
32 Cuando se iban los ciegos, le trajeron un endemoniado mudo. 33 Jesús echó al demonio, y el mudo habló. La gente quedó maravillada, y todos decían: “Nunca se ha visto algo parecido en nuestro país.” 34 En cambio, los fariseos comentaban: “Este echa los demonios con la ayuda del rey de los demonios.”

35 Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos. Enseñaba en las sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del reino y sanaba todas las enfermedades y dolencias. 36 Viendo el gentío, se compadeció porque estaban cansados y decaídos, como ovejas sin pastor. 37 Dijo entonces a sus discípulos: “La cosecha es grande, y son pocos los obreros. 38 Por eso rueguen al dueño de la cosecha que mande obreros para hacer su cosecha.”

10

Los doce apóstoles
(Mc 3,13 Lc 6,12)


1
0 1 Jesús, pues, llamó a sus doce discípulos y les dio poder para expulsar a los demonios y para curar toda clase de enfermedades y dolencias.
2 Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago y Juan, hijos de Zebedeo; 3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo; Tadeo; 4 Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el que lo traicionó.

Jesús envía a los primeros misioneros
(Lc 9,1; 10,1 Mc 6,8)


5 Estos son los Doce que Jesús envió con las instrucciones siguientes: “No vayan a tierras extranjeras ni entren en ciudades de los samaritanos, 6 sino que primero vayan en busca de las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
7 Mientras vayan caminando, proclamen que el Reino de Dios se ha acercado. 8 Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios. Den gratuitamente, puesto que recibieron gratuitamente. 9 No traten de llevar ni oro, ni plata, ni monedas de cobre, 10 ni provisiones para el viaje. No tomen más ropa de la que llevan puesta; ni bastón ni sandalias. Porque el que trabaja tiene derecho a comer.
11 En todo pueblo o aldea en que entren, vean de qué familia hablan en bien y quédense ahí hasta el momento de partir.
12 Al entrar en la casa, pidan la bendición para ella. 13 Si esta familia merece la paz, la recibirá; y si no la merece, la bendición volverá a ustedes.
14 Donde no los reciban, ni los escuchen salgan de esa familia o de esa ciudad, sacudiendo el polvo de los pies. 15 Yo les aseguro que esa ciudad, en el día del Juicio, será tratada con mayor rigor que Sodoma y Gomorra. 16 Fíjense que los envío como ovejas en medio de lobos. Por eso tienen que ser astutos como serpientes y sencillos como palomas.


Los testigos de Jesús serán perseguidos
(Lc 12,11 Mc 13,19; 4,22; 8,38)


17 Cuídense de los hombres: a ustedes los arrastrarán ante las autoridades, y los azotarán en las sinagogas. 18 Por mi causa, ustedes serán llevados ante los gobernantes y los reyes, teniendo así loa oportunidad de dar testimonio de mí ante ellos y los paganos.

19 Cuando los juzguen, no se preocupen por lo que van a decir ni cómo tendrán que hacerlo; en esa misma hora se les dará lo que van a decir. 20 Pues no van a ser ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.
21 Entonces, un hermano denunciará a su hermano para que lo maten, y el padre a su hijo, y los hijos se sublevarán contra sus padres y los matarán. 22 A causa de mi Nombre, ustedes serán odiados por todos, pero el que se mantenga firma hasta el fin se salvará.
23 Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Créanme que no terminarán de recorrer todas las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre.
24 El discípulo no es más que su maestro, ni el sirviente es más que su patrón. 25 Es ya bastante que el discípulo sea como su maestro y el sirviente como su patrón. Si al dueño de casa lo han llamado demonio, ¡qué no dirán de su familia! 26 Pero no los teman por eso.
No hay cosa oculta que no venga a descubrirse; ni hay secreto que no llegue a saberse. 27 Así, pues, lo que les digo a oscuras, repítanlo a la luz del día, y lo que les digo al oído, grítenlo desde los techos.

28 No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede echar el alma y el cuerpo al infierno. 29 ¿Cuánto valen dos pajaritos? Algunos centavos, ¿no es cierto? Y, sin embargo, no cae a tierra ni uno solo, si no lo permite el Padre. 30 Entonces no teman, pues hasta los cabellos de sus cabezas están contados; 31 con todo ustedes valen más que los pajaritos.

32 Al que me reconozca delante de los hombres, y o lo reconoceré delante de mi Padre que está en los Cielos. 33 Y al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.
34 No piensen que vine a traer la paz a la tierra; no vine a traer la paz, sino la espada. 35 Vine a poner al hijo en contra de su padre; a la hija en contra de su madre, y a la nuera, en contra de su suegra. 36 Cada cual encontrará enemigos en su propia familia. 37 No es digno de mí el que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí el que ama a su hijo o a su hija más que a mí. 38 No es digno de mí el que no toma su cruz para seguirme. 39 El que procure salvar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida por mí, la hallará.
40 El que los recibe a ustedes, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa digna de un profeta. 41 El que recibe a un hombre bueno por ser bueno, recibirá la recompensa que corresponde a un hombre bueno. 42 Lo mismo, el que dé un vaso de agua fresca a uno de los míos, porque es discípulo mío, yo les aseguro que no quedará sin recompensa.”

lunes, 24 de mayo de 2010

11

La misión de Juan y la de Jesús
(Lc 7,18 16,16; 10,12)

11 1 Cuando Jesús terminó de instruir a sus doce apóstoles, se fue de ahí a predicar y a enseñar en las ciudades judías.

2 Juan se enteró en la cárcel de lo que hacía Cristo; por eso envió a sus discípulos 3 a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?” 4 Jesús les contestó: “Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: 5 los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan sanos, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una buena nueva llega a los pobres. 6 Y además, ¡feliz el que me encuentra y no se confunde conmigo!
7 Una vez que se fueron los discípulos de Juan, Jesús comenzó a hablar de él a la gente: “¿Qué fueron a ver ustedes al desierto? ¿Una caña agitad por el viento? 8 ¿Qué fueron a ver? ¿A un hombre vestido elegantemente? Pero los elegantes viven en palacios. 9 Entonces, ¿qué fueron a ver?. ¿A un profeta? Eso sí. Yo les aseguro que Juan es más que un profeta. 10 Porque se refiere a Juan esta palabra de Dios: Mira que Yo envío a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
11 Yo les aseguro que no se ha presentado entre los hombres profeta más grande que Juan Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el reino de los Cielos es más que él. 12 Desde que vino Juan Bautista hasta ahora, el Reino de Dios se alcanza a la fuerza y solamente los esforzados entran en él. 13 Con Juan Bautista finalizaron los tiempos de la Ley y de los profetas, tiempos de la profecía y de la espera. 14 Entiendan esto, si pueden: Elías había de volver, ¿no es cierto? Este ha sido Juan. 15 El que tenga oídos, que entienda.
16 ¿Con quién puedo comparar a la gente de hoy? Son como niños sentados en la plaza que se quejan unos de otros: 17 Les tocamos la flauta y ustedes no bailaron; les cantamos canciones tristes y no trataron de llorar.
18 Así pasó con Juan, que no comía, ni bebía, y dijeron: 19 Está endemoniado. Luego viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: Es un comilón y un borracho, amigo de la gentuza y de los pecadores. Pero, con todo, aquel que es Sabiduría de Dios, ha sido reconocido por sus obras.”
20 Entonces comenzó a reprender a las ciudades en donde sus milagros habían sido más numerosos y que, sin embargo, no se habían arrepentido.

21 ¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida!; porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que yo hice en ti, seguramente habrían hecho penitencia, vestidos de sacos y cubiertos de ceniza. 22 Por eso, Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor en el día del Juicio. 23 Y tú, Cafarnaún, ¿pretendes llegar hasta las nubes? Serás hundida en el infierno. Porque si los milagros que se han realizado en ti se hubieran hecho en Sodoma, todavía existiría Sodoma. 24 Por eso les digo que la región de Sodoma, en el día del Juicio, será tratada con menos rigor.”


Carguen con mi yugo
(Lc 10,21)

25 Por aquel tiempo exclamó Jesús: “Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a la gente sencilla. Sí, Padre, así te pareció bien.
26 Mi Padre puso todas las cosas en mis manos. 27 Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a los que el Hijo quiere dárselo a conocer.
28 Vengan a mí los que se sienten cargados y agobiados, porque yo los aliviaré. 29 Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy paciente de corazón y humilde, y sus almas encontrarán alivio. 30 Pues mi yugo es bueno, y mi carga liviana.”

12

Referente al sábado
(Mc 2,23; 3,1 Lc 6,1; 14,1)


12 1 En una ocasión pasó Jesús en día sábado por unos trigales. Sus discípulos, que tenían hambre, comenzaron a sacar espigas y comerse los granos. 2 Al verlos, unos fariseos le dijeron: “Tus discípulos hacen lo que está prohibido hacer en día sábado.”
3 Jesús les contestó: “¿No han leído lo que hicieron David y sus compañeros cuando estaban muertos de hambre? 4 Pues, que entró a la casa de Dios y comieron los panes sagrados, que ni él ni sus compañeros podían comer, sino solamente los sacerdotes. 5 ¿No han leído en la Ley que los sacerdotes trabajan los sábados en el Templo y no por eso pecan?
6 Y, además, se lo digo, aquí está uno que es más grande que el Templo. 7 Y si ustedes entendieran claramente lo que significa: Yo no les pido ofrendas, sino que tengan compasión, no habrían condenados a estos inocentes.
8 Además, el Hijo del Hombre tiene autoridad sobre el sábado.”

9 Saliendo de ese lugar, Jesús llega a una sinagoga de los judíos. 10 Allí estaba un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos le preguntaron: “¿Está permitido hacer curaciones en día sábado?” Esperaban una respuesta para poder acusarlo.
11 Jesús dijo: “Supongan que alguno de ustedes tenga una sola oveja. Si se le cae a un barranco en día sábado, ¿no irá a sacarla? 12 ¿Y no vale mucho más un hombre que una oveja? Por lo tanto, está permitido hacer el bien en día sábado.” 13 Dijo entonces al enfermo: “Extiende la mano.” La extendió y le quedó tan sana como la otra. 14 Los fariseos entonces salieron, y se reunieron para ver la manera de acabar con él.
15 Jesús, que lo sabía, se alejó. Pero muchos lo siguieron, y él los sanó a todos. 16 Pero él les mandaba que no dijeran quién era.
17 Así debía cumplirse lo que dice el profeta Isaías.
18 Viene mi siervo, mi elegido; a él le quiero y en él me complazco. Pondré mi espíritu sobre él, para que anuncie la verdad a las naciones.
19 No peleará con nadie ni gritará, ni llenará las plazas del ruido de sus discursos.
20 No quebrará la caña hecha trizas, ni apagará la mecha que todavía humea, hasta que finalmente haga triunfar la verdad. 21 De él las naciones esperan su salvación.


El pecado más grave
(Mc 3,22 Lc 11,15)

22 Le trajeron en ese momento un endemoniado ciego y mudo. Jesús lo sanó, de modo que pudo ver y hablar. 23 Con esto, todo el pueblo quedó asombrado y preguntaban: “¿No será éste el Hijo de David?” 24 A lo que respondían los fariseos: “Este echa los demonios por obra de Beelzebú, rey de los demonios.”
25 Jesús sabía lo que estaban pensando y les dijo: “Todo reino dividido en dos bandos está perdido, y toda ciudad o familia dividida se viene abajo. 26 Si fuera Satanás el que echa a Satanás, se haría la guerra a sí mismo; por tanto, ¿cómo podría durar su poder? 27 Y si yo echo los demonios con el poder de Beelzebú, los amigos de ustedes, ¿con qué poder los echan? También ellos deberán rebatir esta calumnia.
28 Pero si yo echo los demonios con el soplo del Espíritu de Dios, comprendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
29 ¿Quién podrá entrar en la casa de un hombre valiente y robarle sus cosas, si primero no lo amarra? Sólo entonces le podrán saquear la casa.
30 El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
31 Por eso yo les digo: Se perdonará a los hombres cualquier pecado y cualquier palabra escandalosa que hayan dicho contra Dios. Pero las calumnias contra el Espíritu Santo no tendrán perdón.
32 El que insulte al Hijo del Hombre podrá ser perdonado; en cambio, el que insulte al Espíritu santo no será perdonado, ni en este mundo, ni en el otro.
33 Si se planta un árbol bueno, su fruto será bueno; si se planta un árbol malo, su fruto será malo, pues el árbol se conoce por sus frutos.
34 Raza de víboras, ¿cómo pueden hablar cosas buenas, siendo malos? Puesto que la boca habla de lo que está lleno el corazón.
35 El hombre bueno saca cosas buenas del tesoro que tiene adentro, y el que es malo, de su fondo malo saca cosas malas.
36 Yo les digo que en el día del Juicio los hombres tendrán que dar cuenta hasta de las palabras ociosas que hayan dicho. 37 Por tus palabras serás declarado justo, y por lo que digas vendrá tu condenación.”

Jesús critica a los de su generación
(Mc 8,11 Lc 11,16)

38 Entonces algunos maestros de la Ley y fariseos le dijeron: “Maestro, queremos que nos hagas un milagro.” 39 Pero él contestó: “Esta raza perversa e infiel pide unmilagro, pero solamente se le dará el signo del profeta Jonás.”
40 Porque, del mismo modo que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así también el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra.
41 En el día del Juicio los habitantes de Nínive se pondrán en pie para acusar a toda esa gente, por cambiaron su conducta con la predicación de Jonás, y aquí hay alguien mucho mejor que Jonás. 42 En el día del Juicio, la reina del Sur se pondrá en pie para acusar a los hombres de hoy, porque ella vino de los confines de la tierra para ver la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien mucho mejor que Salomón.
43 Cuando el espíritu malo ha salido de algún hombre, anda por sitios desiertos, buscando descanso, sin conseguirlo. 44 Entonces se dice: Volveré a mi casa de donde salí. Volviendo a ella la encuentra desocupada, bien barrida y adornada.
45 Entonces va y trae otros siete espíritus peores que él. Entran y se quedan ahí. De tal modo que la condición de este hombre es peor que antes. Así le va a pasar a esta raza perversa.”

46 Estaba todavía hablando con el pueblo, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, quisieron hablar con él. 47 Alguien dijo a Jesús: “Mira, tu madre y tus hermanos están afuera y preguntan por ti.”
48 Pero él respondió; “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” 49 E indicando con la mano a sus discípulos, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.”

13

La comparación del sembrador
(Mc 4,1 Lc 8;,4; 10,23; 13,26)


13 1 En ese día, saliendo Jesús de la casa, fue y se sentó a la orilla del lago.
2 Pero se juntaron alrededor de él tantas personas que prefirió subir a una barca, donde se sentó mientras toda la gente estaba en la orilla. 3 Jesús les habló de muchas cosas mediante comparaciones. Les decía:
“El sembrador ha salido a sembrar; 4 al ir sembrando, unos granos cayeron cerca del camino; vinieron las aves y se los comieron. 5 Otros granos cayeron entre piedras y, como había poca tierra, brotaron pronto. 6 Pero, cuando salió el sol, los quemó y, por falta de raíces, se secaron. 7 Otros granos cayeron entre espinos, crecieron los espinos y los ahogaron. 8 Otros, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron, unos el ciento, otros el sesenta, y los otros el treinta por uno. 9 El que tenga oídos, que entienda.”
10 Los discípulos se le acercaron para preguntarle: “¿Por qué les hablas con parábolas?”

11 Jesús respondió: “Porque a ustedes se les ha permitido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. 12 Porque, al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce, se le quitará aun lo que tiene. 13 Por eso les hablo con parábolas, porque cuando miran no ven, y cuando oyen, no escuchan ni entienden, 14 Y se verifica en ellos lo que escribió el profeta Isaías: Oirán, pero no entenderán, y, por más que miren, no verán.
15 Porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y taponado sus oídos. Con el fin de no ver, ni de oír, ni de comprender con el corazón. No quieren convertirse ni que yo lo salve.
16 Al contrario, dichosos ustedes porque ven y oyen. 17 Yo les aseguro que muchos profetas y muchos santos ansiaron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
18 Escuchen ahora la explicación del sembrador:

19 Cuando uno oye la Palabra del reino, pero no la escucha con atención, viene el Malo y le arranca lo que encuentra sembrado en el corazón; esto es lo sembrado en la orilla del camino.
20 Lo sembrado en tierra pedregosa es la persona que al principio oye la Palabra con gusto, 21 pero no tiene raíces y dura poco. Al sobrevenir las pruebas y la persecución por causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. 22 Lo sembrado entre espinos es la persona que oye la Palabra, pero las preocupaciones materiales y la ceguera propia de la riqueza ahogan la Palabra y no puede producir fruto.
23 Por el contario, lo sembrado en tierra buena es el hombre que oye la Palabra, la medita y produce fruto: el ciento, el sesenta y el treinta por uno.”

El trigo y la hierba mala

24 Les propuso otro ejemplo: “El Reino de los Cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. 25 Pero, cuando todos estaban durmiendo, vino su enemigo y sembró maleza en medio del trigo. 26 Cuando el trigo estaba echando espigas, apareció la maleza. 27 Entonces los trabajadores fueron a decirla al patrón: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tucampo? ¿de dónde, pues, viene otra maleza?
28 Respondió el patrón: “Eso es obra de un enemigo.” Los obreros le preguntaron: “¿Quieres que la arranquemos?”
29 No, dijo el patrón, no sea que al arrancar la maleza arranquen también el trigo. 30 Dejen crecer juntos el trigo y la maleza. Cuando llegue el momento de la cosecha, yo diré a los segadores: Corten primero la maleza y en atados échenla al fuego, y después guarden el trigo en las bodegas.”


El grano de mostaza
(Mc 4,30 Lc 13,18)

31 Jesús les propuso otro ejemplo: “El Reino de los Cielos es semejante al grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
32 Este grano es muy pequeño, pero, cuando crece, es la más grande de las plantas del huerto y llega a hacerse arbusto, de modo que las aves del cielo se posan en sus ramas.”
33 Y añadió esta parábola: “El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que toma una mujer y la mezcla con tres medida de harina, hasta que todo fermenta.”

34 Todo esto, lo dijo Jesús al pueblo en parábolas, y no les hablaba sino en parábolas. 35 Así se cumplía lo que dijo el Profeta: Hablaré con parábolas; daré a conocer cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.

36 Jesús entonces despidió a sus oyentes y se fue a casa, rodeado de sus discípulos. Estos le dijeron: “Explícanos la parábola de la maleza sembrada en el campo.
37 Jesús les dijo: “El que siembra la semilla buena es el Hijo del Hombre. 38 El campo es el mundo. La buena semilla son los que pertenecen al reino. La mala hierba es la gente del demonio. 39 El enemigo que la siembra es el diablo. La cosecha es el fin del mundo. Los segadores son los ángeles.
40 Así como se recoge la maleza y se quema, así será al fin del mundo.

41 El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles para que quiten de su Reino todos los escándalos y saquen a los malvados. 42 Y los arrojarán en el horno ardiente. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. 43 Al mismo tiempo, los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda.

El tesoro, la perla, la red

44 El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre lo vuelve a esconder y, de tanta alegría, vende todo lo que tiene para comparar ese campo.

45 El Reino de los Cielos es semejante a un comerciante que busca perlas finas. 46 Si llega a sus manos una perla de gran valor, vende cuanto tiene, y la compra.
47 El Reino de los Cielos es semejante a una red que se echa al mar y recoge peces de todas clases. 48 Cuando se llena, los pescadores la sacan a la orilla. Ahí se sientan, escogen los peces buenos y los echan en canastos, y tiran lo que no se pueden comer. 49 Así pasará al fin del mundo; vendrán los ángeles y separarán a los malos de los buenos 50 y los arrojarán al horno ardiente, donde habrá llanto y desesperación.”
51 Preguntó Jesús: “¿Entendieron bien todas estas cosas?” Ellos le respondieron: “Sí.” 52 Entonces, Jesús añadió: “Todo maestro de la Ley que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos se parece a un padre de familia que, de sus reservas, va sacando cosas nuevas y cosas antiguas.”

53 Una vez que terminó, estos ejemplos, se fue de allí. 54 Y, al pasar por su tierra de Nazaret, se puso a enseñar en una sinagoga, de tal manera que la gente, maravillada, se preguntaba: “¿De dónde le ha llegado tanta sabiduría y ese poder de hacer milagros? 55 No es el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? 56 Y sus hermanas, ¿no están todas viviendo entre nosotros? ¿De dónde, pues, le viene todo esto?” No creían en él, todo lo contrario.
57 Pero Jesús les dijo: “A un profeta sólo lo desprecian en su tierra y en su familia.”
58 Y como no creían en él, hizo allí pocos milagros.

sábado, 22 de mayo de 2010

14

Cómo mataron a Juan Bautista
(Mc 6,4 Lc 9,7)


14 1 Por aquel tiempo, el rey Herodes tuvo noticias de la fama de Jesús. 2 Y dijo a a sus allegados: “Es Juan Bautista. Juan ha resucitado de entre los muertos y por eso los poderes milagrosos actúan en él.” 3 Hay que decir que Herodes había hecho detener a Juan y, cargado de cadenas, lo había metido en la cárcel. Pues Herodes había tomado como mujer a Herodías, la esposa de su hermano Filipo, 4 y Juan le decía: “No puedes tenerla como esposa.” 5 Herodes hubiera querido matarlo, pero no se atrevía por temor al pueblo, que lo consideraba un profeta.
6 Pero llegó el cumpleaños de Herodes. La hija de Herodías salió a bailar en medio de los invitados, y le gustó tanto a Herodes, 7 que le prometió bajo juramento darle todo lo que le pidiera. 8 La joven, siguiendo el consejo de su madre, le dijo: “Dame aquí en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.”
9 El rey, que se había comprometido bajo juramento en presencia de los invitados, ordenó entregársela, aunque muy a pesar suyo. 10 Y mandó cortar la cabeza de Juan en la cárcel. 11 En seguida trajeron su cabeza en una bandeja, se la entregaron a la muchacha, y ésta se la llevó a su madre.
12 Después vinieron los discípulos de Juan, llevaron su cuerpo a enterrar y fueron a dar la noticia a Jesús.


Primera multiplicación del pan
(Mc 6,32 Jn 6)

13 Entonces Jesús se alejó de allí en barca a un lugar despoblado para estar solo. Pero la gente, en cuanto lo supo, lo siguió por tierra, desde sus pueblos. 14 Jesús al desembarcar y ver a tanta gente reunida, tuvo compasión y sanó a los enfermos.
15 Al caer la tarde, sus discípulos se le acercaron para decirle: “Estamos en un lugar despoblado, y se hace tarde; despide a esta gente para que se vaya a las aldeas y se compre algo que comer.”
16 Pero Jesús les contestó: “No tienen necesidad de irse: denles ustedes de comer.” 17 Ellos respondieron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados.” 18 Jesús les dijo: “Tráiganlos para acá.”
19 Entonces, manda sentarse a todos en la hierba. Toma los cinco panes y los dos pescados, levanta los ojos al cielo, pronuncia la bendición, parte los panes y los entrega a los discípulos para que se los repartan a la gente. 20 Y todos comieron hasta saciarse.
Se recogieron doce canatos llenos de los pedazos que sobraron. 21 Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres ni los niños.


Jesús anda sobre las aguas del lago
(Mc 6,45 Jn 6,16)

22 Inmediatamente después, Jesús obligó a sus discípulos a que se embarcaran y fueran a esperarlo al otro lado, mientras él despedía a la muchedumbre.
23 Una vez que los despidió, subió solo a un cerro a orar. Al caer la noche, estaba allí solo. 24 Entre tanto, la barca estaba ya muy lejos de tierra, sacudida fuertemente por las olas, porque soplaba viento en contra.
25 De madrugada, fue Jesús hacia ellos caminando sobre el mar. 26 Al verlo caminar sobre el mar, se asustaron y exclamaron: “¡Es un fantasma!” Y llenos de miedo comenzaron a gritar. 27 Jesús les dijo al instante: “Animo, no teman, soy yo.” 28 Pedro contestó: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre las aguas.” 29 Jesús le dijo: “Ven.” Pedro bajó de la barca, y caminaba sobre las aguas para llegar a Jesús. 30 Pero, al fijarse en la violencia del viento, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entones gritó: “¡Sálvame, Señor!” 31 Al instante Jesús extendió la mano, diciendo: “Hombre de poca fe, ¿por qué vacilaste?”
32 Cuando subieron a la barca, cesó el viento; 33 y los que estaban en la barca se postraron delante de él, diciendo: “¡Verdaderamente, tú eres Hijo de Dios!” 34 Una vez terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret. 35 Al reconocerlo, la gente del lugar divulgó la noticia por toda la región. 36 Le trajeron todos los enfermos, rogándole que los dejara tocar solamente el fleco de su capa. Todos los que lo tocaron quedaron totalmente sanos.